'Rahmbo' quiere guerra

El jugador vizcaíno llegó al popular Coliseum del hoyo 16 con una cinta en la cabeza en la que figuraba su nombre de guerra, 'Rahmbo'./AFP
El jugador vizcaíno llegó al popular Coliseum del hoyo 16 con una cinta en la cabeza en la que figuraba su nombre de guerra, 'Rahmbo'. / AFP

El de Barrika cierra la primera jornada del Phoenix Open aclamado, a un golpe de los líderes y con la regularidad y paciencia como virtudes en su juego

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Un estadio para 20.000 espectadores encierra un par 3, un hoyo corto. Es como un mundo aparte en el que todo está permitido. Jolgorio, apuestas, alcohol. Jon Rahm, a un golpe del liderato al cierre de la primera jornada, colocó en tan emblemático lugar su primera banderilla en el lomo del TPC Scottsdale. ¿Cómo? Con un birdie que llevó a un ensayo general de histeria colectiva al público. 98 decibelios que se irán mucho más allá de la centena según avance el Phoenix Open. Son los suyos. Tiene su residencia norteamericana a dos millas de distancia. Aquí también se graduó como un Sun Devil, tridente en ristre, marcando su territorio extendiendo los dedos índice, anular y meñique. Juega en casa y es la tercera vez que se presenta en el Stadium. Y hay que darle al público algo, un guiño, una reacción. En el pro-Am del miércoles lució la camiseta del extraordinario receptor de los Cardinals (fútbol americano) Larry Fitgerald. Ayer se lo llevó a su terreno. Una cinta blanca en la frente con una inscripción que en su caso es marca registrada: ‘Rahmbo’. Fue una declaración bélica. Quiere guerra. Y lo demostró cerrando el día en la cuarta plaza, a un golpe del trío de cabeza

Pidió la colaboración del público con más ruido -cree que ese hoyo y otros emblemáticos en el PGA Tour ganarían con un DJ pinchando en directo durante el juego- y soltó un hierrazo que prologó su primer birdie del día. Ya era hora, porque venía enlazando pares en los seis hoyos anteriores, todos con el común denominador de dejar los putts para restarle al campo como máximo a un metro. El juego de tee a green era de manual. Desde la salida al territorio de la bandera parando sólo en las estaciones oficiales, nada de apeaderos. Y fue en el enclave más icónico del Phoenix Open donde la bola voló 142 metros para aterrizar mansamente a tres metros y medio del objetivo. Rahm, se recreó, interactuó, dio al público lo que quería y reclamó además su cuota de protagonismo. No perdió el tiempo en la universidad. La comunicación sin importar el formato y frente a cualquier auditorio es un terreno en el que se le percibe tan a gusto como manejando los palos.

Dejó atrás el bullicio y fue el único instante del día en el que perdió el paso. El segundo golpe del 17 se le fue al agua. Mal asunto refrescar la memoria reciente de los dos chapuzones que tanto daño le hicieron la semana anterior en Torrey Pines. Casi se libra del tirón de orejas del campo. Tras dropar se inventó una sutil, elegante, y efectiva recuperación en cuesta, junto al lago camino de un hoyo que imaginaba más que veía. Tiralíneas, pero la bola se quedó colgando, asomada, tímida para dar la media vuelta que le hubiera hecho que faltaba. Fue uno de esos bogeys agridulces. Nacen de un golpe defectuoso, pero recargan las pilas al culminar con una exquisitez.

Más tacto

La inquietud del bogey le llevó en el 18 a cerrar el largo de ida con una salida a la arena. Era la segunda calle que no coronaba y no le pasó factura alguna. Su juego entraba en los parámetros de la máxima regularidad. 16 putts utilizados a la espera de rebajar la marca, lo que se traduciría en más birdies al atinar en los greens. Sus compañeros de viaje apretaban y ese es otro factor que le estimula. No iba a tardar Schauffele en colocarse líder y Mickelson le iba ganando al campo. Para el vizcaíno, el par no bastaba.

Pero tampoco tenía que cambiar nada en su proceder. Tener más tacto con el putter y, si acaso, favorecerlo llegando más cerca del hoyo con los segundos golpes. Se le quedaron cortos por medio paso y un palmo las primeras opciones de birdie y a la tercera reventó la banca con un eagle desde seis metros que tuvo su continuidad con birdies en el 5 (putt de diez metros) y en el 9, que cerraba su notable actuación ayer.

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