«En la última ciaboga teníamos claro que con tanta agua en el bote no llegábamos a meta»

La lancha de la Ertzaintza y la trainerilla de Zierbena rescatan a los remeros de Bermeo. / E. C.

Los remeros de la trainerilla juvenil de Bermeo que se hundió el sábado en Lekeitio quieren pasar página y pensar en la competición

JULEN ENSUNZA

El remo es un deporte tan espectacular como peligroso en ocasiones. Los bogadores de la trainerilla juvenil de Bermeo pueden dar fe de ello. El sábado, en la que debía ser la penúltima cita de la Liga provincial, se fueron al fondo a falta de poco más de doscientos metros para llegar a meta tras embarcar gran cantidad de agua. Sus rivales no pudieron con ellos -comandaron gran parte de la regata por la calle uno-, pero el embravecido mar, una vez más, doblegó al hombre.

Por suerte, todo quedó en un susto. La rápida actuación de los servicios de emergencia, así como de sus compañeros de la trainerilla de Zierbena que venían por detrás, permitió sacarles del agua con celeridad sin que se produjeran heridos. «Salvo algún que otro golpe nadie tiene nada», apuntó Mikel Pérez, uno de los integrantes del plantel 'txo' junto a los también bermeotarras Julen Zubiaga e Iker Portugués y los santurtziarras Alejandro Sanz, Endika Vicente, Eder Rubio y el patrón Eneko González.

Interminable tramo final

Pese a las magulladuras sufridas, el domingo por la mañana y ayer volvieron a entrenar con normalidad. Y es que, los entorchados Provincial y Autonómico están a la vuelta de la esquina y no hay tiempo que perder. Se encuentran entre los favoritos. «A la mar hay que tenerle respeto, pero no miedo. Hemos aprendido que, a partir de ahora, hay que llevar alguna botella o cubo cuando se den este tipo de condiciones para achicar el agua», reconoció Pérez.

Dentro del bote el tramo final se hizo interminable. «En la última ciaboga teníamos claro que con tanta agua dentro no llegábamos a meta», explicó. Los 'txos' salieron como un auténtico tiro y en la maniobra inaugural aventajaban en casi medio minuto a su perseguidor. Sin embargo, las trainerillas eran juguetes a merced de las olas. «No había remado nunca en esas condiciones y me apetecía», recalca Peréz pese a lo ocurrido. En los dos largos posteriores, la situación se complicó sobremanera.

«No paraba de entrar agua y llegó un momento que ya no había nada que hacer», apuntó. Superado el susto inicial y, tras visionar los vídeos del suceso que circulan por las redes sociales, al día siguiente llegaron las bromas de los compañeros al patrón por ser uno de los primeros en abandonar el barco y no el último.

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