Phoenix excita al Jon Rahm más agresivo

Rahm avanza por la calle del 17 mientras sus seguidores le animan con una bandera del Athletic. /J. R.
Rahm avanza por la calle del 17 mientras sus seguidores le animan con una bandera del Athletic. / J. R.

Acechaba el liderato con una mezcla de golpes mágicos y mala suerte cuando envió dos bolas al agua en el 15 y el 17

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Como jugar en cemento. Hay una gran diferencia entre ponerse en marcha en los primeros partidos matinales o hacerlo con la temperatura ya estabilizada en el termostato del día. El jueves Jon Rahm pisó un firme más frondoso, que implicaba mayor capacidad para domar la bola. Ayer el peligro acechaba en forma de pérdida de control, con unos greens duros en los que el simple sonido del impacto confirmaba que no había término medio. Ser agresivo y apuntar al trapo, con la posibilidad de irte largo una y otra vez o pecar de precavido y posiblemente enlazar putts que comprometen los pares. El gran dilema.

El de Barrika lo tiene claro. Más al amparo del aroma que le es familiar porque juega en casa. No se ganan torneos desde la retaguardia. Hay que salir de las trincheras y a ello se encomendó durante casi cinco horas de emocionante golf en las que pasó por todos los estados de ánimo del catálogo para cerrar el día con un balance de -7, compartiendo el octavo puesto y a tres golpes de Rickie Fowler cuando aún quedaban varios partidos abiertos que podían alterar la clasificación.

Siempre tuvo claro que la modorra no va con él, que no quiere ni sabe jugar en modo conformista. Menos aún cuando no tiene motivos para hacerlo. Sus dos primeros golpes se quedaron cortos de yardas respecto a los de la víspera. Podía ser una señal de cautela, pero no fue el caso. De nuevo sobresaliente su juego de tee a green, no necesitó que sonara el despertador. Partía al mediodía y con ganas de empezar a recortar distancias lo antes posible. Nada mejor que hacerlo en el primer hoyo con un birdie fruto de esa maestría que tiene para presentarse en dos impactos con la bandera a tiro en los pares 4.

Las tres siguientes le sirvieron para calibrar, para ajustar su mecánica de juego. Sentía que le tocaba mover ficha y recordó que la víspera encontró premio en el 5. Opción siamesa. Segundo trapo arrebatado en el día y al mismo hoyo en el balance del torneo. Los jugadores, como expertos que son, saben dónde les puede resultar más factible llenar las alforjas. Iba a decir sencillo, pero este deporte tiene poco de eso.

Después de su aciago fin de semana en California, aquí testa el control de su paciencia. No puede permitir que su juego se vea afectado por brotes de ansiedad, por otra parte entendibles cuando, como le pasó a continuación, la bola y él parecían dos amantes enfrentados. Metió una marcha más después de haber estabilizado las lecturas de los greens. Y se topó con esa incredulidad que lleva a los jugadores a creer en brujas. La secuencia tuvo miga. Un putt de 12 metros que se queda a medio paso; otro de 11 que frena a 20 centímetros; de nuevo a medio metro otro remitido de 15 metros; y para acabar la serie uno de 6,5 que se detiene a un palmo y el del hoyo 10, paralizado a un dedo tras 14 metros recorridos.

Fue como si en cada putt fuera ajustando más sus brazos hasta convertirlos en una máquina letal. Y la excitación hacía aflorar al Jon Rahm más agresivo, el que para bien o para mal nada deja en el tintero. El penúltimo aviso lo dio en el 11 pateando para birdie desde 8 metros y medio. La caprichosa bola iba recta, para adentro, y al llegar a la cazoleta decidió dar una vuelta completa al ruedo, 360 grados de burla para el de Barrika, manos a la cabeza. Estupor.

Llegó el 12 y con él casi se cae el TPC Stadium Course de Scottsdale. El hierro en sus manos convertido en un instrumento de precisión. No le falto nada para el hoyo en uno, un ‘ace’ que hubiera sido viral. La bola impactó ligeramente con el palo de la bandera y fue una barricada para la proeza. Al menos sumó su tercer birdie para colocarse -7 y sentirse más libre aún para desplegar su juego. Y en el 13 se vino arriba con otro birdie. Iba lanzado a por el liderato y derrapó. Recordó al héroe de guerra Tillman en el 16 después de enviar la bola al agua en el 15 por un ‘fade’ que no completó el efecto izquierda-derecha. Bogey borrón. Y otro chapuzón en el 17. Se juega el resto y casi hace un birdie tras dropar. Rahm en estado puro.

El plus emocional de Fowler

26 de enero. Los obituarios del The Arizona Republic confirman una noticia esperada y demoledora. Refieren la muerte de un niño de siete años, Griffin James Connell, ejemplo de lucha contra la falta de salud desde su nacimiento. Su caso traspasó las barreras de la intimidad y tocó de lleno al mundo del deporte en el estado por la admiración del chico por Rickie Fowler, los Cardinals de la NFL y los jugadores profesionales de bowling. Contactaron años atrás sus padres con el entorno del golfista de Murrieta y no dudó en colaborar con el mejor bienestar posible para Griffin mientras su vida era una puerta giratoria a la sala de operaciones en el Phoenix Children’s Hospital, donde el 20 de diciembre recibió su última visita deportiva, la de parte de la plantilla de los Coyotes de la NHL (hockey hielo).

Fowler y el pequeño se veían cada Phoenix Open y el resto del año estaban en contacto. Griffin lucía con orgullo las réplicas de la indumentaria Puma que el jugador utiliza y le enviaba mensajes de felicitación por sus torneos con una enorme sonrisa y los pulgares hacia arriba. En su honor, el californiano juega e Scottsdale con una chapa con la foto del valiente chaval prendida de su gorra. Quiere dedicarle su actuación y, por qué no, un triunfo. Ayer, a la hora de redactarse esta información, era líder con -10 igualado con DeChambeau y partidos aún por cerrarse.

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