Rahm invoca a 'Jon sin miedo'

Rahm lo dio todo batallando en Spyglass Hill./AFP
Rahm lo dio todo batallando en Spyglass Hill. / AFP

El campo de Spyglass Hill le recibió con un doble bogey, pero el de Barrika no se rindió y volvió a acabar con tres birdies seguidos que le permiten aspirar a todo hoy

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Día de penitencia en Pebble Beach. el campo que le quedaba por visitar a Jon Rahm, Spyglass Hill, se mostró como el más complejo de todos, tal como se esperaba pero con mayor incidencia en el juego que en días anteriores. Ayer ninguno de los jugadores a los que tocó lidiar con ese recorrido pudo, salvo el irlandés Shane Lowry (-5), enarbolar una tarjeta vistosa. El vizcaíno tuvo un inicio esperanzador, marcando un birdie en su segunda bandera (11), pero un siempre inoportuno chapuzón le descolocó. Fue en el hoyo 12, un par 3 con un obstáculo de agua a la izquierda que atrajo su bola hasta que desapareció bajo su lámina. El doble bogey fue un soberano bajonazo a las primeras de cambio que le alcanzó en algún punto de su integridad. Porque le costó reconducir su juego a las situaciones favorables para restar en vez de sumar en su pulso con el campo.

De -10 a -8 y un par de hoyos después, nuevo retroceso hasta el -7 cuando tampoco pudo evitar el bogey en un par 5 (hoyo 14) en el que coleccionó visitas a la calle, los rough y a un búnquer, prueba de la falta de eficacia que atravesaba su juego. Por si fuera poco -aunque antes de partir ayer dejó claro que no le mueven disputas personales por el número uno, que será un premio que llegue como consecuencia de su juego-, Dustin Johnson partía antes en el horario y en los marcadores se traducía que iba manejando el martillo pilón, como queriendo demostrar que incluso en un campo ratonero (Monterrey), donde las calles no son autopistas, su juego también puede resultar demoledor.

Vaya si se esmeró el campeón de Columbia. Sólo había tardado siete hoyos en poner su contador en -16, dígitos que, a falta de la irrupción estelar de Ted Potter jr, amenazaba con ser una declaración de intenciones de dejar atrás definitivamente al resto de la concurrencia. Esas no son buenas noticias. Para Rahm, menos aún. El vizcaíno era un jugador centrado en su juego en un día en el que según llegas a la oficina ves que hay cosas que no funcionan.

Cuenta su legión de seguidores con que el de Barrika no se rinde. El morrosko carece de ese, para algunos, comodín de dejarse llevar, cabeza bajo tierra en modo avestruz. No, él lo sigue intentando y apechuga porque es lo que debe hacer. Y porque es así. Se dio un par de alegrías en los hoyos 17 y 1 (arrancó desde el tee del 10), ganando confianza al volver a derrotar a un par 5, pero el golf le siguió poniendo a prueba y en el 2 un tripateo le hizo conceder otro bogey y su tarjeta volvía a perder peso (-8).

Día caprichoso

El día estaba caprichoso. Potter jr acabó con dos bogeys, Johnson enlazaba tres en el tramo de vuelta y Merrit se las prometía felicísimas con -16 y seis banderas por visitar. Es golf, repite Rahm. Cierto. El licenciado en Boise University y en un campo favorable como Monterrey patinó y perdió a granel la ventaja de la que presumía. Engarzó cinco bogeys en ese tramo que creía soñado. El aviso estaba dado.

Rahm estabilizó su juego, pero no lograba reengancharse. De momento. Tras cuatro pares seguidos se le pasó por la mente una situación, un déjà vu. La del jueves, cuando el ‘back nine’ avanzaba sin pena ni gloria en lo que a dividendos se refiere y cazó los tres hoyos finales. Tenía la fórmula, su juego estaba recuperado, afinado, y uno de sus nutrientes favoritos, y necesarios, es cerrar un día con un impacto positivo. También lo definió así salvar un par complicado el viernes. Dicho y hecho. Otra vez de caza, ‘Jon sin miedo’. Poderoso en el 7, un par 5 que conquistó hasta con aparente facilidad. Que temblara Spyglass Hill. No iba a ser ese recorrido el que le descabalgara de partir hoy en la nómina de aspirantes. Otros dos vuelos de tee a green en el plazo previsto. Birdies. Locura. Rabia. Rahm.

Día de gloria para Ted Potter jr

No es extraño que surjan jugadores efervescentes en la PGA. Hay tanto donde elegir que nunca falta el desconocido que por conocimiento del campo o inspiración divina enciende las alertas clasificatorias. Ayer fue ese día de gloria para Ted Potter jr, un golfista surgido de la nada que hizo empequeñecer temporalmente al mismísimo ‘number one’, Dustin Johnson, que había comenzado el día con un eagle en su segundo hoyo hasta poner su tarjeta en el -16 disputados los siete primeros.

En el mismo campo (Península Monterrey) y unas banderas por delante, Potter jr dejaba un rastro demoledor. Había rebajado siete golpes al campo en las siete primeras banderas con un eagle y cinco birdies. La progresión bajó de intensidad, pero no detuvo su recolecta. -9 en el día en el hoyo 11, -10 en el 14 y -11 en el 15. Ya entonces era líder en solitario con -16. Quizá se le subió a la cabeza hasta la posibilidad de batir el récord del campo y dos bogeys en los dos hoyos finales relativizaron la mejor actuación del día en el AT&T.

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