Rahm sigue de caza en Scottsdale

Rahm le pide explicaciones a la bola en el green del hoyo 2 al no tomar la caída figurada; los birdies y el show llegarían después./Reuters
Rahm le pide explicaciones a la bola en el green del hoyo 2 al no tomar la caída figurada; los birdies y el show llegarían después. / Reuters

Acaba a un golpe de Fowler y parte hoy en el partido estelar con el Phoenix Open en su punto de mira

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Viene como la cabina de un trailer con barra libre en un circuito. Despreciando los frenos, salvo en caso de extrema necesidad. Como rezan las pegatinas de los amantes del olor a gasolina, aceite y neumático reventado, ‘a fondo y con fe’. Sin retrovisores. Sólo la vista clavada en cada hoyo, citándoles, hablándoles, dejándoles claro que va a por ellos. Jon Rahm se lo pasó en grande en la tercera ronda del Phoenix Open. Motivos tenía. Su tarjeta engordaba sin cesar camino de los líderes, entre los que se mantuvo hasta que un birdie en el 18 permitió a Fowler asumir el rol en solitario por un golpe. Segunda mejor tarjeta del día y -13 para el de Barrika, que arrancará junto al poleman en la carrera definitiva.

Siguió su parlamento girando en torno al riesgo y recompensa, a asumir un buen grado de incertidumbre para así, de atinar, poder ir ganando al campo bandera a bandera. La comparativa con sus dos rondas previas otorgaban una gráfica siamesa, muy cercana. Una buena noticia porque el diagnóstico definía a un Rahm decidido a perseguir el sueño de ganar en casa, donde cada vez se siente más ídolo. Con motivos. Repitió terna con Mickelson y Schauffele y eso le permitió quitarse un peso de encima. Se amolda a cualquier rival, pero compartir jornada con quien lo viene haciendo y a los que le une una relación especial y enriquecedora... para qué cambiarlo, aunque no sea decisión suya sino de la clasificación del día anterior.

El trío se puso de acuerdo para firmar al unísono el primer birdie. En el 3. El hoyo asediado por tres bolas. Conquistado. Había dejado escapar vivo el de Barrika el primero con un putt de metro y medio. Pero tiene más claro que nunca que no hay que mirar atrás. Como el viernes, no tenía dificultad para personarse en los greens sin demora de golpes. Iba acercándose cada vez más a las coordenadas. Prueba-error. Y otra vez próximo, a un metro, a medio, a dos palmos. No entró en su habitual vivero del 5. Lo cambió por el 7. Cada vez más a gusto, al menos aquí en Scottsdale, en los pares 3. Hierrazo y putt de cuatro metros. Versionando al llorado Montes, ‘la vida es maravillosa’. ¡Qué fácil parece, sin serlo, el juego en sus manos!

Exquisita caligrafía

Había mucho vaivén en los marcadores, apariciones y deserciones por mor del acierto, que sabe mucho de rachas. Tan seguro era su paso que el único renglón torcido en una página de exquisita caligrafía se le escurrió en el 10. Nacía el ‘back nine’ con una ración de búnquer-rough que le hizo tropezar. Fue uno de esos amagos de traspié que se quedan en la coreografía sin acabar en caída. Es más, suelen conducir a asegurar mejor los andares.

EL DATO

42
El dorsal de Tillman en la camiseta de Arizona State que volvió a lucir Rahm en el 16 en honor del 'Sun Devil' caído en Irak.
Ayer, 218.000 espectadores
La previsión oficial apunta a que se cerrará hoy el torneo con un total de 698.000 aficionados

Es un maravilloso tópico. Estadísticamente es una barbaridad el porcentaje de veces que a un fallo le grapa seguido un acierto. La secuencia bogey-birdie forma parte de su estándar. Recuperó el -9 en el 11 y marcó el instante como punto de partida hacia su propulsión definitiva. Irritados sus seguidores porque el realizador de la televisión norteamericana convertía al vizcaíno en el jugador invisible -su primer pinchazo fue en el green del 15-, la web del PGA Tour echaba humo en busca de cada golpe, de cómo había quedado la bola. Visitó de nuevo la arena en el 13 y no le frenó para birlarle otra muesca al TPC. Se acercaba la zona roja y Rahm iba bien protegido por una tarjeta suculenta, ya en dobles dígitos. Había que volver a lidiar con el 15 y 17, frescos en el recuerdo los chapuzones de la víspera, y adentrarse en el circo del 16. Para qué elegir. Birdie a los tres y colíder provisional.

Sólo quedaba no estropearlo. Mejorarlo casi era imposible. Pero en el 18 se le escapó del control el único drive del día. Muy a la derecha, a la zona más frondosa del rough. Con el segundo no alcanzó green y en el tercero apuntó a trapo y se pasó de frenada un par de metros. Pero lo corrigió asegurando el par. Tarjeta de 65, -6 en el día. DeChambeau tuvo en su mano hacerle un interior. Pero una corbata en el 16 y una bola remojada en el 17 dejaron vía libre a Fowler para que les adelantara en el sprint. Trece cazadores en dos golpes. Y alguno más furtivo se apuntará. Es la guerra.

Justin Thomas, del cielo al infierno

El golf se cebó ayer con Justin Thomas, aunque nada hubiera sido posible sin la colaboración directa del campeón en título de la FedEx Cup. Estrenó su tercer recorrido al TPC con un birdie. Un putt de algo menos de cuatro metros. Nada anormal. Repitió en el 2. Vaya, parece bien despierto. Otro más en el 3, que pudo ser un eagle. Se encendieron las alarmas y el resto del juego pareció secundario. Así hasta completar una tacada de seis birdies consecutivos que le situaron como colíder junto a Woodland y Berger (-11). No es que se pueda despreciar a un rival, pero no entraba en los planes un despegue tan brutal en pos de la candidatura al triunfo.

En el 7 le cayó un bogey, que tampoco extrañó. De alguna manera tenía que atemperarse su juego. Recuperado el ritmo cardíaco firmó tres pares antes de repetir bogey en el 11 que recuperó con otro birdie en el 13. Y de repente, la hecatombe.

Nuevo golpe perdido en el 14 que esperaba recuperar en la siguiente bandera que culminaba el último par 5. Y se metió en tal laberinto que dio tumbos en busca de la salida hasta gastar ocho golpes, un triple bogey. Quedó tan conmocionado que ante la presión del Stadium en el 16 fabricó otro doble bogey que incluyó un error al emocar una bola dada. +6 en tres hoyos. De ‘on fire’ a quemado.

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