Jon Rahm regresa del lado oscuro

Jon Rahm mira atónito a la bola tras el tercero de los cuatro putss que necesitó para cerrar el primer hoyo con doble bogey./pga
Jon Rahm mira atónito a la bola tras el tercero de los cuatro putss que necesitó para cerrar el primer hoyo con doble bogey. / pga

Otro doble bogey a las primeras de cambio le narcotiza hasta que asea su actuación con una escabechina al campo fruto de cinco birdies en los últimos siete hoyos

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

La esencia de Jon Rahm quedó esparcida por el ‘back nine’ de Chapultepec. El largo de vuelta de la tercera jornada del Mundial de México puso en valor el golf del jugador vizcaíno. Había caído en las fauces del recorrido a las primeras de cambio. Una cornada en el hoyo inicial. No había sonado el despertador y le pilló el toro. Doble bogey que le narcotizó hasta el ecuador del día en el que se presentó cediendo tres golpes al par del campo. Lo que vino después tiene todo que ver con ‘Rahmbo’. Valentía, riesgo y recompensa. Cinco birdies en las siete banderas finales para asearlo. -5 en el balance general, vigésimo primero a ocho golpes del indio Sharma. Ni tan mal para los derroteros por los que se desvió el vizcaíno.

Este morrosko tiene poderes, además de un torrente de talento. Uno de ellos es sanar, restañar sus heridas más profundas sin rastro de cicatrices. Donde otros caen presa de sus miedos al atravesar al lado oscuro él porfía en busca de una salida y la mayoría de veces sobrevive. Fue como un castigo divino el accidente del hoyo 1, un descarrilamiento que no falta en el currículo de los mejores golfistas y por ello se hace más extraño aún. Pateaba para birdie desde el fringe (el collar menos frondoso del green). Cuatro metros le separaban de la que visualizaba como primera captura del día. Cazador cazado. La bola pasó de largo un metro. No una sino hasta tres veces antes de embocar con el cuarto putt. Se quedó helado, no entendiéndolo. Ni él ni nadie.

Sin dar aún crédito, pese a que el -2 en su tarjeta estaba ya anotado, Rahm recurrió a esa reserva de ambición que nunca le falta y le modela como el ya campeón que es. Los integrantes del partido que iban por delante estaban concluyendo el negociado del hoyo 2 y el caddie de Fitzpatrick colocaba la bandera cuando la bola propulsada por Rahm entró en el encuadre. 350 metros entre el tee de salida y el lugar en el que se detuvo, ya en el green del par 4. Dispuso de un putt de eagle desde siete metros y acabó restando un golpe en su ábaco. Le costó, no obstante, dar continuidad a su repertorio y tampoco le animó a ello la actuación de sus compañeros de viaje, aunque uno de ellos, Fisher, deleitara al respetable con un ‘ace’ en el 3, embocando con el único golpe que dio .

No restaba, pero tampoco sumaba. Y, como la víspera, autentificaba episodios únicos. Salvó los muebles en el 6 pese a remojar la bola y dropar. Y rozó encarnar el número ya que desde la zona de dropaje remitió un approach de 74 metros que llegó hasta medio paso de la diana. Son de esos momentos en los que uno debe sentirse el rey del mambo. Pero el campo también juega. Cambiante por efecto del calor y su incidencia sobre todo en los greens. Y el ansia por atajar lleva al jugador al límite.

El botón rojo

A veces incluye una mala experiencia con la bola clavada en la arena y nula fortuna en la resolución. Por dos centímetros volvió a sentir el escozor del bogey en el 8 y repitió banderilla de castigo en el 10, tras facturar la salida hasta la trastienda del campo.

Había tocado fondo porque cedía un +3 en el día y ni le parecía justo ni digerible. La pregunta tiene fácil respuesta. ¿Qué hace Rahm cuando peor pinta tiene la jornada? Activa el botón rojo de su panel mental de mandos, el de la ultra propulsión. Es entonces cuando menos especula, si alguna vez lo hace. Le perdonó a Chapultepec la undécima bandera sin atinar a un metro y colocó sus palos en modo ráfaga. Los birdies caían en cadena. Una tacada ya conocida de tres seguidos (12, 13 y 14). Estaba tan desaforado, gustándose por fin tanto, que se le fue la mano en el siguiente y volvió a darse un paseo por el terreno inhóspito que no aparece en los planos. Un bogey que tragó sin que rascara en el gaznate. Porque volvió a colorear por partida doble su tarjeta en el 16 y 18 para cerrar el día con un aseado -1 (-5 total), y una secuencia de cinco birdies en las siete banderas finales.

La lucha por el liderato fue apasionante. Sharma parecía haber puesto tierra de por medio con cuatro golpes de ventaja, pero Pat Pérez reaccionó antes de volver a descolgarse con un chapuzón en el 17. Estelares Sergio García y Cabrera-Bello, cerrando en segunda posición a dos golpes del indio en un día en el que algunos de los tiburones del certamen mostraron sus credenciales, como Justin Thomas (-9 en la jornada), Dustin Johnson, Mickelson y Hatton.

J, que se traducen en otros tantos miles de dólares para la causa de las víctimas de los terremotos.

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