Golf

Rahm acaba en modo rodillo

De haber atinado este viernes con el putter en la primera vuelta hoy partiría como líder y no a tres golpes

J.M. CORTIZASEnviado especial Dubái

Suena la voz penetrante de ‘Carmen and the Black T’s Band’ en el village del Jumeirah Golf Estates. Todos los días, tras la batalla, los invitados disfrutan de la cortesía, amabilidad y trato exquisito a quien deja sus divisas en esta versión de Suiza estratégicamente ubicada, una especie de marco de seguridad para la inestabilidad que se respira desierto adentro. A Jon Rahm no le llegan esos ecos. Descansa a veinte minutos, junto a la playa, tranquilo tras haber vivido una jornada que pudo acabar en escandalosa tarjeta. El -4 del día se quedó muy corto, aunque el -7 total coloque al de Barrika en la pomada, a tres golpes de un liderato que llevaba su nombre escrito. Su juego mereció mayor rédito.

Si Hatton fue el héroe de la jornada robándole sólo ayer 9 golpes al campo, tras firmarle tablas el jueves, Rahm se pudo mover en esas cifras. Las banderas estaban menos comprometedoras que en el primer recorrido y jugó de manual. Pulcro, con calles desde las que llegaba a green con la ambición del ladrón de guante. Putt para birdie ya en el primero. A eso se le llaman intenciones. Se le escapa viva la presa, pero es un buen comienzo.

El destino le pone la primera piedra en el camino al de Barrika en la segunda casilla. Tiene línea para buscar green, pero apura y no llega. Búnquer. Comienza así una experiencia arenosa extraña. De arenal a arenal, dejando el tapete sin catar. Cae el primer bogey. Se enfada Rahm y repite mismo itinerario en el 3. De búnquer a búnquer, sólo que esta vez su recuperación corta el mal por lo sano. Hace un approach desde la trampa que no emboca de milagro. Vuelve a ser él. Y la suerte le hace un guiño. En el 5 roza el eagle con la bola regresando por la línea tras encontrar el tope deseado en el nacimiento de un talud. Pero a la vez la realidad le reclama y el putt para birdie que le separaba un paso de su diana acaba encorbatado.

De posible eagle a par. A mascarlo y digerirlo. Y parece que puede haber réplica en el 7. Putt de eagle que queda reducido a la consolación del birdie. Y que no encuentra continuidad porque ante la siguiente bandera tripatea al fallar otro toque de un metro. Lo ganado, perdido. Y cierre del ‘front nine’ con otra posibilidad de birdie, está desde seis metros. Agua. El resumen es extraño. Gran juego de tee a green, que incluye excelentes recuperaciones, pero al entrar a matar, hueso.

En el trayecto en boogie hasta la salida del 10, mientras recibía el ánimo de un público fiel y numeroso, Jon Rahm alteró su configuración. Algo hizo que le llevó a una segunda vuelta de fantasía. Porque fue como si saltara un resorte. Calle, approach y putt de metro y medio, el sota-caballo-rey del golf.

Gran secuencia

El birdie al 10 hizo que se encendiera el testigo del modo rodillo. Sin parpadear, luz constante. Corrige la deriva de una salida al rough y un exceso de potencia para irse largo de green. Putt de dos metros para salvar el par. Comienza una secuencia reconocible. Segundo golpe desde la zona no afeitada de una precisión bestial en el 13 para acabar con un putt cuesta arriba de unos cinco metros. El mando a distancia funciona ya como si tuviera pilas nuevas. Gran chipeo posterior para asegurar otro par.

Birdie, par, birdie, par. Ya sabía lo que venía. Se incorporan a su seguimiento los hermanos Barrenechea. Talismanes. Ha cen que la secuencia coja breada. Llega Rahm de dos golpes a green en el par 5 del 14. Presente en cuerpo y alma, estado puro. Agresivo, ambicioso, seguro al apuntar al trapo. Tiene putt de eagle y lo busca,pero se queda en birdie, que repite en el 15 pese a que su approach no acabó de coronar como buscaba el tapete y le obligó a embocar desde cinco metros y cuesta abajo con una caída serpenteante. Efectivamente, es golf. Lo que dos horas antes no entraba ni con recomendación, ahora era engullido sin rechistar. Los Barrenechea sacan pecho, felicísimos además por la buena actuación de su protegido, Adrián Otaegui, al que estuvieron siguiendo antes. El de Goiburu acabó con -4 y seguirá mejorando. Se nota en su seguridad. Y Jon se viene arriba. El -6 en su tarjeta aún merece otro empujón.

Mientras, Molinari había completado una actuación impoluta. Líneas perfectas en todos sus golpes. El pero, esa falta de duende para arrancarle golpes al campo en situaciones favorables que se fabrica con la calidad de un orfebre.

Rahm evitó pellizcar su registro en el 16 sin tocar calle, unas tablas más valiosas que un birdie. Porque así cumplió en el último par 3 con la mente limpia y se la tenía jurada al 18, cuyo green ya conquistó en dos golpes en el entreno del miércoles y la jornada del jueves. A por él. Quinto birdie del ‘back nine’, más de la mitad. Da por bueno el -7, aunque la que pudo haber liado...

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