Montañismo

El infortunio de un montañero prudente

Alberto Zerain.

La comunidad montañera vasca llora la desaparición de un hombre consciente del peligro: «En la montaña juegas con la vida y la muerte», reconocía en una reciente entrevista

Aitor Alonso
AITOR ALONSOVitoria

Alberto Zerain siempre se mostró consciente de los peligros de la alta montaña. «Juegas con la vida y con la muerte», reconocía hace solo unos meses en una entrevista en la revista de un club deportivo de Vitoria, la Sociedad Estadio. Lo es desde los inicios montañeros y sobre todo desde que holló la cima del K2, una de las peligrosas del planeta.

Zerain hizo cumbre en el K2 (8.611m) el 1 de agosto de 2008. En la entrevista, recuerda que había mucha gente pensando sólo en llegar a la cima, mucha presión y mal tiempo. Y que en su descenso se cruzó con expediciones empeñadas en alcanzarla lejos de la hora que la prudencia recomendaba. Ese día once personas de diferentes nacionalidades perdieron la vida. Este hecho, que tuvo una enorme repercusión en los medios de comunicación de todo el mundo, le reafirmó en su prudencia.

Por eso la comunidad montañera alavesa ha sufrido tanto con la desaparición de Zerain en el Nanga Parbat. La montaña es así, pero el plus de prudencia del alavés le situaba en el lado de los aventureros conscientes de los peligros, de aquellos que saben dar marcha atrás. El infortunio, sin embargo, es así de traicionero, y siempre es un factor a tener en cuenta en la alta montaña.

«Tienes que tener claro que juegas con la vida y con la muerte. Suelo ver el peligro antes de llegar verdaderamente a él. Tengo cierta intuición y hay veces que me bajo de los sitios porque no lo veo bien, aunque el día engañe. Si lo veo claro, no me dejo llevar por lo que dicen otros. En la montaña hay que saber darse la vuelta», admitía.

Zerain, camionero de profesión, se entregó a su pasión por la montaña desde los 80, «un poco por casualidad», recordaba. «Los amigos teníamos diferentes intereses y con 17 o 18 años empezamos a ir a cuevas cercanas con el Grupo Espeleológico Alavés. Eso nos llevó después a escalar por aquí cerca, en Egino o Atxarte, y después ya a Pirineos, Picos de Europa, Alpes… La excusa era ir a la montaña, pero más tarde fue querer conocer otros países, su orografía…», apuntaba en la entrevista.

De ahí a Perú, a los Andes, y a comenzar a rondar los cinco y seismiles. «Era un terreno apropiado para caminatas. En la primera expedición estuve casi tres meses, repetí en el 84 y estuve casi un año, y años después volví para vivir, incluso me casé allí. Pero los proyectos que tenía para organizar viajes fueron inviables por la situación política del país». En el 93 alcanzó la cima del Everest. Fue el primer alavés en hacerlo. Después sumó a su cartera Makalu (1995), Lhotse (2001), Gasherbrum I (2006), Gasherbrum II (2006), K2 (2008), Kangchenjunga (2009), Dhaulagiri (2016), Manaslu (2016) y Annapurna (2017). ¿A por los catorce ochomiles, como el también alavés Juanito Oiarzabal? «No es mi reto, pero sin querer - admitía- voy haciéndolo».

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