Rahm y los consejos de ida y vuelta

Jon Rahm./AFP
Jon Rahm. / AFP

El de Barrika inicia mañana su segundo Masters en un campo al que cada uno debe vencer a su manera

josé manuel cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Amanece lloviendo en Augusta. Las previsiones aquí son dardos que se ceban con la diana. No dura mucho, pero la intensidad recuerda un frente longitudinal que llevó hasta Kentucky la peor parte en forma de tornados. En esta parte de Georgia se levantó el viento, un elemento habitual del atrezzo y, desde hoy, del espectáculo. Las banderas flamean y eso inquieta a los jugadores porque lesobliga a pensar, a cambiar. Y pocas cosas hay peores en un deporte de precisión que tener que alterar ese golpe tantas veces repetido en la mente. Claro que cada uno lo lleva a su manera.

En el caso de Jon Rahm, la jornada previa a su segunda tentativa de conquistar la chaqueta verde -se parte de la premisa de que todo jugador quiere ganar- le llevó al campo de prácticas antes de hacer los nueve primeros hoyos en compañía de Rory McIlroy, con quien hoy se pondrá en marcha completando Adam Scott el trío a las 19.38 (hora española). Y para cerrar el día, sonrisas, desahogo y showtime en el torneo de pares 3 junto a Nick Faldo en el que el de Barrika llegó a dejar una bola colgada de la cazoleta, a un dedo del 'ace' (hoyo en uno) y otra le hizo la cobra al agujero con una corbata de doble nudo.

Bajo el árbol centenario de la casa club, cuyas semillas nos llevaremos todos de recuerdo en ropa y cabeza, el vizcaíno saludó a David Abeles, mandamás de TaylorMade (que le nutre los palos de su bolsa), y habló de su último pálpito antes de que empiece la función. «Tengo buenas sensaciones. Estoy contento con mi juego, muy tranquilo. Tengo un gran grupo mañana (hoy) con dos grandes personas, dos jugadores increíbles». Y reiteró que este Rahm presenta otro trazo al debutante en 2017. «Es un año completamente diferente. Yo soy diferente, he crecido mucho desde entonces. Hay momentos en los que quiero seguir entrenando y hora sé que no es bueno para mí seguir haciéndolo. Por eso me he tomado este descanso en las últimas semanas. Física y mentalmente soy muy diferente al año pasado».

Con capacidad para hacerlo, se ha trabajado el Augusta National hasta descubrir la mayor parte de sus secretos visibles. «Si he venido tanto es porque quería estar cómodo con el campo y con los golpes que no tenía tan claros. He venido siete días. Es normal, la media de la gente es de cinco o seis veces». Pero no jugó con tarjeta abierta, aunque apuntó que «el lunes pasado hacía un frío de cojones, cinco grados con viento, y creo que hice menos dos. Y de los profesionales que estábamos aquí fui el que menos hice. Pero el campo era muy diferente, mucho más lento».

Rahm ya sabe lo que se jugar cefca de Tiger Woods, lo que supone para la falta de tranquilidad. Lo vivió yendo por delante en Torrey Pines. Esta vez se libra, de momento. «No lo voy a ver, a no ser que juguemos juntos el fin de semana. Suerte que me ha tocado en el lado contrario, con él y Sergio jugando a la misma hora, va a ser un cristo por la mañana. Es difícil jugar con él o por delante por la atención que lleva, pero hay que tener claro que todos le están mirando a él».

Con quien no le importa jugar, al contrario, es con Rory McIlroy. Se lleva estupendamente con el norirlandés y ver a ambos avanzar por la avenida en bajada de la calle del hoyo 1 bien podía ser una imagen que se reptirá en la Ryder Cup. «Con Rory me llevo muy bien, acabamos de jugar ahora juntos.Tengo muchas ganas de preguntarle cosas sobre la Ryder, sobre todo. El ganó su primer Grande a los veintiún años, número 1 delmundo a los veintidós, jugó la Ryder muy joven. Me puede dar algún consejo de cómo puedo llevar las cosas. De momento no me ha dicho mucho. De la Ryder sí me ha comentado que me voy a divertir, que es bueno que la primera sea en Europa porque cada vez que dé un buen golpe el público me va a apoyar. Aunque en las que se lo ha pasado mejor han sido en Estados Unidos».

Consejos de ida y vuelta. Todo jugador joven los pide, los busca, los necesita. Pero en escenarios como el del Masters no acaban de ser eficaces. «Los sigo pidiendo, pero me doy cuenta de que van todos a lo mismo. Hay mil maneras de jugar el campo y tienes que buscar la mejor que te vaya a ti. Desde Tiger a cualquiera te dicen cómo lo juegan ellos y tú tienes que jugarlo para ti».

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