Rahm aguanta hasta la última vuelta

Jon Rahm choca el puño con los aficionados camino del tee de salida del 7, tras firmar su primer birdie del día./AFP
Jon Rahm choca el puño con los aficionados camino del tee de salida del 7, tras firmar su primer birdie del día. / AFP

Se mantuvo los primeros nueve hoyos con opciones de acercarse a los líderes del Phoenix Open y perdió el paso al necesitar arriesgarlo todo

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

La jauría tenía hambre. La llegada al día de la verdad desató los apetitos más voraces en el Phoenix Open. No es que Jon Rahm decidiera hacer dieta. Sencillamente para cuando arrancó con un bogey, la manada llevaba ya tiempo repartiendo tariscos. Y como no es inusual en estos casos, los jugadores a los que seguían los focos fueron dejando paso a gladiadores de tumba abierta. Sólo Chez Reavie, compañero de viaje del de Barrika y de Rickie Fowler en el partido estelar mantuvo el tipo casi hasta el final, pero careció del ritmo de caza necesario para alcanzar a Gary Woodland cuando el sociólogo de Kansas llegó al grupo de cabeza con cinco birdies en el ‘front nine’ y creyó sentenciar el torneo repitiendo resta entre el 15 y el 17 para caligrafiar en su tarjeta un -18 que olía a victoria hasta que Reavie forzó el play-off.

Las expectativas de Rahm toparon con una jornada de golf menos inspirada de lo que imaginaba. Dos envíos al rough en el hoyo 1 le pusieron en la tesitura de comenzar con los putts apremiantes a la primera de cambio. Necesitaba uno de cuatro metros para no alterar tan pronto su tarjeta, pero no embocó. Estaba muy centrado en el partido estelar que nace con medio cuerpo de ventaja para que salga de él el ganador. Cumplía con los pares mientras Fowler asaltaba la segunda bandera y Reavie les ponía nerviosos con un eagle al 3 que le confirmaba como líder provisional. No era mala situación tener la rueda a seguir siempre a la vista, pero necesitaba reaccionar.

Con esa carga de tensión añadida, el vizcaíno trataba en vano de refrescar su juego anterior. No se alejaba mucho del trayecto favorable entre salida y green, pero los putts de medio metraje aterrizaban en coordenadas complejas para la gesta. Aún así, nunca dejó de ser agresivo para intentar reengancharse a la manada. Su tesón tuvo premio porque en el 6 y el 8 abrió la lata de los birdies. Un gran putt de ocho metros y un descomunal segundo golpe que facturó con el putter desde tres pasos. Llovía menos, mucho. Con -14 retornaba a dos golpes de la cabeza. Y quedaba un mundo.

El primer freno le llegó con una visita a la arena en el 9 y siguió con una corbata en el 10 cuando ya apretaba el puño para festejar el hipotético -15 que le hubiera permitido definitivamente alcanzar el rebufo de los rivales que le precedían. Sintió que las opciones se le escapaban y cuando eso sucede lo tiene claro. Apuntar a trapo, arriesgar, echar el resto de lo que le quede. Quizá habrá torneos en que pasados los días, analizado su proceder, vea que con algo más de mesura ante un intento de remontada más que complicado habría garantizado mejores resultados y dividendos. En esos instantes le da igual. Y hasta que un campo le da con el mazo su objetivo se mantiene en ganar, aunque sea en situaciones quiméricas.

Las leyes de Murphy

Dos malas salidas se cruzaron en su camino y entonces ya sí concluyeron sus opciones de ganar en casa. En el 11 se fue a un arenal ajeno a las trampas. Fuera de calle, tras un maldito arbusto que confirma que las leyes de Murphy siguen en vigor. Mal arreglo, con la bola descontrolada camino del búnquer. Paró en el fringe y desde ese recorte del perímetro del green embocó. Maestro.

Repitió salida en falso en el 12, más arena en vez de madera y el approach no resultó eficaz. Segundo bogey del día. Fue como abducir la levadura del pastel en el horno. Se vino abajo el resultado, que no el trabajo. A la desesperada quiso resarcirse, pero el TPC le pasó factura. Puede que también la conclusión del tercer torneo consecutivo que disputa. Bogeys al 15 y 16 y birdie al 17 para demostrar que no se rinde, ni con grilletes puestos.

Puesto 11 compartido que le mantiene segundo en la FedEx Cup que ordena a los seguidores del Circuito Americano. Y de Phoenix a Pebble Beach para cerrar el ‘West Coast Swing’.

Cuarto torneo seguido que necesita de un play-off

Los aficionados están de enhorabuena por cómo se están solventando los torneos del PGA Tour esta temporada. Ayer, en Scottsdale, fue el cuarto evento consecutivo que necesitó de un desempate para dilucidar quién recibía el jugoso cheque de más de un millón de dólares. De hecho, se estaba disputando a la hora de redactarse esta información. Aunque ese plus entró de lleno en la competencia del horario televisivo de la Super Bowl no se movió un alma del TPC, un recorrido que de nuevo no ha dejado indiferente a nadie. También Jon Rahm tuvo que pasar por el desempate para adjudicarse el título dos semanas atrás en La Quinta, cuando alzó el trofeo del CareerBuilder en Palm Springs. Y una semana atrás, Jason Day acabó con Alex Noren en otro extra que tuvo que ser llevado al lunes por falta de luz.

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