Rugby

Un ensayo ganador por la inclusión

Anthony Brooke realiza indicaciones desde el césped en uno de los partidos disputados en la jornada de ayer en Betoño./Igor Aizpuru
Anthony Brooke realiza indicaciones desde el césped en uno de los partidos disputados en la jornada de ayer en Betoño. / Igor Aizpuru

La segunda edición del torneo de Rugby IMAR reúne a cerca de 300 jugadores, entre ellos Anthony Brooke, fundador del club inglés pionero desde 2007

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

Cualquiera que haya visto un partido de rugby, sabe de qué hablamos cuando mencionamos los términos ensayo, placaje, ‘avant’, melé, saque de ‘touche’, ‘ruck’ o golpe de castigo. El aderezo siempre es el tercer tiempo que tanto fomenta la deportividad de una disciplina dura pero noble. Nada cambia en el rugby inclusivo, donde cualquiera es capaz y útil para tener un rol en su equipo. Bien uniformados y concentrados, los primeros equipos en debutar en el IMAR (International Mixed Ability Rugby), sienten las primeras sensaciones sobre el césped de Betoño.

A las nueve de la mañana un calor impropio en Vitoria sacude ya con fuerza. Con sonrisa amplia, nos saluda Anthony Brooke, jugador de los Bumble Bees de Inglaterra. Su historia fue clave en la evolución del rugby inclusivo internacional. «Yo quise jugar al rugby al contacto lleno, pero en mi club no me dejaron. Escribí una carta a la federación inglesa trasladando mi derecho a practicar este deporte. Fundé el Bumble Bees». En 2007 nació este club en Bradford, donde empezó todo.

Guillermo y Martín, de los Pumpas de Argentina, se abrazan.
Guillermo y Martín, de los Pumpas de Argentina, se abrazan. / Igor Aizpuru

Estas ‘abejas’, traducción al español, se iniciaron con 4 jugadores y hoy ya son 40. Anthony sufre una parálisis cerebral y de parte de su cuerpo. Se le distingue por una aparatosa rodillera y un caminar particular. Lleva el dorsal 1, el de un líder por lo que representa en lo deportivo y en lo humano. «Amo este deporte, porque puedes conocer a gente nueva, ha sido importante en mi salud además de lo social que es, por la red de personas a las que puedes conocer».

Los Bumble Bees son uno de los tres equipos que han aterrizado en Vitoria desde la cuna del rugby. «Estamos admirados. Por el recibimiento, por el gran esfuerzo en seguir avanzando en la inclusión. Nosotros amamos el rugby también por todos los valores que representa, solidaridad compañerismo», enumera Paul Wyatt, que ayudado con un andador se recorre la banda en el precalentamiento. Hábitos adquiridos que siguen un ritual, tantos como los 16 partidos que llevan esta temporada ante equipos normalizados. «En Inglaterra es frecuente.Es la verdadera inclusión. Cuantas menos diferencias, mayor integración», sentencia este pelirrojo de 34 años.

En un segundo campo, se escuchan las primeras consignas antes del choque entre el Letchworth y el Chivasso de Turín. Al frente, el entrenador Enricco. «Diversión y solo diversión. Ese es nuestro mantra. Llevamos siete años con este proyecto. En Italia jugamos contra equipos sin discapacidad» explica orgulloso. Cruzando el charco y desde Argentina, el Pumpas de la localidad de Mendoza confraterniza con el país y con la capital alavesa. «Vitoria y España son espectaculares. Nos han acogido muy bien. Todo muy lindo y emotivo. Nuestro hijo ha evolucionado mucho en el aspecto social de integrarse en la comunidad» explican Guillermo y Claudia, padres de Guillermo Junior, un chico con síndrome de Down de eterna sonrisa y extrovertido en su paso por Vitoria.

Dogmas interiorizados

«Me encanta el rugby. Lo importante es el corazón y el compañerismo. Todos somos importantes en el equipo», relata mientras nos despide como el mejor comercial posible. «Trabajo en mi ciudad en un concesionario de Ducati. La moto más cara cuesta un millón de pesos (40.000 euros), pero te puedo mirar algo más barato» ofrece de manera pícara. En la banda, no falta el mate, el mejor reconstituyente que se precie para cualquier argentino. Un país evolucionado en la inclusión que sigue dando pasos de gigante. Los mismos que desde Euskadi se dieron desde 2014 gracias al Gaztedi. El club anfitrión ha preparado a conciencia este ‘mundial’.

Espectacular acción durante una ‘touche’.
Espectacular acción durante una ‘touche’. / Igor Aizpuru

El término es oficioso por una cuestión de nomenclatura, y la filosofía del IMAR es el ‘mixed ability’, la capacidad mixta absolutamente integrada en el rugby basada en un manifiesto basado en pilares como la salud, la felicidad, la igualdad de participación, la pertenencia o el romper barreras. Son dogmas interiorizados en el Gaztedi, que ya saben lo que es participar en este torneo cuando en 2015, lograron en Bradford el premio a los valores, un galardón paralelo al deportivo. «Lo importante es disfrutar y avanzar» explica Oian y bien respaldado por el capitán del equipo vitoriano Álvaro. «Aquí hemos venido a placar y a divertirnos. Ganar o perder es lo menos importante». Lo saben y lo ponen en práctica bajo la atenta mirada de los árbitros, una decena de colegiados que se han sumado a esta fiesta de placajes, melés y avances en el campo y en la vida, donde seguir restando diferencias significará sumar como una sociedad más justa e igualitaria.

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