Jon Rahm, con la miel en los labios

Jon Rahm saluda en el green del 4, donde se le escapó una buena opción de birdie.
Jon Rahm saluda en el green del 4, donde se le escapó una buena opción de birdie. / EFE

Una uña le apartó del coliderat en el 14 y acabó tercero junto a Vegas en el inicio de los play-off en Nueva York

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Sólo los que ven en él a un jugador diferente le daban alguna opción en la jornada final del Northern Trust. Partía Jon Rahm a cinco golpes de Jordan Spieth, jugador con una solitaria, aunque histórica, pifia en su hoja de servicios, en aquel Masters en el que literalmente se ahogó cuando ya sentía el tacto de la chaqueta verde. Un rival que no falla cuando está al volante y marca el ritmo al resto. Necesitaba el de Barrika una vuelta con un inicio efervescente y que Dustin Johnson, en su condición de candidato puente, hiciera también ruido al apretar las clavijas. Y nada de ello sucedió de salida. Y aún así, cuando afrontaba el hoyo 14 tras tres birdies consecutivos tuvo al alcance de su putter un birdie con el que se hubiera colocado colíder con -11. Fue un tramo mágico en la jornada decisiva del arranque de los play-off del circuito americano, un póquer de torneos que coronará al que en el país de las barras y estrellas considerarán como el mejor del mundo.

Puñeteras briznas de hierba que dan alegrías como si de una tómbola se tratara. O esas imperceptibles caídas, casi acné en el césped que guían la bola un milímetro a favor o en contra de la caída a la cazoleta. En su brillante actuación, el vizcaíno tuvo opciones de encaramarse a lo más alto del planeta golf. Y eso que le costó atinar. Un putt de 13 metros que deja a un palmo; un fallo con el putter desde tres metros que le penaliza en formato bogey; dos buenas recuperaciones trufadas por otro toque de birdie que no lo fue por 40 centímetros. Y mientras, Spieth parecía de nuevo inspirado y a Johnson le costaba un potosí embocar restando en el litigio con el campo. Ejercer de optimista y seguir creyendo en que era posible la remontada era un ejercicio que hacía equilibrio sobre la imaginación.

Pero en el precioso escenario neoyorquino Rahm no estaba dispuesto a contradecir su raza. A lo suyo, siguió picando piedra, buscando una veta que explotar. En el 7 llegó su primer birdie convirtiendo el trayecto tee-hoyo en un hierrazo que se quedó a un metro del agujero. Lo merecía y no dejó de creer, más cuando en los marcadores percibió movimiento. Spieth, rememorando viejas querencias, se había ido al agua en el 6 y a su doble bogey en un par 3 le siguió otro golpe restado en el 9. Johnson, con el que compartía partido, reaccionó con birdies al 9 y 10. Era el momento.

Segundos golpes de leyenda

Rahm calibró los hierros y con tres segundos golpes de leyenda ensartó un trío de birdies. Y pudo ser mejor aún porque en el 13 tuvo una opción de eagle desde el rough de green. Su sutileza con el wedge acercó la bola a medio paso. Y en el siguiente, con otra opción de resta, un tramo de cuatro metros acabó con la bola y la cazoleta haciéndose la cobra. Cualquiera de esos dos ¡uysss! hubiera sido canjeado por un triple empate con -11 y el morrosko convertido en el peor compañero de viaje imaginable. Sentía el dulzor de la miel en los labios, pero se jugaba los cuartos con dos jugadores épicos, que se negaron a ser cazados. Reaccionaron Spieth y Johnson al unísono mientras un bogey en el 15 y otro en el 17 -en un alarde de valentía buscando trapo desde el búnquer- ubicaron a Rahm en un cuarto puesto desde el que trepó en el hoyo final con un putt embocado desde siete metros como para dar la vuelta al green en modo torero. Queda tela que cortar.

Johnson gana en el desempate a Spieth y el vizcaíno ya es quinto en el ranking mundial

De los que hacen afición, como se decía antaño. Un final apoteósico en el Northern Trust que permitió al número 1 del mundo, Dustin Johnson, reivindicarse como tal, tras la dura travesía que ha vivido desde que se perdió el Masters por un accidente doméstico la víspera. En el 14 cedía un golpe al texano, pero lo recuperaba en el 15 y ambos hacían un recorrido siamés. Tuvo ‘DJ’ que apretarse los machos en el último hoyo cuando una mala salida parecía sentenciarle. Pero extrajo su duende y provocó un desempate que confirmó su victoria. Golf de muchísimos quilates entre ambos y Jon Rahm junto a ellos, lo que da una idea del papelón que interpretó el vizcaíno y que ya tiene consecuencias.

La primera es como para agarrarse los machos. Por mucho que se recuerde a modo de coletilla que es su primer año como profesional, Rahm ha derribado otra barrera histórica al acceder al quinto puesto en el ranking mundial, la plaza que hasta ahora ocupaba Sergio García. Es el relevo simbólico en la supremacía de la armada española dado que el castellonense había relevado de tal honor a José María Olazabal en 1999 y desde entonces era el mejor jugador nacional ranqueado. Desde hoy, 29 de agosto de 2017, lo será de modo oficial un joven de Barrika al que le quedan tres meses para cumplir 23 años y que tiene ante sí un futuro sin más barreras que las que la salud o él mismo pueda ponerse.

También asciende un puesto y es quinto en la FedEx Cup, aunque en esta nómina las cosas se le han puesto francamente bien a Dustin Johnson, quien con los dos mil puntos embolsados liderada el circuito americano con un saldo de 4.466, mientras Spieth se queda con 3.871, Justin Thomas 3.044, Matsuyama 2.869 y Jon Rahm atesora 2.404. Quedan tres citas en los play-off y en cada una el ganador recibe los citados 2.000 puntos. La siguiente, esta misma semana, desde el jueves en el TPC Boston. El Dell Technologies Championship al que el de Barrika irá sabedor de poder codearse con los mejores.

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