Golf

«A veces quiero ser demasiado perfeccionista», dice Rahm

Rahm va segundo en el CarrerBuilder. / EFE

Jon Rahm no le teme al Stadium Course al que hoy se enfrenta camino de recuperar el liderato en el CareerBuilder

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Menos 10 y menos 5. Una secuencia que Jon Rahm da por buena, pese a que a la conclusión de la segunda ronda del CareerBuilder sentía que se había dejado un buen número de hoyos sin conquistar.

El campo (Nicklaus Tournament) se dejaba hacer y el de Barrika mantuvo su gran tónica de juego entre tee y green, pero acumuló demasiados dobles putts que relativizaron su notable actuación. De entrada, resultaba complicado ponerse en marcha tras el subidón de la tarjeta de 62 golpes de la víspera.

Aunque amarró dos birdies como aperitivo, la bola no acababa de restar esos tres o cuatro metros en el green que convierten el putt de complicado a asequible. Así se explica también la gráfica del arranque, con una secuencia de birdie-birdie-bogey-birdie-bogey-birdie. «Tuve un comienzo mucho mejor de lo que esperaba, estaba pateando bien y un par de malos swings me costaron bogeys».

«Golf aburrido»

Tras un tramo que define como «golf aburrido», por los seis pares seguidos que firmó a continuación, sintió que en el hoyo 6 recuperaba todo su instinto. «Fue como un clic. Pegué un gran drive y comencé a jugar muy bien. Supe lo que estaba haciendo mal y me siguieron cuatro hoyos perfectos donde podría haber hecho cuatro birdies, pero hice dos, así que fue un gran final».

En el balance del día, la autoexigencia del de Barrika surge como tema de conversación. «Es golf. Cuando no entran los putts lejanos por poco significa que estás golpeando bien . A veces quiero ser demasiado perfeccionista. Pero en cuanto me liberé un poco comencé a pegar mejores putts».

La tercera jornada del CareerBuilder, en el que marcha segundo en solitario a un golpe de Andrew Landry enfrenta a Jon Rahm con el recorrido más temible del torneo. El Stadium Course fue diez años atrás definido como el cuarto campo más difícil de Estados Unidos y su fama no se ha apagado.

Pese a ello, el vizcaíno no le teme. «Es una obra de Pete Dye, que también diseñó Karsten (el campo de Arizona State), donde jugué cuatro años de mi vida. Son recorridos en los que tienes que ser muy preciso desde el tee porque coger calle es fundamental. En los greens pequeños entra en juego el agua. Acabar cinco o seis bajo el par sería un gran resultado».

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