«Vuelvo por orgullo, tengo la ilusión que perdí»

Nany Suárez posa tras un entrenamiento en el Mampo Gym./FERNANDO GÓMEZ
Nany Suárez posa tras un entrenamiento en el Mampo Gym. / FERNANDO GÓMEZ

Joana 'Nany' Suárez, pareja de Kerman Lejarraga, retoma su carrera profesional apoyada por su hija de diez años. «No fue voluntad mía dejarlo»

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Avilesina del barrio de Versalles, uno de los nuevos focos multiculturales de la villa asturiana. Tiene 28 años y unos ojos que devoran su entorno. Acaba de completar una sesión de entrenamiento en el Mampo Gym y se va «pitando a por mi niña». Su hija, de diez años, le ha sellado uno de los salvoconductos para regresar al boxeo de pago en el que se internó hace más de dos años con dos victorias en otros tantos combates. Antes ya había sido dos veces campeona de España amateur (2013) y contaba con un currículo de 21 victorias y cuatro derrotas como aficionada, incluyendo un bronce internacional en el torneo luso de Odivelas. Joana 'Nany' Suárez es la pareja de KermanLejarraga, aunque eso no importe más allá de la anécdota para valorarla como boxeadora. Mañana peleará en el combate de semifondo de la velada del Peru Zaballa (Castro)

Un regreso en toda regla.

– Sí, han sido dos años y medio. Vuelvo con ganas y sufriendo, porque ya no me acordaba de lo que era dar el peso y estas cosas.

¿Por qué vuelve, o por qué lo dejó?

– Vuelvo por orgullo. Por una serie de problemas no pude boxear. No fue voluntad mía dejarlo. Ahora que estoy bien, asentada en Bilbao, tranquila con mi familia, mi marido, creo que es el momento y puedo hacer grandes cosas.

Casi treinta peleas como aficionada, dos veces campeona de España, alguna medalla internacional en Portugal, dos combates como profesional ganados. El boxeo la echaba en falta.

– Desde fuera se veía todo más bonito, dar ese gran salto al boxeo profesional que es la meta a la que todo el mundo quiere llegar. Cuando entré vi que no era todo como se veía desde fuera. Perdí un poco las ganas, hubo una serie de malentendidos, me vine aquí a Bilbao y ahora vuelvo con ilusión. Vuelvo a tener la ilusión que perdí. Así que sólo espero dar el sábado un gran espectáculo.

¿Ha tenido mucho que ver que en casa Kerman le haya animado?

– Quería volver, por ese tema de orgullo que te decía. Pero Kerman me ha ayudado muchísimo, la niña que tengo también pone mucho de su parte para que yo pueda entrenar, mis entrenadores Txutxi y Eder me dan todas las facilidades del mundo. Ahora sí es cierto que ya no tenía excusas para librar me de entrenar.

Tiene 28 años, una hija de 10, es boxeadora y todo en su entorno es natural. Desde fuera, choca.

– Hay que tomarlo todo con naturalidad. Mi hermano también era boxeador y la niña lo lleva bien todo desde pequeña. No le hace mucha gracia el tema de practicarlo porque a ella le gusta el fútbol. Pero lo que te decía, es algo que nos sale natural. Estoy corriendo en la cinta y ella está sentada debajo. Estoy haciendo saco y ella le está pegando al otro saco. Tiene diez años, pero si no pusiera de su parte tampoco podría tenerla en el gimnasio metida.

Le he visto en el vestuario, con una ceja de Kerman abierta o viendo caras marcadas...

– Y se ríe, le hace gracia. Te dice, 'jo cómo te han dejado eso, mira no te da vergüenza', pero tan normal.

¿Se toma este combate y este regreso como una prueba o tiene claro que habrá continuidad?

– El pensamiento es volver y poder conseguir un cinturón. Me queda la cosa de que quiero un cinturón, no quiero medallas, quiero cinturón. Veremos lo que se puede hacer. Ahora están saliendo más chicas, está subiendo el nivel y es lo bonito, tener con quién pelear.

El espejo de Pastrana

Y hay motores, como el de Joana Pastrana, campeona de Europa y aspirante al Mundial.

– Ella es la que está ahí arriba y todas decimos que queremos pelear con ella porque ella es la campeona. Es un referente y para llegar a ella tienes que pelearte con las mejores y ella lo es.

A nivel local tenemos a Violeta González, lista para un campeonato de España. Están haciendo mucho ruido en un deporte tildado de machista.

– Machista, a ver... sí pero no. Se suele decir que no se hace ningún feo ni distinción, que se organizan peleas de mujeres. Bueno, creo que eso de podía adornar de otra manera, no hace falta dejarlo como un 'mira, las mujeres también'. Ha sido un deporte de hombres porque al final somos minoría. Lo que hay que intentar es seguir creciendo y hacernos un hueco, como en todo en la vida.

¿Qué espera que suceda el sábado en Castro?

– Me veo muy bien. Nunca había entrenado así. La verdad es que no soy constante. Siempre tengo algo que hacer, excusas. Esta vez no he fallado un día, me he preparado muy bien y tengo ganas. Allí tendré nervios, supongo, pero ahora mismo no. Tengo unas ganas increíbles.

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