Golf

Rahm y los favoritos se quedan cortados

Jon Rahm, en el tee del cuerto hoyo durante el recorrido de ayer./EFE
Jon Rahm, en el tee del cuerto hoyo durante el recorrido de ayer. / EFE
EL CORREO EN ATLANTA CON JON RAHM

Casey mantiene su romance con East Lake y saca seis golpes al de Barrika, que mantendría el quinto puesto final en la proyección

JOSE MANUEL CORTIZASEnviado especial. Atlanta

Hay días en los que el campo puede con el jugador. Le cierra las puertas, le niega el pan y la sal y le somete a un estado de frustración que afecta al juego. Otras veces es el golfista quien sin jugar mal no se siente tocado por las hadas y se enzarza en una batalla contra sí mismo de la que no resulta vencedor. A Jon Rahm se le juntaron ayer un poco ambos supuestos. Salió decidido en la tercera jornada de la finalísima de la FedEx Cup, apuntó alto cuando tras cojear con un bogey en el hoyo 4 enmendó para cerrar el ‘front nine’ con -7 en su contador (birdies en el 6 y 9) y la sensación de ir hacia arriba, de no poder saciar su ansiedad, ese hambre que siempre le lleva a querer más, a buscar otra muesca en la culata.

Pero iba a ser un día duro en la oficina y en cierto modo contaba con ello. Mejoró sus salidas respecto al viernes, aunque no faltó algún paseo a los árboles, pero pocas veces se dio por satisfecho con la llegada al green. Putts largos, complejos en tapetes con un movimiento importante aumentado por la posición de las banderas. No era jornada para los regalos y la PGA lo dejó claro jugando a las esquinitas o a rozar los búnquers con el marcaje de sus hoyos. Están en juego diez millones de dólares y el título de mejor jugador del planeta, o algo parecido.

Clasificación

1.
Paul Casey (ING) -12
2.
Kevin Kisner (EEUU) -10
.-
Xaner Schauffele (EEUU) -10
4.
Brooks Koepka (EEUU) -7
.-
Patrick Reed (EEUU) -7
.-
Justin Thomas (EEUU) -7
7.
Jason Day (AUS) -6
.-
Jon Rahm (ESP) -6
9.
Russell Henley (EEUU) -5
.-
Justin Rose (ING) -5
.-
Gary Woodland (EEUU) -5
.-
Webb Simpson (EEUU) -5

Le están, además, saliendo respondones al de Barrika los compañeros de partido. No le afecta en el hecho del pique o lo que marquen las tarjetas -menos aún en el caso de su amigo Xander Schauffele y su caddie Austin Kaiser, que trabajó para el vizcaíno en su etapa amateur-, pero hace mella ver cómo quien avanza contigo por East Lake le va dando bocados al campo y tú pinchas en hueso cada vez que buscas la estocada. No hacerse con un birdie pronto castiga la confianza, sobre todo cuando se cree que se ha seguido el protocolo y se ha ajustado el juego para ello. Pateó bien en los primeros hoyos, pero en la mayoría de ocasiones desde márgenes superiores a los diez metros. Y cuando comenzó a dejarlos más cerca no atinó.

En el 4 se escapó al primer búnquer que protege el green por la izquierda y delineó una salida del arenal magistral, pero no supo embocar desde un par de pasos y le cayó el bogey. En el siguiente también dispuso de un radio de acción asequible, unos cuatro metros, y la bola le hizo un quiebro a su objetivo. Lo mismo que en el putt de eagle que buscó en el 6 y quedá rebajado a birdie. Recuperado el -6 con que arrancó, la cabeza del torneo mostraba entonces un quíntuple empate a -8 entre Kisner, Schauffele, Simpson, Thomas y Casey. Hacía la goma y se mantenía al rebufo.

Para cuando cerró el primer bucle, su optimismo subió varios tonos con el birdie al 9 tras un hierrazo en el par 3 que depositó la bola a un metro de la diana. El -7, sin embargo, quedó relativizado por el arreón que pegó Casey en la general robando cuatro golpes en tres hoyos (-11). Por el camino se había quedado descolgado Dustin Johnson con una salida en falso en el 1. Un doble bogey inverosímil tuvo la culpa después de que no fuera capaz de mover más de un metro la bola desde el rough de green y enviando el siguiente golpe a bandera ocho metros más allá de la cazoleta.

Pero algo flotaba en el ambiente que indicaba que Jon Rahm no era el de las mejores tardes. Así, erró en el 10 una de las banderas sencillas de East Lake y aunque se reinventó en el 13 recibió la puntilla con bogeys inesperados en el 14 y 15. No contaba con ellos porque eran peligros salvables. En el primero se envalentonó en otra salida de búnquer. Apuntó a trapo y le quedó un putt complicado no convertido por un dedo. Y en la siguiente visita a la isla desde los ocho metros necesitó un tripateo que definitivamente le desarmó.

Como nunca se resiste, adecentólos números en el 17 para no ceder ante el campo enla jornada de ayer y en el 18 echó el resto en busca del eagle, que tras el primer golpazo cobró forma para luego diluirse. Al final, al par en el día para mantener el -6, que le aleja media docena de golpes de Casey. En la proyección, el inglés se adjudicaría la FedEx Cup y Rahm mantendría la quinta plaza que trajo. Hoy saldrá al campo con Jason Day, con el que comparte laséptima plaza provisional en Atlanta. Por su parte, Sergio García hizo -2 en el día y se coloca con -3 empatado en el puesto 15.

La frustración no le apartó de su cita con los aficionados. Ni uno se fue sin su autógrafo de recuerdo y los más jóvenes le arrancaron una sonrisa. «Siempre viene bien ver a los más jóvenes con la ilusión que tienen hacia ti, juegues bien o mal. Ha sido un día duro que ha acabado al par y podía haber sido mucho peor. Se han ido sumando las frustraciones y se han apoderado un poco de mí. Estamos un poco lejos del liderato pero a ver si mañana va mejor». Para explicar sus sensaciones, Rahm dijo que «no es estrés, es la rabia y la frustración de que no salgan las cosas. Los dos primeros días creo que hice las cosas muy bien y hoy (ayer) ha sido más complicado. No he conseguido arrancar. Los cuatro primeros hoyos con pares sin pegar buenos golpes, un bogey al 5 y luego con el birdie al 6 ya ha arrancado la vuelta. Cuando parecía que iba mejor con birdie al 9, bogey al 10 que es uno de los más fáciles del campo. No he conseguido despegar del todo».

Séptimo en la general, a seis golpes de Casey, no tira la toalla y este domingo sólo pensará en una cosa. «En ganar. Yo juego para ganar. Mañana (hoy) vendré a ganar, si no no vendría. Luego, si no se gana, acabar lo mejor posible».

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