Polideportivo

El dopaje ruso revive otra guerra fría olímpica

Vladimir Putin, durante la liga de hockey nocturno el pasado 22 de diciembre. /AFP (Alexey NIKOLSKY)
Vladimir Putin, durante la liga de hockey nocturno el pasado 22 de diciembre. / AFP (Alexey NIKOLSKY)

Putin no reconoce el Informe McLaren, pero ‘autoriza’ a sus deportistas a acudir a Pyeongchang bajo bandera neutral e invita a dimitir al presidente de la federación de fútbol y del Comité Organizador del Mundial

ENRIC GARDINERMadrid

La cuestión del dopaje de Estado en Rusia no sólo sigue coleando, sino que todavía derramará ríos de tinta. Uno de los próximos capítulos será el de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang. Otro, el del Mundial de fútbol que se celebrará el próximo verano precisamente en el gigante exsoviético. Hasta la fecha, el Informe McLaren apenas había salpicado al deporte rey de refilón. Si acaso en alguna entrevista, poco publicitada, Richard McLaren había asegurado que hasta 150 futbolistas rusos pasaron por el laboratorio antidopaje de Moscú, aunque los pobres resultados de la selección nunca levantaron sospecha.

Sin embargo, a poco más de seis meses de que dé comienzo el Mundial, el escándalo de dopaje también se arrimó al fútbol. Lo hizo en forma de dimisión, la de Vitali Mutkó como presidente de la Federación de Rusia y en el del Comité Organizador del Mundial, aunque todavía sigue en el de viceprimer ministro del Gobierno. Claro que su nombre está en el punto de mira del Comité Olímpico Internacional (COI) y de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) por otro motivo: fue ministro de Deportes entre 2008 y 2016, cuando se destapó todo el pastel.

Concretamente, fue en noviembre de 2015, tras las revelaciones de Gregori Rodchenkov, el arrepentido jefe de los servicios médicos del laboratorio de Moscú. La investigación se centró principalmente en atletismo y en los deportes de invierno, y tras la confesión del galeno y las pruebas aportadas, que tanto la IAAF como el COI creyeron, Rusia fue apartada del movimiento olímpico y de las competiciones atléticas, como el último Mundial de pista al aire libre de Londres. Tras anunciarse la suspensión olímpica, Mutkó aseguró que permanecería al frente del fútbol ruso salvo que Vladimir Putin le pidiese lo contrario, por lo que su dimisión parece encaminada en esa dirección.

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Asumida "parte de culpa"

Pero antes de que tenga lugar la gran cita futbolística el próximo mes de junio, la Guerra Fría olímpica que protagoniza Rusia vivirá una nueva fase en los Juegos de Invierno de Pyongchang en febrero. El 5 de diciembre, en Lausana, el COI confirmó -como se esperaba- que no permitiría a este gigante participar en Corea del Sur.

Al menos, no como delegación, pues los atletas que hayan demostrado no tener nada que ver con la trama de dopaje de Estado –ni con ninguna otra– sí que podrán competir. Tendrán que hacerlo bajo la bandera olímpica y la denominación de Deportistas Olímpicos de Rusia, a diferencia del pasado Mundial de atletismo, cuando lo hicieron como Atletas Neutrales Autorizados.

La decisión del COI no cayó bien en Rusia, donde Putin rechazó por completo las acusaciones de dopaje de Estado. «Es una decisión política y orquestada», acusó, para apuntar después que «en ningún sistema de derecho del mundo se contempla la responsabilidad colectiva». Aunque asumió la «parte de culpa» de los atletas de su país: «Les dimos un motivo, que sin embargo fue aprovechado de forma no muy honrada». Tiempo atrás, el mandamás ruso había insistido en que «la mayoría de las acusaciones» estaban «basadas en hechos sobre los que no existen pruebas».

En cualquier caso, el Gobierno ruso anunció que no habría boicot a los Juegos de Pyongchang, e incluso Alexander Zhukov, presidente del Comité Olímpico de Rusia, hizo un llamamiento a sus compatriotas: «Nuestros deportistas necesitan ir a competir a Corea y lograr victorias por la gloria de Rusia, por la gloria de nuestra madre patria». Aunque podría darse el caso de que ninguna televisión rusa retransmitiera esos triunfos, pues ya anunciaron que no incluirían los Juegos en su programación.

Firmeza en la IAAF

No sólo el COI, sino también la IAAF reafirmó su sanción a Rusia a finales de 2017. Fue en noviembre, meses después de haber excluido a la delegación rusa del Mundial al aire, donde sí permitió a 19 atletas participar de manera neutral. Cinco de ellos consiguieron incluso colgarse la medalla de plata en sus disciplinas, y la saltadora Mariya Lasitskene repitió el oro en altura que dos años atrás había logrado en Pekín.

«Algunas de las condiciones para la rehabilitación de Rusia fueron cumplidas, pero otras no, como la restitución de la Agencia Antidopaje rusa como organismo independiente y el reconocimiento por las autoridades rusas de un dopaje institucionalizado. Mientras no se admita lo que ocurrió, no estaremos convencidos que de no volverá a pasar», declaró Rune Andersen, presidente del grupo independiente implantado por la IAAF para verificar los progresos de Rusia en la lucha antidopaje.

El Consejo de la Federación Internacional de Atletismo volverá a examinar la cuestión del dopaje de Estado en marzo de 2018, mes en el que se celebrará también el Mundial en pista cubierta de Birmingham, en el que Rusia no participará. «Nos encantaría readmitirles, pero es necesario que se cumplan las condiciones», afirmó el presidente de la IAAF Sebastian Coe. Todavía faltan pasos para que Rusia ponga punto y final al capítulo más oscuro de la historia de su deporte.

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