Urtain, la leyenda aún perdura

José Manuel Ibar, Urtain, golpea el punching ball durante un entrenamiento cuando estaba en activo.
José Manuel Ibar, Urtain, golpea el punching ball durante un entrenamiento cuando estaba en activo. / EFE
25 años sin Urtain

Han pasado cinco lustros desde el fallecimiento en Madrid del 'morrosko' de Zestoa, doble campeón de Europa de los pesos pesados

ENRIQUE ECHAVARREN

José Manuel Ibar Azpiazu, Urtain, continúa vivo en la memoria de todos los aficionados al boxeo. El pasado jueves se cumplieron cinco lustros de su fallecimiento en Madrid, en trágicas circunstancias, pero sus hazañas están escritas con letras de oro en los anales del noble arte de las doce cuerdas. El 'morrosko' de Zestoa nació en el barrio de Arrona el 14 de mayo de 1943. Miembro de una familia muy numerosa -tenía nueve hermanos-, estudió interno en los Jesuitas de Tudela. Dejó los libros con 11 años -se escapó del internado- para volver al caserío paterno, pero no se quedó con los brazos cruzados. Trabajó en una fragua y también como albañil.

Al alcanzar la mayoría de edad comenzó a practicar varias modalidades de herri kirolak. Tenía antecedentes familiares ya que su padre, José, destacó como harrijasotzaile en Gipuzkoa y su hermano Cándido fue puntista profesional en el Jai Alai de Dania (Florida). Alternó la aizkora con la harria y las idi probak. Llegó a levantar la piedra de 250 kilogramos y batió varios récords -cobraba 7.000 pesetas por exhibición-. Entre ellos figura las 192 alzadas que dio a la piedra de 100 kilos. Sus gestas le proporcionaron un gran reconocimiento dentro del herri kirolak, pero tuvo que parar su carrera para cumplir la mili en Ceuta.

De regreso a casa siguió realizando exhibiciones como harrijasotzaile hasta que José Lizarazu, propietario del hotel Orly de Donostia -instaló un gimnasio para que pudiera entrenarse-, junto al empresario Aurelio Sabadell, le propusieron ponerse los guantes.

Golpeando en un combate al boxeador italiano Dante Cani. / DV y AGENCIAS

Su primer combate tuvo lugar el 24 de julio de 1968 en Ordizia. Su rival, el cántabro Johny Rodri, sólo se mantuvo en pie 17 segundos antes de visitar la habitación del sueño. Allí mismo, en el campo de fútbol de Altamira -acudieron 15.000 personas y otras 2.000 se quedaron en la calle-, comenzó a fraguarse su carrera de la mano de Miguel Almazor, su primer preparador. Urtain sumó 27 victorias consecutivas antes de tiempo en poco más de año y medio. Sus partidarios eran legión. Era imposible pasear con él por la calle, la gente le paraba, le abrazaba, le pedían autógrafos. Pero también tenía detractores que escribieron ríos de tinta sobre la escasa entidad de sus rivales. Aún así, se convirtió en un icono mediático. Tenía mucho carisma.

Campeón de Europa

El momento más importante de su meteórica carrera llegó el 3 de abril de 1970, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Allí derrotó al alemán Peter Weiland por K.O. en el séptimo asalto y se coronó campeón de Europa de los pesos pesados. No le duró mucho ya que perdió el título el 10 de noviembre en Wembley ante el británico Henry Cooper, un boxeador que se había enfrentado a Cassius Clay, en el noveno asalto.

Recuperó el título al vencer al también británico Jack Bodell y volvió a cederlo en Madrid, en 1972, frente al alemán Jurgen Blin. Su tercer intento por reconquistar el de campeón tuvo lugar en Amberes, frente al belga Jean Pierre Coopman, y acabó con el abandono del púgil guipuzcoano. Fue el comienzo de su declive. Ese fue su último combate como profesional, aunque durante un tiempo siguió subiéndose a los cuadriláteros en veladas de lucha libre.

A lo largo de su carrera como boxeador, que se alargó hasta 1977, disputó un total de 68 combates, con un balance de 53 victorias, 41 de ellas por K.O., once derrotas y cuatro nulos. En su palmarés figuran tres campeonatos de España y dos de Europa.

Después de retirarse trabajó como relaciones públicas en el restaurante de su hermano Eusebio y dispuso de varios negocios, pero acabó perdiéndolos todos. Acosado por las deudas, se suicidó el 21 de julio de 1992 en Madrid con 49 años, a la misma edad que su padre, José. «Ganó mucho dinero, pero lo malgastó todo», dicen quienes le conocieron de cerca.

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