Rahm, a por la machada en el Farmers

El golfista de Barrika saca la pelota del búnquer en el cuarto hoyo, ayer durante la disputa de la tercera jornada del torneo./REUTERS
El golfista de Barrika saca la pelota del búnquer en el cuarto hoyo, ayer durante la disputa de la tercera jornada del torneo. / REUTERS

El golfista de Barrika arrancará la última jornada a cuatro golpes del líder

J. M. CORTIZAS EL CORREO CON JON RAHM EN SAN DIEGO

Jon Rahm está obligado a hacer la machada hoy en el Farmers Insurence para retener el título que consiguió la pasada temporada, es que le abrió las vitrinas en el golf de pago. Después de dos solventes primeras jornadas, cerradas a un golpe del líder, el profesional de Barrika sufrió en el tercer día de este torneo, en el que puede saltar hasta el número 1 del mundo, una proeza, si gana.

Acabó a cuatro golpes del primer lugar, coronado por el sueco Alex Noren, con -11. El vizcaíno presenta una tarjeta de -7. Destaca el increíble ascenso de Holmes, que subió ayer 44 posiciones, con un espectacular -7 en su tarjeta del sábado.

De este modo, aún quedan, por supuesto, esperanzas para el golfista de Barrika, número 2 del mundo en la actualidad. Empezará a jugar a las 18.15 horas de España, mientras que los mejores saldrán al campo a eso de las 19 horas.

Un día para sacar fortaleza

Por todo ello será un día para apretar los esfínteres, mascar tabaco -figuradamente- y sacar fortaleza. Una de esas jornadas en las que el golf te cita con tu verdadero yo, la esencia, el jugador que si se arruga cae en combate. Si el viernes Jon Rahm destacaba de su actuación la maestría con la que sumó recuperaciones, ayer se rehízo de lo que pocos jugadores pueden soportar. Un inicio que parecía provechoso y acabó convertido en una salida en falso. Pocas veces en su currículo aparecen marcados tres bogeys seguidos. Nunca en un momento tan inoportuno. ¿Se hundió? Su flotabilidad mental se lo impide. Se vino arriba, tragó quina y recordó a sus rivales lo torpes que fueron al no aprovechar tanta ventaja.

Porque que siga vivo, con opciones de todo en la jornada final, se debe a que aceptó el reto y se vistió de camuflaje para participar en algo tan habitual en ese reducto californiano como las maniobras militares. Barrigazos, reptar, visitar la arena casi con obsesión enfermiza e involuntaria, pisar todo tipo de roughs, un sube y baja físico, clasificatorio y emocional que le define como jugador incombustible.

Nada es lo que parece. El birdie con el que recibió la primera bandera, con un gran putt de seis metros, le devolvía al coliderato. El desayuno más nutritivo. Pero llegó sin avisar el corte de digestión. Tres borrones seguidos en la tarjeta, lo que no sucedía desde el Mundial de Shanghái en la tercera jornada del Shenshan International. En el dos sacó el billete equivocado y subió al vagón que recorría los búnquers, con parada en dos de ellos. En el tres, tras un atasco, envió la bola desde la atalaya al fringe y de allí chipeó bien. Le quedaba embocar desde menos de un metro y falló. Y en el cuatro, otro paseo por la arena, desde donde el segundo golpe quedó corto y en el rough. Putt de seis metros para evitar la suma. Tampoco salió bien.

En menos de media hora había pasado de dominar el cotarro junto a Ryan Palmer a retrasarse a cuatro golpes. En el marcador un -8, algo que no entraba en plan alguno. La reacción se refugió en su interior. Serio, pero sin rasgos de sufrimiento. Preocupado, es de imaginar, porque su juego largo iba por libre y debía recuperar el control de la situación. Era un momento crítico, dado que si en cabeza había algún escapado, el corte podía hacer mucho daño.

Pero nadie demarró y fue él quien, superada la pájara, tiró sin descanso hasta neutralizar a la cabeza de carrera. Tiene ventaja ser partícipe del partido estelar, el último que entra en liza en la jornada, ya que las referencias sobre lo que dice el marcador son en tiempo real, sin condicionantes sobre lo que puede pasar. Todos van por delante y acaban antes, con lo que el marcaje puede ser mucho más eficaz. Así, recuperó el aliento con un bendito par en el 5 que rompía la secuencia negativa. Y en el siguiente hoyo volvía a teñir de rojo su tarjeta con un birdie que por un metro no fue mejor. El segundo tramo no coronó un desnivel en el green y retrasó la bola hasta limitar el botín a la resta de un golpe.

Punto de inflexión

Supuso un punto de inflexión. Concluyó el ‘front nine’ con pares y mientras daba forma a su recuperación sus oponentes comenzaban a pinchar o habían acabado sus recorridos. En cabeza, séptuple empate con Palmer, Day, Finau, Noren, Kim y List, con -10. Tras ellos, en solitario, Jon Rahm con uno menos. La borrasca había pasado por el momento y se trataba de volver a poner en marcha la máquina de birdies. Lo hizo en el 10 con un segundo golpe de videoteca. Había recuperado el coliderato en esa jornada enloquecida, en la que todo daba vueltas sin parar.

En el 11 firmó un gran approach para hacer el par y en el 12 volvió a las andadas. Rough, continuación fuera de calle y tercer golpe que no llega al green. El chip llevó la bola a rozar el par, pero no. Y el viento arreció. En el 13 con el segundo golpe se pasó del tapete en un par 5 y su opción de birdie no la materializó, mientras Palmer se marcaba un eagle revitalizante. En la salida del 14 el público iba corriendo en busca del lugar de aterrizaje tras su drive. También fuera de calle el 15. Forzado a lejanos putts en los que la suerte le esquivó. Por un pelo, a derecha e izquierda. Igual en el 16, tras un salidón que reposó a cuatro metros. Se tapaba la boca, se quitaba la gorra. Incomprensión.

Noren, de puntillas, se había repuesto de un doble bogey y llegó a la casa club como líder en solitario con -11. Rahm pujó fuerte con la última bala. El archiconocido 18 en el que el jueves se fue al agua. Decisión. Quería acabar con un golpe de efecto. Ambición, sello de identidad. Pero el hoyo le pasó otra factura. Otra bola anfibia. Un palmo tuvo la culpa. Gesto de desagrado al dropar. Y doble bogey para congelar los ánimos.

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