Rahm se pone serio el día que Johnson saca todo su arsenal

Rahm sigue la trayectoria de la bola con gesto de satisfacción tras el hierrazo desde el tee del hoyo 2 en la Plantación Kapalua. /AFP
Rahm sigue la trayectoria de la bola con gesto de satisfacción tras el hierrazo desde el tee del hoyo 2 en la Plantación Kapalua. / AFP

Presenta la mejor tarjeta del día, con cinco birdies y un eagle, pero el número 1 del mundo muestra su versión intratable en Hawái

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Las miradas hablan. También los cuerpos. Pero ayer, en el ‘moving day’ del torneo que reúne en el paraíso a los campeones del Circuito Americano eran los ojos de Jon Rahm los más explícitos. Enfoque preciso, instintivo, mirando más allá incluso que la presumible trayectoria de la bola. Se fijaba en su interior y esa retroalimentación se saldaba con una confianza y paciencia que se percibían al primer vistazo. Concentrado, sereno, como un depredador que busca su presa y aunque le haga requiebros nunca pierde su rastro a la espera de que el terreno se convierta en aliado. Tal cual. Va conociendo los secretos de la Plantación Kapalua y eso le permite ahondar en la estrategia.

Sabe, por ejemplo, que pase lo que pase en la primera vuelta diaria, en el tramo de regreso hay margen para la recuperación. Por eso, aunque por dentro la temperatura fuera acumulándose, mantuvo su mente clara cuando se mantenía la secuencia de los días precedentes y no acababa de sacar provecho de sus buenas salidas. Le faltaban algunos segundos golpes más eficaces, pero lo vital era que por el camino no se dejaba migas. Su tarjeta no desteñía, ni para lo bueno ni para lo malo y el putter se guardaba su precisión en la serie de pruebas que le planteó en ese complejo margen de entre cinco y ocho metros, con cada green entregado a una velocidad distinta, incluido el 18 que parecía ayer forrado de velcro por cómo sujetaba la bola pese a los golpazos que le dirigían.

El primer guiño le llegó en el 5. El segundo hubo que esperarlo mucho, hasta el 9, aunque volvió a levantar suspiros entre la parroquia hawaiana, que definitivamente acabaría volcándose con el de Barrika. Un putt de 17 metros que se desvió cuatro dedos del hoyo. Rabia, pero a la vez cierta sensación de autoridad, un aviso al campo, una especie de ‘voy a por ti’. Calma mucho dejar la tarjeta sin bogeys o peores maldades en el ‘front nine’. Lo equilibraba un Dustin Johnson que estaba decidido a mostrar esa imagen indomable que merece un número 1 del mundo. Pero los avisos estaban dados. Leishman, que arrancó como líder, pronto se percató de que las banderas de Kapalua iban a resistirse más que los días precedentes y, además de emborronar su tarjeta, demoró hasta el 16 su único birdie, quedando fuera de las apuestas.

El ‘back nine’ de Rahm fue escalofriante. A saco, a tumba abierta. Desde el 14 tacada de birdie-eagle-birdie. Se le escapó el del 17 pero cerró el círculo con otra captura en el 18. Contra lo que ya no podía luchar era con la reacción de Dustin Johnson cuando olió al vizcaíno a dos golpes. Emuló su eagle en el 12 y desde ese punto restó cinco golpes al campo. Recuperarle cuatro hoy sería una proeza. Pero cuando Jon mira así...

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