Rahm: «Es algo para lo que no estaba preparado»

Rahm, cabizbajo durante la última y tortuosa jornada delFarmers Insurance. APF
EL CORREO CON JON RAHM EN SAN DIEGO

El golfista vizcaíno, tras su puesto 29 en el Farmers, viaja a Phoenix más familiarizado con lo que se mueve en torno a la opción de ser número uno del mundo

JOSÉ MANUEL CORTIZASEnviado especial San Diego

Semana de contrastes en Torrey Pines. Dos jornadas en las que hizo gala de su cotización entre los favoritos y las dos posteriores rematadas con la incomprensión, con las manos y la gorra tapando la cara, el gesto torcido como prólogo de la mirada clavada en el suelo. Demonios desfilando por dentro maldiciendo lo que más duele, fallar en el momento en el que se juegan las victorias. Jon Rahm reconoce la dureza de lo vivido hasta que abdicó el domingo del trono californiano. «No me acuerdo del último fin de semana en el que hice más ocho en mi vida. Pero bueno, esto es golf. Ha sido una semana en la que pensaba que defender el título iba a ser difícil y después de ganar en Palm Springs se han ido acumulando cosas. Sinceramente, es algo para lo que no estaba preparado», señala.

Se refiere, sobre todo, al revuelo levantado por la posibilidad de acceder al número uno del mundo, que sigue abierta esta semana en el Phoenix Open –donde competirá desde el jueves– y que puede ser un recurso más o menos habitual dependiendo de la comparación de sus resultados con los de Dustin Johnson. Le pasó factura no contar con ello hasta que la noticia surgió a raíz de su triunfo de la semana anterior en el CareerBuilder. «Es muy difícil afrontar algo así cuando no sabías que iba a llegar tan pronto. Pero bueno, ya sé lo que va a pasar el resto del año, lo que puedo esperar. Hay que ir con calma y esperar seguir jugando bien. Tener la opción de ser número uno cuando yo no pensaba que iba a pasar hasta dentro de meses o años, no es fácil, pero esto es el deporte. Hay muchas cosas alrededor y para jugar bien todo tiene que ir muy bien».

Por momentos, mientras jugaba por primera vez con nota alta el campo sur el jueves y en su recorrido por el norte el viernes, el de Barrika sintió el estribillo de The Beach Boys, la referencia musical californiana por excelencia, con aquel ‘I’m pickin’up good vibrations’ (estoy recibiendo buenas vibraciones). Pero hubo interferencias. Las más perturbadoras, en el 18 el sábado con un doble bogey que se cobró los intereses del eagle de un año atrás. A la mayoría de sus seguidores les dio la sensación de que ponerse en marcha con cuatro golpes de demora con el liderato le llevaron a asumir riesgos extremos. Pero niega la mayor. «Para nada, no ha sido por arriesgar. Simplemente, ha sido un día muy difícil de golf, con mucho viento en un campo muy difícil. Y cuando uno no se encuentra bien va a ser difícil hacer cosas», zanja.

Acaba de firmar 235 autógrafos, contados, después de cerrar una vuelta dantesca, en la que rescató cuatro bogeys seguidos que antes hizo en las segundas jornadas del The Open (del 11 al 14) y en The Memorial (del 6 al 9). Su capacidad para restaurar el talante es brutal. Podía ebullir en su interior, pero miradas cómplices, sonrisas y toda la paciencia del mundo con peques y mayores se solapan con algún «ojalá» cuando sus seguidores le proclaman como inminente número uno mundial. No ve el momento de perderse en la casa club y comer. «Hay hambre, ¿no?». Su respuesta es un arqueo de cejas que llega a las piñas de los pinos que rodean el edificio principal.

A veces parece que el castellano y el inglés se le cruzan. Una pregunta simple provoca una acusación.

– Con todo lo que ha vivido esta semana, la que viene le esperará más de lo mismo al jugar en casa (en Scottsdale, donde vive).

– Os inventáis vosotros las cosas. Llegué aquí con la opción de ser número uno del mundo, pero una cosa es lo que digan las matemáticas y otra lo que esté en la mente del jugador, físicamente cómo esté. Esto llega una semana después de ganar en un play-off, que pasa factura. Y luego los primeros días tienes que jugar con la presión, sabiendo lo que sabía. Son demasiadas cosas y unidas o sale todo muy bien o muy mal. En este caso ha sido muy mal.

Y continúa con la naturalidad de siempre, que no pierde ni en instantes como éste. «Ahora por lo menos sé de antemano que si gano soy el número uno. Son cosas a las que poco a poco me iré acostumbrando. Ahora lo sé, que es lo más importante». Y da un dato extra para que su parroquia esté tranquila y sea ambiciosa, como él. Es su segundo torneo de los cuatro seguidos que jugará y «físicamente no hay ningún problema. En la segunda semana no se acusa nada. Al final de la tercera o la cuarta, igual. Pero la única vez que he tenido un problema físicamente fue en el último hoyo que jugué en Augusta el año pasado y en China», recuerda.

Un millón por ocho minutos

Jason Day necesitó ayer sólo ocho minutos para embolsarse más de un millón de dólares y heredar el trono que Jon Rahm dejó vacante en el Farmers Insurance. La víspera, él y Alex Noren habían firmado el armisticio por falta de luz. En el primer hoyo de desempate habían dejado de ser un trío con la eliminación de Palmer y prolongaron sus tablas ante cuatro banderas más. Cayó la noche en Torrey Pines y el reglamento es claro al respecto. Se vuelve al día siguiente. La cita, a las ocho de la mañana en el tee del 18, con un puñado de informadores y jueces, sin público. No era cuestión de montar de nuevo la logística para un rato, aunque en él se desvelara la identidad del ganador. Duró ocho minutos, el tiempo que tardó Noren en enviar su segundo golpe al agua.

Sobre el regreso de Woods

El gran foco de atención en el Farmers Insurance estuvo en el regreso de Tiger Woods. Jon Rahm tiene su opinión al respecto sobre lo que supone para el golf. «Me encantaría saber cuánto más ha ganado este torneo una vez que Tiger metió el putt para birdie en el 18 y pasar el corte. Es una pasada que juegue como juegue haya muchísima gente viéndole y no sólo aquí,en la tele. Al final, Tiger Woods es Tiger Woods. Es como si LeBron deja de jugar un año y vuelve. O como si Messi deja de jugar y vuelve. O si comparamos, sería más como el Barcelona, es como si un equipo dominante deja de jugar y al de dos años vuelve. Habría muchísima expectación», señala. A tenor del merchandising que se dejaba ver en las miles de bolsas transparentes que portaban los aficionados, un negocio redondo el de ‘la leyenda’.

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