Golf

Rahm muestra su pegada en el primer asalto

Rahm golpea en la jornada del jueves. / EFE
EL CORREO en Atlanta con Jon Rahm

Acaba sexto, sin ningún favorito que le supere, en una jornada que le pudo brindar todavía mayor beneficio

JOSÉ MANUEL CORTIZASEnviado especial. Atlanta

Tres bajo el par del campo y la sensación evidente de haberse dejado mínimo otros tres birdies por el camino. Está satisfecho y achaca que la producción se quedara corta en relación a los méritos a que «esto es golf». «En el hoyo 1 creía que la había metido y ha pasado rozando no, lo siguiente. Ha habido muchas que han ojeado el hoyo, que han mirado para abajo y no han querido caer. Eso es bueno. La diferencia entre meterlo y no meterlo es nada y hay que seguir jugando así». Dos de las bolas que cita Jon Rahm emularon a los contorsionistas para mantener el equilibrio sobre una brizna de hierba. Un comienzo en la gran final del Circuito Americano que demuestra que tiene pegada. Repartió estopa en este primer asalto. Quedan tres y está mentalizado para llegar al hoyo 72 con opciones de ser campeón.

El sol también dio lo suyo en East Lake. Más de 30 grados que hicieron al de Barrika arrancar ya calado tras el calentamiento. Sigue manteniendo esa sensación de paz, de relajación que invita a pensar a lo grande. Se puso en marcha con un maderazo que llevó la bola al centro geométrico de la calle. De tee a green en los golpes indispensables y primera opción de birdie bien atacada en una porción del tapete que parecía la estribación suavizada de un tobogán. Green y calle en los dos siguientes, de nuevo con posibilidad de comenzar a anotar en rojo en su casillero.

Público reservado

Llegaba bien a su objetivo y sólo le faltaba culminar. Un poco como le fue sucediendo en el reciente BMW Championship, donde defendió su opción de depender de sí mismo en esta finalísima de Atlanta. Pese a media docena de señores golpes, el público estuvo algo reservado con él. Compartía partido con Rickie Fowler y eso tira mucho, aunque la evidencia acabó con la rendición de los fans en favor del de Barrika, incluido uno con la camiseta de los Sun Devils de Arizona State, su universidad, casado con una nativa de Biarritz, que no se despegó de él durante las cuatro horas escasas en las que se ventilaron el campo.

El estreno en el marcador fue apoteósico en el 6. Un ejercicio de escuadra y cartabón, con su hipotética mesa de dibujo colocada en el primer corte del rough, al que había llegado en dos golpes de ese par 5. Decidido, tomó el putter, le susurró el tacto y la dirección y la bola, sumisa, completó el trayecto. Polvos mágicos y eagle. El chute le llevó a rozar el birdie en el 7 (una de las bolas que quedaron en equilibrio) y lo consumó en el 9 con un putt también sutil desde tres metros. -3 en el casillero, el mejor entonces de los pata negra, del quinteto del que la lógica dice que saldrá el campeón.

La segunda vuelta le fue más esquiva en la fortuna. Esas bolas a las que se refería, que ojeaban el agujero y no caían en la tentación. Se le fue la mano en el 11 con un tripateo y (bogey) y repitió error en el 14 quizá por ser agresivo en exceso y buscar el trapo en lugar de una posición cómoda de par en un hoyo que tenía trampa. El -1 no hacía justicia a su juego y lo enmendó con dos birdies en el 17 y 18, pudiendo ser eagle de nuevo el último. Stanley presentó la mejor tarjeta (-6),mientras que entre los favoritos Rahm, Spieth y Thomas compartieron la sexta plaza con -3, un golpe menos que Johnson. Leishman cayó hasta el +1.

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