Un traspié resta brillo a otra buena vuelta de Rahm

Rahm estudia el green del hoyo 11, donde inició su cuenta de birdies en la segunda jornada./Efe
Rahm estudia el green del hoyo 11, donde inició su cuenta de birdies en la segunda jornada. / Efe

Llevaba su tarjeta en -7 cuando el sprint final se le chafó con dos bogeys que nacieron de un putt de par fallado a menos de un metro en el hoyo 6

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Como cuando de pequeños un tropezón acababa con el lustre de un pantalón recién estrenado. Así perdió parte de brillo ayer otra buena vuelta de Jon Rahm en Sawgrass. Caminaba con una tarjeta de -7 en busca de los cuatro últimos hoyos del día cuando un traspié en el 6 (partió desde el tee del 10) le hizo perder temporalmente la verticalidad viendo rebajado su balance con dos bogeys con los que no contaba. La raíz del problema surgió con un putt de menos de un metro que le había quedado tras un intento de birdie desde siete pasos. El tripateo que necesitó le aflojó la tuerca y repitió penalidad en el siguiente, esta vez necesitando usar el putter desde 19 y 6 metros antes de embocar a dos palmos de la diana.

Una lástima porque el puesto decimoctavo que ocupaba provisionalmente, cuando quedaban media docena de partidos por concluir, no hacía justicia a ese compromiso con la estrategia y rigor que lleva exponiendo desde su llegada al The Players. Ayer su trayecto de salida a green no fue tan directo como la víspera. Sí en los primeros nueve hoyos que jugó, en los que cogió cinco calles y seis greens, pero en el tramo siguiente, aunque el balance fue similar lo tuvo que sudar en exceso y la precisión le alejó un tanto de las cazoletas. Aunque por el camino dejó algunas aproximaciones de matrícula y en otras ocasiones jugó con fuego por la proximidad del agua, como al buscar el trapo sin prejuicios en el 18.

Animó el cotarro y a su legión de seguidores por el mundo con dos birdies en los tres primeros hoyos jugados. No le fallaba la vista en la interpretación de los greens y embocaba desde dos metros y medio y dos metros, respectivamente en el 11 y 12. El rango de los cuatro y cinco metros se le resistió en los siguientes y en el 15 se dio un garbeo por las playas. Dos búnquers seguidos que arregló coronando el green y con opción de salvar el par desde cinco metros. Ese rango se le está resistiendo en Florida. Pero ya saben lo que llegó a continuación. Es que no falla. Su interior entra en ebullición silenciosa y se proclama la guerra a sí mismo y al siguiente hoyo. El 16, una perita en dulce para su apetito, ya que se lo ha cobrado en cuatro de las cinco veces que lo ha visitado entre este curso y el pasado. Y pudo ser mejor ya que dispuso de una opción de eagle desde cuatro pasos.

Consumida la primera parte del recorrido, las cosas iban más o menos como el de Barrika pudo interpretar de antemano. Su seis bajo el par le colocaba a sólo cuatro golpes del entonces líder, Hadley. Nadie imaginaba lo que sucedería en el turno de tarde. El momento cumbre del vizcaíno llegó con el -7 que canjeó en el hoyo 4. Lo hizo asumiendo riesgo, con la bandera salpicada por el agua y él decidido a apuntar a su base desde el rough con uno de esos segundos golpes que cuando los ve le siguen provocando excitación. Lástima que llegara ese cordón desatado que le llevó a relativizar sus méritos, aunque le quedó el orgullo herido suficiente para recibir la última recompensa en la ventanilla del 9.

Claro que todo llegó a parecer insignificante con la puesta en escena de Webb Simpson. Graduado en Religión en Wake Forest (la misma universidad por la que pasó el pívot del Bilbao Basket Devin Thomas), encontró la luz, la guía para su camino en una jornada que llevaba camino de antológica. Un eagle y tres birdies en el 'front nine' y seis birdies más seguidos entre el 11 y el 16 antes de recuperar su condición humana visitando el agua en la isla del 17, donde un doble bogey 'limitó' su tarjeta final a -15 (-9 en el día), cinco golpes menos que cualquiera de sus rivales. Sergio García es el mejor español en liza justo por delante de un Jon Rahm que sabe que todo puede cambiar el resto del fin de semana.

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