«Me preguntaban cuándo dejaría el esquí, pero yo soñaba con una medalla»

Ilusión. Del Campo, con un esquí de su patrocinador, en la tienda Eurosport de Bilbao./LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Ilusión. Del Campo, con un esquí de su patrocinador, en la tienda Eurosport de Bilbao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Juan del Campo - Esquiador olímpico vizcaíno

Empeñado en llegar a la cima, un top 15 o top 20 colmarían las expectativas del joven de Mungia, que con 23 años correrá en gigante y eslalon en Pyeongchang

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

La travesía del desierto del esquí hispano limita las expectativas de sus representantes a un top 15 o top 20 en los Juegos de Invierno que empiezan mañana en Pyeongchang. Y aún así no es tarea sencilla para Juan del Campo (Mungia, 23 años), uno de los dos competidores de España en las modalidades alpinas (el otro es el catalán Joaquim Salarich). Campeones nacionales en dos ocasiones, de la misma edad y con una incipiente experiencia internacional, ambos van a vivir su estreno olímpico en Corea del Sur. El vizcaíno correrá el 18 de febrero en gigante (2.15 hora española) y el 22 en eslalon (5.45), enfrentado en ambos casos al lastre que supone su escaso palmarés, ya que rebaja su ránking y le obligará a salir detrás de medio centenar de rivales que le dejarán la pista triturada. Es el hándicap que afrontó en 2017 en la prueba de la Copa del Mundo de Kitzbühel (Austria), pero entonces no le impidió quedar el 32, el mejor resultado de un esquiador masculino español en tres décadas. Por 19 centésimas no quedó el 30, lo que le hubiera dado el pase a la segunda manga.

- Hubiera sido su oportunidad.

- El que queda en ese puesto sale luego el primero en pista nueva e intenta escalar posiciones.

Ése es el ‘muro’ que Del Campo quiere hacer añicos en Pyeongchang para colarse entre la élite, algo que se ha convertido en su obsesión. Entrenado en su día por la también olímpica vasca Ainhoa Ibarra, y a la busca patrocinadores económicos que le permitan materializar su proyecto, el esquiador vasco atendió ayer a EL CORREO en un acto promocional organizado en la tienda de deportes Eurosport de Bilbao. Fue el prólogo de su gran cita en Corea, primera etapa de un proyecto personal que, a largo plazo, apunta a la Olimpiada de Pekín de 2022.

- La suya es una carrera de fondo, y ya ha recorrido un largo trecho para estar en los Juegos.

- Cuando empecé con 3 y 4 años, y de chaval, el esquí no me obsesionaba como ahora. La pasión de ganar y ser el mejor surgió con el tiempo. Hubo un año en que la federación nos proporcionó un programa, pero el equipo se disolvió. El esquí es un deporte caro y no es fácil encontrar una pista para ti solo, que la puedas marcar; tener los medios para entrenar. Muchos lo dejaron para ir a la universidad, pero yo me busqué la vida. Fui con equipos autonómicos, con el de Andorra, con equipos de otros países que me acogían. Me costeaba los gastos, tenía la ayuda de mis padres y tiraba con otras ayudas externas que iba consiguiendo. Fueron años difíciles. Competía como podía; pasé tiempo vagando solo. Mis amigos me preguntaban cuando dejaría el esquí, pero yo soñaba con ser el mejor y con ganar una medalla. Ellos creían que cuando me iba a Italia me dedicaba a hacer turismo.

- Usted asegura que con el actual staff de la Federación Española de Deportes de Invierno cambió ese escenario. Hay un programa fuerte para que los esquiadores puedan medirse internacionalmente.

- Se lo han currado un montón. Antes cualquier talento que salía se quedaba en el camino. Cuando empecé con ellos tenía 18 años y entrenaba con muchísimas ganas, pero no sabía cómo. En este deporte se gana por centésimas y hay que pulir los detalles al máximo. El trabajo físico no te lo puedes ni imaginar. Ahora se están viendo los resultados. En el equipo (de esquí alpino de la federación) todos estamos mejorando en la técnica, el nivel físico y mental... No hemos puntuado en la Copa del Mundo, pero es que hay que moverse en los treinta primeros... Y eso ahora mismo significa ser un muy, pero que muy buen esquiador. Significa que estás a un segundo y medio del primero, del austriaco Marcel Hirscher, que es una leyenda viva y esquía al máximo nivel desde los 8 años.

PALMARÉS

Triunfos en España.
Campeón estatal de Supergigante en 2015 y de eslalon en 2016.
Experiencia internacional.
Compitió en los Mundiales de Saint Moritz en 2017 y ha participado en pruebas de la Copa del Mundo. Su mejor puesto (32) fue en Kitzbühel en enero de 2017.

En asfalto o en barro

- En las pruebas de la Copa del Mundo, los españoles salen entre el puesto 40 y el 60 ó 70. Eso no ayuda a aproximarse a las figuras.

- Es que cuando tú vas a empezar te encuentras con que la pista la han machacado entre cuarenta y sesenta tíos delante de ti. Está destrozada y vas más lento; es la diferencia entre circular por una carretera recién asfaltada o por una carretera llena de barro y de piedras. Debes bajar mejor que ellos.

«Muchos dejaron el esquí para estudiar, pero yo me busqué la vida. Competía como podía; vagué solo»

- Teniendo clara esa circunstancia, ¿cuál es su listón en Pyeongchang?

- Hay que ser pacientes. Si hubiera contado con el programa (de la federación) cuando tenía 10 años... Pero nuestro equipo va hacia delante. No vamos a ser un Rafa Nadal, porque hemos empezado más tarde, pero puede ser que con 27 años lleguemos a los Juegos de Invierno de Pekín, en 2022, y entonces nos juguemos una medalla de verdad. En el equipo de la federación hay otros dos componentes cuatro años más jovenes. Uno es Albert Ortega, de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), y el otro Aingeru Garai, de Galdakao. Han empezado más jóvenes con el programa y eso seguramente les va a permitir llegar más lejos. A mí y a Quim Salarich (el otro olímpico) nos hace ilusión tirar de este proyecto.

- Y también sentir lo que es una Olimpiada.

- La medalla es un sueño que tengo desde que era niño, y es lo que me empuja, pero ahora mismo no se puede materializar porque los demás están en un nivel estratosférico y hemos de acercarnos poco a poco. Mi objetivo personal en Pyeongchang es acabar mis dos carreras de gigante y eslalon diciendo: ‘No me dejado nada en la pista. No he pecado de asegurar. Lo he hecho todo’.

El objetivo es acabarmis carreras diciendo: «‘No me he dejado nada. No he pecado de asegurar’»

- Ese deseo se traduce, a la postre, en dar un paso más que en Kitzbühel. Entrar en el top 30 y pasar a la segunda manga.

- Y entonces ya sales el uno, el dos o el tres en pista nueva, y tienes opción de jugártelo todo, ir al límite, hacer una muy buena bajada y recortar posiciones. Aunque los que vienen detrás no son cojos. Para un top diez tendrían que alinearse todos los astros, pero un top 15 o un top 20 no es ninguna tontería. De lejos sería uno de los mejores resultados que habríamos hecho. Nos ayudaría a ganar experiencia y creernos que estamos cogiendo a los de arriba. En la siguiente Olimpiada (2022) tendremos que ir con todo, pero ahora... Algunos ganaban a mi edad (Hirscher conquistó su primera Copa del Mundo con 23 años), pero la mayoría de los rivales son gente de 27 o 28 años. El esquí es rodaje.

- ¿Conoce el medio donde va a competir en Pyeongchang?

- A principios de enero fuimos a Corea de Sur a correr varias pruebas. Hace 25 grados bajo cero todo el día. La nieve es muy seca, muy agresiva. Nos hemos adaptado a las condiciones que vamos a encontrar. Hemos trabajado duro y estoy convencido que eso tendrá recompensa.

«El esquí alpino sigue siendo el rey»

- ¿Cómo llevan los esquiadores alpinos que el abanderado del equipo olímpico español sea la estrella del snowboard, el donostiarra Lucas Eguibar?

- El esquí alpino sigue siendo el rey en los deportes de invierno. Aunque no España, porque el ‘snowboard’ tiene ganadores, y eso es lo que arrastra a la gente. Sólo cuando estás arriba todo el mundo te conoce. Yo entreno con Lucas en San Sebastián, con la misma entrenadora, y es un competidor nato que ha trabajado muy bien. Soy el primero que le anima. El suyo es un deporte relativamente nuevo, y quienes se han profesionalizado muy pronto han obtenido mejores resultados y más rápido. Pero no dudo que a los de esquí alpino nos llegará nuestro momento.

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