A Rahm le sobra la última jornada

Rahm, en uno de los golpes de la jornada. / REUTERS / Vídeo: José Manuel Cortizas

El vizcaíno acaba con +7 el PGA en un cierre de major con un golpe hacia atrás a una mano que se hace viral

JOSÉ MANUEL CORTIZASEnviado especial Quail Hollow

Cruel deporte el golf. Una semana bajo un castigo divino en forma de calor asfixiante, cuatro días de competición, dos jornadas en las que bordó el juego, aunque en una le sobraron un par de banderas rebeldes, 291 golpes acumulados, y la historia recordará su paso por Quail Hollow por el penúltimo, una filigrana a la que fue sometido por el campo en el 18 cuando la bola se quedó colgando de la pendiente hacia el riachuelo que corta el tramo. A Jon Rahm sólo le valía darle de izquierdas o lo que él hizo, un toque hacia atrás, a una mano, en sentido pendular. De tal guisa avanzó 36 metros hasta el green, con los espectadores atónitos y él entre divertido por la eficacia de la maniobra y consumido por la frustración de otro grande del que se marcha con la sensación de no haber jugado bien. Y no es del todo cierto.

Sobró la última jornada. Se sabía que sería así desde el malvado fin de fiesta que le atrapó el sábado. Aquel -2 con la mejor tarjeta del día, clavado en el Top-10 y con opciones de poner nervioso al resto del séquito hasta la primera plaza. Dice que no piensa en ello. Tiene marcado tras el entrecejo ese deseo desmedido por conquistar un major y este PGA se le había puesto a tiro para rematarlo con los mejores. Lejos de ello, la herencia recibida cuando se despertó de la ensoñación y se topó como había empezado le convirtió ayer en un jugador con el alma anestesiada.

+7
golpes presentó Rahm al final del cuarto major de la temporada.

No se dejó ir, buscó obviamente la reacción, intentar acabar al par o, por qué no, con un dígito en rojo. Pero no desprendía duende, magia, no era el Jon Rahm que te hace sentir que todo puede suceder. Una bola hundida, y un chuletón levantado como antesala de un putt inconcluso prologaron bogeys en el 1 y el 9. El resto, un trayecto correcto, bien encontrando calles y poco o nada acertado con la suerte suprema del putter.

La calidad, riqueza y diversidad de su primer partido le indica que sigue por el buen camino la conclusión

Más de lo mismo en el siguiente bucle. Algún golpe largo, búnquers bien recuperados, putts de birdie que se niegan a visitar la cazoleta y otros dos bogeys en un tripateo en el 12 y en el citado fin de fiesta en el 18, con malabar tremendo y efectista, pero insuficiente para salvar el par. Un balance de +7 que deja al de Barrika frío, malhumorado por su paso por los cuatro grandes, pendiente este apartado de análisis para comprobar si los pasos dados a nivel de calendario y preparación son los correctos. A fin de cuentas es su primer año profesional, nadie nace aprendido, su mentor Tim Mickelson también se ha estrenado en su responsabilidad de montar un equipo a su alrededor. El calibrado es el siguiente paso. Algo natural.

El vizcaíno se centrará ahora en los play-off del circuito americano: serán cuatro torneos EL FUTURO

Grandes caídos

Jon Rahm ha bajado su grado de excitación, tanto en el campo como ante los micrófonos. Parecía un requisito necesario, pero no se ha traducido en sus tarjetas en los grandes, aunque nunca viene mal atemperar un plato que sale ardiendo de los fogones. Combatir con argumentos, que los hay, que el puesto cincuenta y tantos con el que cerró su primer PGA -la actividad aún no había acabado al cierre de esta edición- no refleja en absoluto la calidad de su juego es hasta innecesario. No ha sido su peor major concluso, aunque sí sea el de clasificación más retrasada. En dígitos rojos camino del cierre de la tercera jornada del Masters. Lo mismo aquí esta semana.

La calidad, riqueza y diversidad de su primer partido en Quail Hollow es el argumento que debe indicarle que sigue por el buen camino, aunque nunca le baste y quiera más y mejor, rozar la perfección. Y el que quiera rasgarse las vestiduras que haga una lista con los McIlroy, Spieth y compañía, candidatos a comerse el mundo que claudicaron ante el campo, o el número 1 del mundo, Dustin Johnson, que aceptó las tablas. Otros, como García o el ganador en título, Jimmi Walker, ni siquiera pasaron el corte.

Visiblemente cansado, Rahm se quedará unos días por Charlotte ya que debe trabajar con Adidas en varias sesiones fotográficas para sus campañas comerciales. Después su atención tendrá exclusividad en los play-off del circuito americano, cuatro torneos programados para el 24-27 de agosto (The Northern Trust, Nueva York), 1-4 de septiembre (Dell Technologies Chamionship, Boston), 14 al 17 de septiembre (BMW Championship, Lake Forest) y 21-24 de septiembre (Tour Championship, Atlanta) en los que se decidirá quién gana el calendario de la PGA y se lleva el premio individual más elevado en la historia del deporte: 10 millones de dólares. El vizcaíno es quinto en la FedEx Cup que engloba esta competición y accederá a este cuarteto de torneos entre los favoritos al triunfo.

También se lleva el de Barrika de Charlotte la certeza de que su tirón crece, lo que amplía su mercado. Ovaciones y gritos de «¡C'mon Jon!» y alusiones a «Rahmbo» formaron parte de la banda sonora que le siguió, en la que el ruido del motor de un dirigible de Good Year que portaba las cámaras cenitales además de muy peliculero y americano supuso un incordio constante. No dejaba de seguir sus constantes cambios de posición en el aire Adam Hayes, el caddie del vizcaíno que cuando tiene el dedo en el gatillo se encarga de recordar y exigir al público un ejercicio de inmovilidad para que nada distraiga al jugador. Lástima que la potencia de la mirada que cargaba con rayos láser no llegara tan arriba.

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