Un día para haber reventado el campo

Jon Rahm se dispone a salir con el driver durante la segunda jornada de un Open de España que le reclama como una estrella. / JOSÉ SALTO

Rahm no es eficaz con el putter tras fabricar diez opciones factibles de birdie y cede cuatro golpes ante el líder, Dunne

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Fue como un partido plagado de ocasiones que no acaban en gol. Todo bien, por momentos brillante, hasta el uno contra uno, en este caso frente al hoyo. Y la bola que no quiere rendir sumisión. Una y otra vez. Diez putts de cuatro metros o menos, la mayoría desde un par de pasos, otras dos opciones magníficas de eagle y al final un balance de cuatro bajo el par en el día, a cuatro golpes del líder. Aunque Jon Rahm le dio una lectura positiva, acabó con los suspiros de los más de 8.000 aficionados que siguen rompiendo moldes y tratando al de Barrika en Madrid como el heredero del carisma de 'Seve' Ballesteros.

Amaneció el día con todos los pronunciamientos favorables. En el turno de mañana se había abierto un puesto con cada hoyo del campo de oferta. El 'birdie day' llegaron a pensar en rebautizarlo. Condiciones perfectas para jugar un recorrido más facilón, el resultado animaba a romperlo, a convertir las tarjetas en un objeto de culto 'gore' de tanta tinta roja usada. Ante la bondad climatológica los extremos se acortan, crece la igualdad y no extraña ver a jugadores como Nacho Elvira o Pablo Larrazábal subidos a un sputnik, facturando en al menos una de cada tres banderas. O el getxotarra de nacimiento Samuel del Val, el ya conocido sobrino de Oñaederra, que se marcó un vueltón con -7 en el día que le permitió pasar el corte sin rozar el listón. La palma se la llevó Sullivan, al incautarle nueve golpes al trazado (cinco birdies y dos eagles). Y así se presentó Jon Rahm en el tee del 1, con una sensación de poder desarmar el marcador, de poder volver cinco horas después junto a su familia a celebrar algo épico.

Su amama paterna, Miren, fue la otra protagonista, la que le sorprendió al desplazarse a Madrid para ver jugar por primera vez como profesional a su popularísimo nieto. Le esperó entre el putting green y el tee del 1 y se emocionó al abrazarle y besarle. Estaba feliz, encantada entre tanto bullicio. Por ella y por el gentío que está desbordando la logística en el Centro Nacional de Golf, Rahm quería hacer valer su condición de número 4 del mundo, aunque jamás se oirá de su boca un comentario al respecto que pudiera sonar a desprecio o demérito de sus compañeros. En absoluto.

La marca en el turno de mañana había quedado en el -13 de Paul Dunne, fino estilista en el juego corto al que este campo le va que ni hecho a medida y que en la época amateur ya se las vio con Rahm en varios eventos internacionales como la Palmer Cup o el oro europeo que el de Barrika y el resto del combinado español le levantaron a los irlandeses en Finlandia. Por eso también quería reducir costes de cara al fin de semana, rebajar el desgaste y partir hoy como líder, o lo más cerca de la pole position. Pero le tocará ir recuperando por el camino.

CLASIFICACIÓN

Segunda jornada
1. Paul Dunne (IRL)-13
2. Nacho Elvira (ESP)-10
.- Brett Rumford (AUS)-10
.- Callum Shinkwin (ING)-10
5. Robert Rock (ING)-9
.- Henric Storehed (SUE)-9
.- Jon Rahm (ESP)-9
.- Marc Warren (ESC)-9
39. Adrián Otaegui (ESP)-5
.- Samuel del Val (ESP)-5

Un fallo y casi un albatros

Si Rahm no aprovechó esa oportunidad de convertir su tarjeta en confeti con tanto círculo rodeando un birdie fue, primero, porque fabricó esas oportunidades. Su juego de tee a green fue una delicia para la vista. Calles a tutiplén y continuación hasta el tapete con una colección de segundos golpes que en sí eran pequeñas obras de arte. Con la primera arrancó con un eagle en el 1. Con la última pudo poner patas arriba a un público entregado en el 18 cuando apuntó a trapo desde 187 metros con un hierro 6 y no se anotó el albatros (tres bajo el par de ese hoyo) porque la bola tocó bandera y picó a medio palmo del agujero.

Recortó su balance -«el segundo golpe que he fallado en dos días»- con un doble bogey en el 12, cuando su salida acabó junto al canalón del camino de servicio y el alivio le dejó incómodo en una ladera desde donde volvió a remojar una bola. Otra escapada, en el 15 movió a todo el partido a buscar su bola, presa en una zona de matojos desde donde fabricó una opción de birdie. Otra. Cuatro firmados más un eagle y sabe a poquísimo. «Sí puedo decir que estos días nadie ha jugado mejor que yo de tee a green. Es la parte del juego que se puede controlar». Suena a aviso de showtime, a Jon Rahm.

Amama Miren y su ídolo televisivo de 'Saber y Ganar'

Llegó por sorpresa para encontrarse con su nieto en la cena del jueves, «aunque Jon ya se olía algo». La familia Rahm siempre ha sido celosa de su intimidad y respetada al respecto. También ayer, aunque era inevitable que trascendiera su presencia en el Centro Nacional de Golf para ver en acción a su nieto. Amama Miren tenía una sonrisa que no le cabía en la cara, los ojos abiertos como platos ante tanta gente desconocida que, sin embargo, parecía saber de ella.

Antes, en el hotel, ya le había enseñado a Jon Rahm la bolsa bien surtida que le había traído de casa con todo lo que sabe que le gusta. «Me ha metido palmeras, chocolates de Don Manuel, chorizo... yo qué sé, y más cosas que ni he podido ver y no me podré llevar a Estados Unidos por lo estrictos que son para pasar comida», comentaba el jugador de Barrika.

Su único contacto en público en el campo se produjo cuando el golfista se dirigía a iniciar la jornada y amama Miren le esperaba antes de la entrada al tee. Fueron cinco segundos que concluyeron con sus ojos húmedos y el jugador con las pilas desbordadas. Prueba de ello es que le hizo un eagle a ese hoyo.

Pero hubo algo más que le hizo muy feliz a la abuela materna de Rahm. Fiel seguidora durante muchos años del concurso televisivo 'Saber y Ganar' de Jordi Hurtado, quiso conocer cuando le dijeron que trabajaba en el Open (forma parte del departamento de prensa del European Tour) a Óscar Díaz, concursante-ganador modélico que superó los 200 programas en esa propuesta de La2. «Ha estado cariñosísima y me ha dicho que me veía mucho».

Miren Gallarzagoitia quiso una foto con Óscar Díaz.
Miren Gallarzagoitia quiso una foto con Óscar Díaz. / TWITTER ÓSCAR DÍAZ

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