Jon Rahm, preparado para el fin de fiesta

Juego sólido del golfista de Barrika para acabar con -3 en Dubai en una primera jornada sin sobresaltos

J. M. CORTIZASENVIADO ESPECIAL. DUBAI

¡Bravo Jon! Es el propio Sergio García el que reconoce el buen segundo golpe de Jon Rahm en el hoyo 8. Camaradería en el partido con el que ambos mostraron sus credenciales en Dubai. Rahm fue con Pablo Larrazábal el mejor español (-3) en una jornada sin sobresaltos en la que la compañía del ganador del Masters supuso un plus de motivación. Quizá de haber ido más de la mano al principio la exigencia hubiera enriquecido a ambos, pero mientras el vizcaíno sólo tardaba cinco hoyos en anotar sus dos primeros birdies, el castellonense lastraba su tarjeta con bogeys al 1 y al 2. Pero una vuelta da para tanto que ambos acabaron separados por un golpe.

Quería Rahm darse una capa de autoestima extra tras haber sufrido mucho en Valderrama (anímicamente) y en China (en lo físico). En su caso, disfrutar por jugar bien al golf, por encontrar la relación de altura, fuerza y distancia en su juego largo y la eficacia del orfebre cuando la sutileza es la que limita el swing. Ayer tuvo de ambas. Diez calles conquistadas son la demostración que pegó lo suyo. Y un ramillete de approachs con el chip como sello de autenticidad. Ese reflejo dorado ajeno al resto de los hierros hechizó la bola para colocarla casi donde quiso. Como en el 2, cuando desde 15 metros la facturó a tres dedos de la cazoleta. Perfecto prólogo para su primer birdie.

Lo repitió en una salida de búnquer en el 3, para salvar el par con un putt de metro y medio, y lo bordó en el 4, el primer par 3 del día, que fue el formato que no acabó de domar. Desde el arenal, golpe medido. Todo el peso adelantado al pie de apoyo, el izquierdo. El corto vuelo estuvo a punto de acabar engullido directamente por el hoyo. Rebotó suavemente la bola en la base del palo de la bandera y se quedó asomada a su destino inapelable. Se resarció después para establecer el-2 con un trayecto de manual: calle, green y putt de tres metros.

Varias bolas siamesas demostraban que Rahm y García querían llegar al green del 18 con el tintero vacío. Pero en las distancias cortas era donde el de Barrika, inesperadamente se quedaba contando los pasos. Segundo par 3, el 6, y tripateo para la primera muesca negativa. Tuvo mucho que ver la querencia al pushing que llevó varias bolas directas a la derecha desde su golpeo inicial. Vuelos sin corrección. Salen así y resultan indomables. No tuvo esa repercusión en el juego, pero sí hubo dos o tres ejemplos manifiestos que le alejaron demasiado de una llegada en condiciones al green.

Y también hubo genialidades, esas recuperaciones que Jon Rahm podría ir recopilando para convertirlas en temario de master class. Una coctelera con un hoyo envenenado, con salida al rough por la izquierda, más una visita al búnquer y un approach que se marcha un pueblo lejos por falta de retroceso. Tras agitarla como él sabe, sirve el resultado en un putt letal de18 metros que desaparece sin rechistar del tapete.

Iban pasando las banderas y en torno al partido el español era un idioma también identificable de cuerdas afuera. Amigos de Larrabea que casi nunca le faltan allá donde juega, españoles afincados en Dubái -los hay por cientos-, getxotarras con morriña, «aunque aquí se vive de lujo», otro castellonense para repetir también en el público la procedencia de los dos gallos que competían en el segundo pulso estelar. Todos encantados con el lujazo de tener tan a su alcance al ganador del Masters y al ‘Enfant Terrible’ del golf de pago. Y sin la marabunta que se espera el sábado y domingo en el Jumeirah Golf States.

Patrick Reed al frente

No defraudaron. Aunque se quedaron a cuatro y cinco golpes de Patrick Reed -líder en solitario con siete bajo par-, fueron trufando la hora de la sobremesa con la calidad que les define como jugadores de otra galaxia. Lo son los que flirtean con los diez primeros puestos del ranking mundial. Dos bolas que se quedaron haciendo equilibrio en el debe de Rahm. Tres de Sergio que le hicieron la cobra al agujero. El castellonense llegó a marcarle el camino cuando en el 10 y 11 comenzaba a facturar en rojo. Pero el vizcaíno no había dicho su última palabra. Regresó de otro encuentro torcido con un par 3 (13) para firmar sus dos birdies definitivos en el 15 y el 18, en el que un tercer golpe para enmarcar le permitió recrearse con el putter.

Tras ellos llegaron Rose y Fleetwood. El líder del Race to Dubai acabó con +1 mientras el sudafricano de nacimiento, que viene en el tramo final del curso como un obús, es segundo con -6. Lo dicho, el fin de fiesta promete diversión.

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