La corazonada de la madre del compañero de Zerain

En el fotomontaje se aprecia dónde terminan las huellas y la rotura de una gran placa de hielo que provocó la avalancha. / ALEX GAVAN

Fotos y vídeos ilustran la evidencia de que Alberto Zerain y Mariano Galván fueron barridos por una avalancha

JUAN MANUEL SOTILLOS

Mientras se celebraba el multitudinario funeral de Alberto Zerain en Vitoria el pasado viernes, a miles de kilómetros, desde Argentina, se formaba una expedición en Pakistán para ir en busca de su compañero de cordada Mariano Galván en la arista de Mazeno en el Nanga Parbat de 8.125 metros. Todo ello basado en una corazonada de su madre, Alba Hughes, de que podrían estar vivos, insistiendo principalmente en su hijo. «Estamos dentro de los tiempos todavía», decía el pasado día 4 después de darles por muertos el primer día del mes cuando el rumano Alex Gaván, sobrevolando en helicóptero, vio claros indicios de que una avalancha se los había llevado por delante el sábado 24 de junio. «Si Dios quiere, van a aparecer. Esa es mi corazonada».

Y desde entonces se montó un gran operativo en Argentina, primero abriendo una cuenta bancaria para que la gente apoyara económicamente el caro rescate -35.000 dólares- para enviar por tierra una expedición que pudiera ascender hasta donde marcaba el dispositivo su última posición. «La gente de mi alrededor me dice que no pierda las esperanzas, me mandan buena energía, buena onda. Tengo esperanzas porque hasta el jueves pasado tenían alimentos y gas para derretir agua. Además, tengo la esperanza porque Mariano resistió el año pasado cuatro días sin agua, sin comida ni carpa y sin oxígeno hasta los 8.000 metros. A pesar del frío, se paraba en una cueva de hielo y continuaba escalando de noche para no congelarse. Ahora, con el tema de la avalancha, se dio todo por terminado...», declara Alba Hugues.

Finalmente, se organizó la expedición pakistaní que el pasado lunes 10 señalaron que ascendieron a 5.180 metros -el GPS marcó los 6.212 metros como última señal-, y sus componentes declararon que «el tiempo se volvió malo. Tres miembros están trepando desde el sureste. Mañana -por el martes 11- cinco de nosotros subiremos en la cresta al sitio del accidente. La cresta está expuesta al hielo azul...». De momento no se han producido más noticias de la expedición de rescate que, presumiblemente debería haber llegado ya al punto donde se encuentran sepultados los cuerpos de Mariano Galván y Alberto Zerain.

Consultados expertos alpinistas sobre la situación, ninguno tenía dudas de ello. Sebastián Álvaro expone que «una vez visto el vídeo de Alex no se alberga ninguna esperanza de supervivencia». En similares términos se expresaba Juanito Oiarzabal. «Ha pasado demasiado tiempo y ya no es posible que puedan estar vivos», supuesto éste que siempre han defendido la hermana y la madre del alpinista argentino.

Si desde que el pasado día 1 vieron desde el helicóptero indicios de que había una avalancha en el último punto que señalaba el dispositivo GPS que llevaba Alberto Zerain, éstas y otras opiniones cobraron más fuerza si cabe tras las pruebas concluyentes presentadas por Alex Gavan, quien participó en esos vuelos. La evidencia es la que ha expuesto definitivamente el alpinista rumano, que sobrevoló varias veces la zona con los helicópteros del Ejército pakistaní venidos de Skardú. Y bien claro lo decía en el extenso informe que ha pasado a la familia de Alberto Zerain junto con fotos y vídeos evidentes que demuestran el trágico resultado.

Pruebas evidentes

De este informe sobresale el demoledor párrafo que no deja lugar a dudas. «Finalmente, el 1 de julio, el tiempo era cristalinamente claro y fui recogido por el helicóptero del campo base a las 6:00h. Pronto alcanzamos el punto dado por el GPS y vimos en ese lugar preciso evidencias significativas de un enorme alud de placa, la línea de fractura, gran cantidad de escombros y, lo más perturbador, las huellas de Alberto y Mariano acabando abruptamente en una parte de la línea de fractura y sin aparecer de nuevo en ninguna otra parte. Además de esto, no había ninguna otra señal de ellos».

«Miramos en las grietas abiertas, buscamos en los valles cercanos, en el Mazeno hasta 7.400 m, mucho más allá de lo que realistamente podrían haber escalado -añade el informe-. Las evidencias halladas en el último punto de GPS conocido de los alpinistas eran demasiado fuertes, demasiado duras de digerir. Todo estaba claro. Todo terminó el 24 de junio, pero no pudimos saberlo hasta entonces, cuando tuvimos la evidencia. Volamos seis horas y media de búsqueda efectiva, dividida entre los dos helicópteros, nunca ambos buscando en la misma zona al mismo tiempo. Doblamos e incluso triplicamos la comprobación de cada centímetro cuadrado de la montaña. Aún así, nada...».

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