Golf

Los putts minan la ambición de Rahm

AFP

Termina con el par un recorrido en el que solo en un hoyo no estuvo en el green con oportunidades

IÑIGO GURRUCHAGARoyal Birkdale

«En el golf los putts a veces no entran y hoy me ha tocado a mí», decía Jon Rahm tras concluir ayer un recorrido que le deja sin grandes ambiciones en la última jornada de The Open. Su última aventura en los greens, ante las gradas de espectadores del 18, comenzó con un approach que dejó la bola en el borde de la izquierda, desde donde lanzó un putt rápido, que tocó la boca del hoyo antes de alejarse. El pateo de regreso tampoco entró y Rahm anotó el único bogey del día.

Eran las 16.25, hora británica, los cielos estaban en ese momento despejados, la temperatura era calurosa, una leve brisa agitaba las banderas de la grada. Desde que había salido del vecino tee del 1 con Kevin Na, habían pasado casi cuatro horas. Y, aunque el golfista de Barrika decía después que en el green del 18 había actuado con la precipitación de quien quiere marcharse, había demostrado de sobra su deseo de entrar en la batalla.

A nueve del líder

La posibilidad de lograrlo era remota. Comenzar la jornada con +3, nueve golpes más que el líder, significaba que desde Jordan Spieth hasta la pareja número veinte- la de Na y Rahm- tenían que fallar muchos rivales para que se abriese la puerta a otros. Brendan Grace, un sudafricano que sumaba un golpe más, +4, en el primer tee del viernes, mostró la senda, pero su recorrido de 62, el más breve en la historia de los torneos mayores, parecía único.

Lo que estaba haciendo Grace confirmaba la evaluación del propio Rahm sobre cómo el campo del Royal Birkdale había reducido su desafío en una mañana clara, con vientos suaves. Creía después que el campo estaba para hacerle un -3. Él comenzó atacando todas las banderas. En el hoyo 2, un par 4 de 380 metros, salió con una madera 3 hacia el rough de la izquierda y de allí al búnker de entrada en el green, a unos 25 metros de la bandera.

Ovación

Recibió allí la primera ovación del día por la manera en que salió de allí. Una voz española dijo «¡eres el mejor», la primera también entre las voces de ánimo que le alentaron en su recorrido, con 'vamos, jon' o 'aurrera, jontxu, e incluso con un 'come on, Rambo'. Lo que no sabían aquellos pioneros de los vítores a Rahm en el 2 es que ese sería el único green que no alcanzaría con posibilidad de patear para birdie en toda la jornada.

Esa es la medida quizás más ilustrativa de cómo un recorrido que por la calidad de los tiros de Rahm desde el tee y desde la calle podría haberle dejado entre los veinte primeros se difuminó en el green, donde ocurrió algo que sucede en el juego del golf y que el vizcaíno no quería complicar con explicaciones rebuscadas. «Si juegas un día mal, olvídalo», recomendaba el sabio profesor de golf en la Universidad de Texas, Harvey Penick, en su 'Pequeño Libro Rojo'.

Su birdie

El juego general de Rahm no fue en absoluto malo. Decía después, por encontrar alguna explicación adicional a que un día no entran los putts, que quizás había 'leído demasiado' los greens; es decir, que había visto cosas que no existían en su empeño por analizar las ondulaciones e inclinaciones para trazar la línea correcta hacia el hoyo. La calamidad con el putter empezó en el primero, en el que se quedó corto por no mucho más de diez centímetros.

Su único birdie llegó en el 5. Es una pata de liebre que se dobla como las agujas del reloj a las cinco y cinco, con una duna de unos cien metros de largo en la derecha de la estrecha calle, de poco más de veinte metros de anchura. Es un par 4 con 312 metros de longitud. En los días previos, los golfistas han tirado hacia la curva de la calle, intentando cruzarla lo más cerca posible del green para evitar un largo hierro.

Rahm fue afortunado el jueves, porque su tiro transversal fue largo, pegó en la base del andamiaje de la grada y rebotó a la calle. En esta ocasión, sin el viento fuerte y revuelto de la víspera, tiró con el driver directamente al green, por encima de la duna y de los búnkeres que defendían la bandera. La bola botó en el green, se fue a la ladera trasera y rodó cuesta abajo hasta detenerse en el collarín. El putt para eagle cayendo hacia el hoyo quedó corto, quizás por el efecto de las lluvias nocturnas.

Rahm vuelve a recorrer este paisaje de litoral, con dunas cubiertas de hierbas y arbustos, alguna hilera de pinos recientes. Ya no es sensato hablar de una victoria en The Open, entre cuyos favoritos se contaba. El pronóstico del tiempo dice que será otro día plácido, con algún chubasco, como despedida del golf británico de links.

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