El putter vuelve a frenar a Jon Rahm

Rahm se prepara para chipear en la jornada de este viernes/AFP
Rahm se prepara para chipear en la jornada de este viernes / AFP

Mejora hasta -5, pero en la proyección de la FedEx Cup sigue fuera de su objetivo de conservar la quinta plaza PGA

J. M. CORTIZAS

Sigue el putter de Jon Rahm sin procurarle el protagonismo que merece. Como el jueves, este viernes volvió a quedarse sin una recompensa justa por juego, calidad y constancia. Trabajó a destajo de tee a green, solventó con maestría la salida de los cinco búnquers que visitó, se procuró hasta once situaciones en las que el birdie no cayó por un margen inferior a un metro, en la mayoría de casos con la bola pasando o quedándose a la anchura de dos o tres dedos. Por momentos iba desencajando su gesto cada vez que pisaba el tapete que supone la hora de la verdad, la apuesta final en cada hoyo. Líneas magistrales, la base de la bandera registrada como el epicentro de la diana. Ahora medio palmo corto, ahora la bolita que rueda físicamente sobre el perfil del agujero. Segundos y terceros golpes absolutamente favorables, remarcando la ley del approach. Y en el sprint, en esos últimos centímetros, no había manera.

Se quitaba la gorra, cruzaba las manos tras su nuca para así tenerlas ocupadas y no darle un mandoblazo al palo. ¡Qué desesperación! Buenas lecturas en las caídas y una brizna de hierba modifica el rumbo. Y a cada revés reaccionaba con el genio que le caracteriza desde el tee de salida o los segundos golpes, sin duda lo mejor de su repertorio hasta la fecha en esta tercera cita de los play-off del Circuito Americano en el BMW Championship. Su ímpetu al servicio de una remontada en la clasificación que pretendía, más que aspirar a alcanzar a los mejores siempre distantes con actuaciones antagónicas en efectividad a la suya, minimizar los efectos de rivales que le han adelantado por la derecha en la FedEx Cup y por el momento le están apartando de la posibilidad de llegar la próxima semana a Atlanta entre los cinco primeros que dependerán de sí mismos en la gran final de la PGA.

Esas miradas directas a los paneles informativos suponen la dosis extra de presión que se soporta en este sistema de competición. Este viernes era Cantlay el que metía la directa con cinco birdies en el ‘front nine’ que le proyectaban como quinto clasificado temporal, mientras Leishman, héroe el jueves, aún no había comenzado a jugar. Rahm era séptimo en las previsiones de la FedEx Cup, llegó a caer a la octava plaza y no había manera de que su tarjeta recibiera las primeras anotaciones en rojo. Es más, como la víspera, la cadena de pares la rompió en el hoyo 5 con un bogey que fue un preaviso de que está llamado a soportar lo que le venga en Lake Forest. Erró un putt de 40 centímetros, corbata en el lote.

Estaba cerca de su tramo talismán del jueves, donde clavó tres birdies seguidos entre el 7 y el 9. Cumplió con el primero. En el segundo la bola le vaciló quedando clavada a un meñique del hoyo y remató la trilogía con otro putt que no acabó bien por un par de centímetros. Mientras, en su propio partido, el golf reflejaba sus caprichos. Matsuyama podía abrir una tienda de corbatas con todas las que sufrió cuando creía haber embocado y Fowler se venía arriba con una estrategia diferente a ambos, menos caudalosas sus salidas, pero más certeza para procurarse putts cercanos. Para entonces, en el horario matinal, la estrella del día era Jason Day.

‘Ace’ de Jason Day

Hasta el hoyo 7 no equilibró su cuenta del día y en adelante lo suyo fue sencillamente escandaloso. En trance, daba igual la distancia, el australiano, que se ha apuntado a la moda de cambiar de caddie, Activaba la máquina de anotar en rojo y culminaba su tremenda actuación con dos eagles en el 14 y el 17, con el premio, nunca mejor dicho, en este segundo de anotarse un ‘ace’, un hoyo en uno que hace crecer su flota automovilística, al tiempo que llegaba a la casa club con -13, el mismo rango que acabaría también firmando Rickie Fowler como compañero de Rahm.

El vizcaíno perseveró. No le quedaba otra que forzar la mandíbula y así pudo regenerar su confianza. Un approach corto en el 10 prologó su nueva andanada. Hierrazo a green en el 11 con un putt posterior que se va 40 centímetros; línea perfecta pateando desde 13 metros y la bola se frena a menos de un palmo del objetivo en el 12; y magia en el 13. La salida se fue al rough, junto a una tribuna. Pidió incluso al público de las primeras filas que se retirara para buscar una genialidad. Con el ángulo casi ciego envió la bola desde 108 metros para procurarle un aterrizaje a dos metros y medio de la bandera. Ese birdie le hizo echar el resto. No importó que su siguiente salida se fuera a uno de los búnquers que protegen el green. El approach desde la arena dibujó un trayecto de 18 metros hasta quedarse a uno del hoyo. Otro birdie al que siguió el tercero de esa minicuenta en el 16.

Al final del día presentó una tarjeta con cuatro birdies y un bogey para 68 golpe. Su -5 global está lejos de la cabeza que a la hora de redactarse esta información ocupaba Leishman con -14. Tiene dos días para seguir mejorando y compaginar su escalada con la merma del citado australiano o Fowler, que son en la actualidad quienes se interponen en su objetivo de mantener el quinto puesto en el FedEx Cup.

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