Rahm insiste el día en el que se dejan ver los mejores en Pebble Beach

Rahm sigue su segundo golpe en el hoyo 4 en el que estrenó su cuenta de birdies./afp
Rahm sigue su segundo golpe en el hoyo 4 en el que estrenó su cuenta de birdies. / afp

Perdonó putts asequibles y salvó pares que se le habían complicado para repetir tarjeta de 67 golpes y rondar la cabeza

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Lo que estaba en su mano. Cinco bajo par en el día para quedarse en la antesala del doble dígito (-9). Sin borrones en la tarjeta, lo que siempre quiere decir mucho. Jon Rahm insiste. Por ponerse pesado no va a quedar. Se reconoce con potencia física y mental para litigar hasta el final en Pebble Beach. El campo ayer era algo más turbio en la dificultad que el de Monterrey y saldó su recorrido con las mismas muescas en rojo y mejor ganancia. Cinco birdies por jornada y esta vez carente de bogeys. Un día que pudo resultar mucho mejor, sin duda. El putter no acabó de obedecerle y se dejó por el camino sin facturar golpes para seguir reduciendo el montante de su tarjeta. Y también lo contrario. Pocas veces, pero las hubo, un par de salidas deficientes o un approach sin tacto, que le metieron en berenjenales de los que siempre salió airoso. Nunca a un deportista le convence aquello de las que entran por las que salen, pero a veces esas cuentas se acercan a la realidad.

Relativa, claro. Porque en este deporte interviene como en pocos el factor psicológico de luchar contra uno mismo. Sí, hay rivales que van dejando su rastro en los paneles que reflejan los resultados junto a los greens. Pero su referencia sólo cobra razón de ser para comparar lo que uno ha conseguido antes.

Descargó adrenalina llevando su primer bolazo del viernes fuera del límite del rough. Pero con el de Barrika siempre hay que esperar una solución. Es una suerte de McGyver que casi todo lo repara, también sus muy contados golpes no deseados. En vez de notar que la transpiración aumenta, tranquilidad para recuperar y gozar de una opción de birdie desde unos tres metros. Es su marca indeleble. Sólo hay que recurrir al ‘shot tracker’ (sistema de marcaje de la trayectoria de golpes y ubicación de la bola) para entender que ante unas coordenadas erráticas no tardará en aparecer la corrección de la deriva.

Necesitó ayer en el paraíso californiano tres hoyos para ajustar sus herramientas. En el 2 cayó en búnquer y casi repite y en el 3 no coronó el green como esperaba y la bola se deslizó varios metros. Putts bien tirados para solventar la situación. A diferencia del jueves, su compañero de partido, Patrick Cantley, estaba un pelín más tranquilo, pero le podía marcar de cerca cuando se puso colíder en la cuarta bandera del día. Era una simple referencia, dado que los mejor clasificados de la víspera partían más tarde. Si se manejaba de igual modo Rafa Cabrera-Bello. Su secuencia le llevaba a la cresta de la ola. Eagle al 2 y birdies posteriores al 4, 7 y 10. Luego cambiaría la película.

Triángulo misterioso

Rahm ya había convertido su grip en un lector que le indicaba que su pálpito, las sensaciones, el tacto, estaban calibrados. Primer golpe sisado a Pebble Beach en el 4. Después volvió a un arenal en un par 3 y coronó el segundo par 5 del día con un amago de eagle desde 14 metros que derivó en el segundo birdie.

Se adentraba en el triángulo misterioso del campo, compuesto por los hoyos 8 al 10, sin sentir la necesidad de limitarse. Al contrario. En los dos últimos dejó escapar algo más que suspiros cuando no atinó para embocar desde metro y medio y menos de tres metros. Opciones de llevar su tarjeta a un ya muy serio -8, que tuvo que esperar. Al tercer intento franco no falló. Y eso que el bote al llegar a green incluyó un retroceso que le añadió un grado de dificultad al putt. Sí erró Cantley, su compañero de viaje, que le dio un remojón a la bola. Y desde esa misma bandera, Cabrera-Bello fue dejándose el botín como si hubiera reventado la bolsa en que lo llevaba. Tres bogeys seguidos para decepción del canario.

No tardó en llegar el recuerdo de la víspera, el golpe de riñón del de Barrika en pleno sprint atisbando la bandera a cuadros. Y fue entonces cuando el guion de la película cambió. Dos malas salidas colisionaron con el control mostrado hasta entonces. Con idéntico valor, o mayor, al que llevan grapados los birdies, salvar ambos pares fue un maná que nutrió al vizcaíno para no bajar la guardia y recuperar su fortaleza.

Para rebatir los debates sobre si las pares cortos o largos son su especialidad ahora, uno de cada. Los 520 metros del 14 fueron un trayecto delineado, reposando la bola a dos metros para confirmar el -8. Y en el 17 lo contrario, un hierrazo de 160 metros que acabó también a paso y medio de la diana.

-9 en la suma de las jornadas, quinto puesto provisional, igualado con un Phil Mickelson exquisito en juego y formas, y hoy a medirse con Spyglass Hill, el campo más complicado sobre el papel.

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