Golf

Rahm sobrevive en el Abierto Británico

El golfista español Jon Rahm golpea la bola durante la segunda ronda del Abierto Británico de Golf. / ANDY RAIN

El de Barrika termina la segunda jornada a ocho golpes de los líderes provisionales, los estadounidenses Jordan Spieth y Brooks Koepka

IÑIGO GURRUCHAGARoyal Birkdale

Jon Rahm no hubiera superado el corte. En el recorrido de este viernes estuvo con cinco golpes sobre el par en el tee del 15 y quedó con +3 en el club tras dos birdies en los últimos cuatro hoyos, pero si le hubiesen sumado los dos golpes de castigo en el incidente del hoyo 17, el jueves, la tarjeta hubiese dejado al golfista de Barrika fuera de The Open en vez de con la idea, tan inscrita en su alma competitiva, de que aún puede ganar el domingo.

Veteranos del circuito europeo del golf recordaban a Mike McLean, un inglés que en julio de 1992 tenía 29 años y motivos para pensar que las cosas mejoraban. Había ganado dos años antes su único torneo del circuito europeo, el Abierto de Portugal; había entrado dos años consecutivos en The Open, aunque en la edición de ese año se fue a casa con el corte. Y el domingo 26 de julio hizo birdie en el 18 de campo de Noordwijk y ganó el Abierto de Holanda.

O eso creía él. El director del torneo, Mike Tate, le mostró imágenes de lo que había hecho en el hoyo 11 y lo llevó en un cochecito de golf hasta el lugar de los hechos. Allí le explicó que las reglas del golf castigan con dos golpes a quien mejore la posición de reposo de la bola «moviendo, doblando o rompiendo cualquier cosa fija o en crecimiento» y que la rama que él había movido formaba parte de un arbusto. De líder a tercero. De 125.000 euros de premio a 40.000.

McLean no ganó ningún torneo más del European Tour y su nombre ha sido olvidado salvo por los que conocen la historia y las reglas. Lee Westwood y su caddie, Billy Foster, veterano exayudante de Severiano Ballesteros, están entre ellos, y avisaron a Rahm de que, al apartar algo que no estaba muerto en una zona de rough en la linde izquierda de la calle del 17, con hierba alta, tomillo de litoral y ramas de zarza, se arriesgaba a que alguien lo hubiera visto y lo denunciase a los jueces, y a que su reputación quedaría dañada.

Había este viernes mosqueo entre árbitros y veteranos sobre la interpretación más generosa de las reglas en estos días- que benefició a Rahm en el Abierto Irlandés y en este torneo- y hubo deleite de los tradicionalistas cuando, en el hoyo 4, Patrick Reed, que iba con Rahm y Westwood, se fue largo del green y la decisión sobre su bola bajo un arbusto, que le impedía trazar su swing- drop sin castigo por caer en un sendero artificial- se tomó tras un largo cónclave, al que fue llamado especialmente la gran autoridad del arbitraje, Andy McFee.

Furia y ambición

¿Le afectó lo ocurrido el jueves en los primeros hoyos de hoy?, preguntó la prensa anglosajona a Rahm al terminar el recorrido. No comenzó bien- bogey. bogey, bogey en los tres primeros hoyos-, porque lleva varios torneos comenzando mal, pero en el 6 ya le seguía el príncipe Andrés. Literalmente. El tercer hijo de la reina Isabel II es un gran aficionado al golf y apareció súbitamente en la calle, acompañando al árbitro del recorrido y con dos escoltas.

En ese hoyo Rahm lanzó un approach alto y se dejó en el green un largo putt para salvar el par. El de Barrika mostró entonces al príncipe las artes tradicionales del 'aizkolari' y arreó unos hierrazos de su wedge al rough más próximo. Fue un itinerario con muchas rabias, de palos tirados contra la bolsa por la insatisfacción del tiro y drivers que se dejan caer tras el golpe. La rabia de Rahm puede ser persistente cuando las cosas no van bien.

Hubo también, entremezclados con la furia, una salida sublime de un búnker en el green del 8, con el pie derecho apoyando en el exterior y el toque más delicado dejando la bola a treinta centímetros del hoyo, y muchos otros golpes de gran calidad; y al final de su recorrido Jon Rahm parecía olvidado de sus frustraciones y se felicitaba por no haber caído ningún doble bogey en una jornada de vientos fuertes e impredecibles. A pesar de tener una contracción que le dificulta el giro y que su fisioterapeuta achaca al cansancio.

'The Daily Telegraph' decía a sus lectores en un artículo sobre lo ocurrido en el hoyo 17 el jueves: «Estén seguros de que, si Rahm asciende en la tabla, este asunto tendrá más notoriedad». Era la comidilla de gente que entraba y salía curiosa del recorrido del vizcaíno, que lamenta que no haya imágenes o más testigos para confirmar que no se cumple la condición para el castigo, intentar mejorar la posición de la bola. Y decía, por supuesto, que necesita un par de buenos días de juego para ganar este torneo.

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