Otro día de perros para Rahm en el US Open

Jon Rahm vigila la trayectoria de la bola. . / Afp / Vídeo: José Manuel Cortizas

Como hace un año en Erin Hills, Rahm prueba la hiel del 'grande' americano

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

No es supersticioso, pero se queda con lo bueno y malo de las rutinas. Quizá va a acabar cogiéndole manía al US Open de golf que ayer le volvió a ofrecer una rebosante taza de hiel. Jon Rahm se despedía en el putting green con apenas un par de comentarios sobre cómo había arrancado el turno de mañana. Demoledor. Aviso a navegantes. Venía a decir que no le sorprendía porque el viento es el que quita y da. «Hemos venido a jugar, ¿no?», fue su despedida. Sabía que el pasillo que le llevaba al tee del 1 lo había sido unas horas antes hacia el matadero para varios candidatos a hacerse con el 'major' de Long Island. Fue un paseíllo con la montera bien calada para que no volara con el aire. No son excusas, pero arreció en cuanto el partido cien por cien español se puso en marcha, tal como marcaban las previsiones, llegándose a picos de 50 kilómetros por hora que dejan de ser molestos para pasar a convertirse en protagonistas del juego.

El de Barrika no tardó en sacar billete para el vagón de los problemas, atestado de jugadores. Casi sin percatarse había caído en las garras de un campo maldito, caprichoso, vengativo, decidido a no vender sus banderas a ningún precio. Se mantuvo entrando y saliendo de la posible marca del corte que hoy pondrá de los nervios desde el primer golpe a tres cuartas partes del pelotón. Lo bueno, la lectura más amable, es que mejorando en tres golpes te metes más o menos en la pomada. Lo que en otros ámbitos es una anotación pírrica aquí se convierte en oro molido. Aunque la cosa se complica después del fin de fiesta del de Barrika, convirtiendo un posible birdie en un doble bogey para +8 final en el último hoyo.

¿Por qué habla todo el mundo tanto de la incidencia de Shinnecock Hills? Convergen dos aspectos. Uno, su perfil unido a una dureza extrema del suelo. Cuando las bolas cogen calle cuesta abajo parecen volverse locas en sus rodadas sin fin. Pero cuando toca colocarlas sobre las limitadas porciones de greens que dejan como margen de seguridad la colocación de las banderas todo cambia. Fue la primera jornada una sucesión de chipeos que botan donde deben pero carecen de freno y acaban rodando ladera abajo. Ante ese riesgo, el plan B es patear desde el collarín cuesta arriba otro percance en forma de chip excesivo. Preocupante +4 cuando enfilaba el camino de salida del quinto hoyo.

No es que el buen ambiente entre los jugadores se quebrara, extraordinario, la verdad, pero cada uno tuvo ya que centrarse en lo suyo, porque Sergio García salía bien y no concretaba y Cabrera-Bello era el más regular, capaz de avanzar por el carril menos lesivo. Siguiéndoles, sus parejas: Kelley Cahill (del vizcaíno), Angela Akins (del castellonense) y Sofia Lundstedt (del canario). Otra instantánea para el recuerdo.

Tenía que reaccionar, o intentarlo Rahm , y alivió su situación en el primer par 5. Y eso que de nuevo la salida concluyó en el rough por la derecha y sólo pudo usar el segundo golpe para garantizar la calle. Pero surgió su primer gran approach y el birdie le hizo cambiar la cara. Aunque ya no le duró demasiado la alegría. Búnquers, más pasadas de green, buenos putts que no lograron hacer diana y la cuenta volvió a crecer. Bogey en el 7 para cerrar los primeros nueve con +4 y un propósito de enmienda que pareció aflorar en el 10 y se resquebrajó con más bogeys al 11, 13 y 15 hasta enfilar los tres hoyos finales con seis sobre el par y la sensación de no haber podido casi nunca ni con el campo ni con las condiciones. Y quedaba el borrón del 18. Pateó con energía y valentía buscando cerrar la jornada con un buen sabor de boca y se pasó metro y medio. No embocó para par y cuando tocó una bola que ya estaba dada no quiso entrar y le hizo una corbata completa, un 360 digno del mejor surfer para un +8 que escuece lo suyo.

Clasificación provisional

1. S. Piercy (EEUU)
-1
.- I. Poulter (ING)
-1
.- R. Henley (EEUU)
-1
.- D.Johnson (EEUU)
-1
5. J. Dufner (EEUU)
PAR
6. M. Pavon (FRA)
+1
.- J. Rose (ING )
+1
.- C. Howell (EEUU)
+1
20. R. Cabrera-Bello (ESP)
+3
101. J. Rahm (ESP)
+8

En Erin Hills ntregó una primera tarjeta de 76, aquella 'sólo' cuatro golpes por encima del par. La de Shinnecock Hills creció hasta 78 y le deja en una situación compleja, teniendo que arrancar hoy a las 7.29 de la mañana con mucho lastre en la mochila, más que Sergio García (+5) y Rafa Cabrera-Bello (+3). La misión inequívoca, superar el corte que quedó pendiente entre el +5 y +6. A favor, la hora, unas condiciones tras el rocío nocturno que al menos no solidificarán más el terreno y la posibilidad de jugar más horas que el resto con un viento menos corrosivo, si bien el parte es más benévolo para hoy, aunque aparece un 20 por ciento de posibilidades de tener que coger el chubasquero.

La imagen del día para Jon se concentró en el 18. Primero con la palma de la mano hacia abajo pidiendo a la bola que parara, que no adquiriera vida propia cuando trató de gastar un comodín en busca del birdie. Después, la mano tapando su boca en señal de incredulidad al ver cómo daba la vuelta al ruedo en señal de victoriosa faena... del campo. Pero puede pasar de todo. En cabeza, un cuarteto, Piercy, Poulter, Henley y Dustin Johnson con -1. ¡Vaya día!

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