Jon Rahm, en el US Open: «La clave en este campo es el viento»

Jon Rahm durante un torneo. / EEF
EL CORREO con Jon Rahm en el US Open

El de Barrika llega al US Open como lo hizo al Masters, limpio de mente y fuerte en todo lo demás

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Sale del comedor tras haber pasado antes por las manos de uno de sus fisios. Llega sonriente al putting green e inicia su rutina. Se quita el Rolex que le identifica como patrocinado y lo guarda en una funda protectora verde. Se le ve muy relajado, como casi siempre antes de un torneo. Sólo que el que alberga esta sucesión de millas de oro de Long Island no es otro más, aunque redondee el 50 en su tránsito profesional. Es un 'Grande', una pieza de caza mayor para la que tiene las garras afiladas. Jon Rahm se ha convertido en un jugador de ritual. Sin ser maniático, lo que funciona no lo cambia. Algo menos en lo que pensar.

Ni él ni su caddie, Adam Hayes, conocían in situ este paraíso de Shinnecock Hills creado para molestar, para convertir al jugador en una potencial víctima de la dureza del terreno y las condiciones. Entre ellas, el viento es el que determinará sobre la marcha la suerte de unos y otros. Hayes lo explica en el libro del campo, usando el lapicero como dirección del aire. Ahora pega del este, pero cambia según las mareas, aunque carezca de patrón alguno. «Cada vez que he jugado el campo ha sido con el viento contrario al que me han dicho que es lo normal. Este viento que tenemos ahora es la primera vez que lo voy a jugar. Todo es nuevo para mí. Con el viento en contra el campo va a ser más difícil, más largo. La clave en este campo es el viento», explica el jugador vizcaíno.

No ha podido catarlo tanto como hizo con el Augusta National antes de su segundo Masters, pero da por bueno lo avanzado en compañía, entre otros, de Rory McIlroy con el que espera compartir honores en una Ryder Cup cuyo proceso de clasificación se está poniendo divertido. Volviendo a la cita de Georgia, la planificación le proyectó hacia un juego de muchos quilates y opciones reales de ajustarse la chaqueta verde. Salió bien, así que ahora lo quiere todo muy parecido. Ha optado por llegar descansado a los 'Majors' y el de Nueva York no es una excepción.

De Biarritz a la tribu Shinnecock

De no haber sido por Biarritz nunca, quizá hubiera existido el campo que alberga esta semana por quinta vez en su centenaria historia el US Open. A finales de 1880 un grupo de americanos sedesplazó hasta la población vascofrancesa para ver in situ el trabajo del escocés Willie Davis en el diseño y construcción de un campo de golf. Lo que vieron les encantó y lo reclutaron para cimentar al otro lado del Atlántico el que pasa por ser el club más antiguo de Estados Unidos, que albergó la segunda edición del Abierto estadounidense y se destacó como uno de los cinco cofundadores de la USGA (el equivalente federativo en Europa). Sus mentores no sólo aceptaron mujeres, sino que construyeron un recorrido de nueve hoyos exclusivos para ellas. También su casa club es la de mayor edad de cuantas existen en el país de las barras y estrellas (1892), conocida como Stanford White.

Y hubo un hecho en sus albores que aunque llamó la atención parece haber recuperado vigencia. Entre los primeros jugadores hubo un negro y un indio. Éste formaba parte de la etnia Shinnecock que pobló desde tiempos ancestrales Long Island. De ahí procede el logo de la competición, del suelo sagrado que poco a poco fue cambiando de manos hasta limitar a la actual tribu a un puñado de hectáreas para los menos de dos mil portadores de una casta que se caracterizó por incluir algunos de los mejores y más valientes balleneros que se recuerdan y confunden entre realidad y leyendas marinas.

Con la venta de lo que hoy es Manhattan al holandés Peter Minuit y los constantes ataques del hombre blanco y de otras tribus cercanas, los Shinnecock fueron reduciéndose a la mínima expresión. Su gran jefe histórico, Nowedonah, logró unos mínimos de convivencia, pero la especulación a la que fue sometida la que hoy es una de las zonas con la milla cuadrada más caras del planeta hizo que los indios fueran hasta un incordio visual para las mansiones enlos Hamptons en las que fueron desembarcando entre bosques y playas salvajes «blancos indecentemente ricos», como les califican desde la Nación India.

Las reivindicaciones de una tribu cuyo censo habla de un sesenta por ciento de su casi simbólica población en el rango de la pobreza han llegado hasta las altas cortes judiciales del país. Y aunque han ganado causas, como la devolución de 900 hectáreas en las que se enmarca el National Golf Links (sede del US Open de 2005) la propia judicatura ve inviable que esas tierras copadas ahora por las fortunas de los Soros, Koch y compañía cambien a las manos de sus primigenios dueños.

Así, tras trabajar tres días en el campo cambió de tercio y se zambulló con su pareja, Kelley, en la 'Gran Manzana'. «Sí quiero descansar, un poco lo contrario a lo que hice el año pasado en los 'Grandes'. Trabajé mucho y luego llegué a los torneos y no jugué bien. En este Masters la semana anterior me la tomé bastante relajado y me divertí con el golf más que entrenar.

Y una ciudad como Nueva York da pie a pasarlo en grandedada su oferta de ocio. «Del miércoles al sábado estuvimos en la ciudad, fuimos a buenos restaurantes y vimos algunos shows. El sábado vimos uno en Broadway que tiene Bruce Springsteen, y si alguien tiene la oportunidad la verdad se lo recomiendo. Es lo más increíble que he visto en mi vida. Es Bruce él solo, una guitarra y un piano y te cuenta su historia durante quince o veinte minutos y luego canta los temas que ilustran esas partes de su vida». Afortunados, ya que las esperanzasde ver al 'Boss' antes de diciembre se limitan a participar en un sorteo

El segundo plato lúdico fue más liviano, aunque lleva camino de escribir otro tomo dorado en la historia de los musicales . «También fuimos a ver 'El libro de los mormones', que es una comedia básicamente de los mismos escritores que hicieron 'South Park'. Se ríen un poco de las religiones de una manera divertida, fue muy entretenido».

Volviendo a la faena, Jon Rahm saca pecho cuando se le recuerda la efeméride de esta semana. Dos años como profesional y 50 torneos jugados. «¿Los cumplo el 20, no? ¿Cincuenta ya? (pausa) Qué voy a decir, que he ganado el diez por ciento de los torneos que he jugado. Ni tan mal, ya lo firmarían muchos. Es repetir lo que he dicho muchas veces, que he hecho mucho más de lo que podía imaginar. Ojalá los siguientes 50 sean igual de buenos».

Y por abrir el abanico,otro dato nada baladí. En la mitad de ellos ha estado entre los quince primeros. «Es más el hecho de que he fallado pocos cortes. Si no contamos el corte que fallé en Lousiana, porque era un torneo de parejas y tampoco los que jugué como amateur, creo que son tres o cuatro cortes fallados y es un detalle para mí mucho más importante. Eso quiere decir que incluso las semanas que no estoy jugando bien puedo pasar el corte y acabar bien». Como espera hacuerlo en este US Open en el que el jueves y viernes podrá hablar español durante las cinco horas de partido. «Será divertido poder jugar con Rafa y con Sergio dos días casi como si fuese un campeonato de España. Estamos deseándolo y lo vamos a pasar bien».

Eso si llegan a tiempo porque los atascos están causando estragos. Cabrera-Bello se saltó el turno de prácticas el lunes y cambiará de alojamiento y ha habido numerosos jugadores y caddies que se han visto, como el resto de mortales, atrapados en atascos dantescos. Hora y media para un tramo de 30 kilómetros. Basado en hechos reales.

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