La despedida se le hace cuesta arriba a Rahm

Jon Rahm golpea en busca del green en el hoyo 2 donde firmaría su primer birdie en la jornada de despedida de Pebble Beach./AFP
Jon Rahm golpea en busca del green en el hoyo 2 donde firmaría su primer birdie en la jornada de despedida de Pebble Beach. / AFP

Tres birdies seguidos en la primera parte del campo ponen al golfista de Barrika en órbita antes de perderla en una media vuelta final para olvidar

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

«Va a ser duro», vaticinaban en su entorno antes de ponerse en marcha en la vuelta final al Pebble Beach Golf Links. Sabían de lo que hablaban, a caballo entre el tute que llevaba ya Jon Rahm en el cierre de una tacada de cuatro torneos consecutivos en los que siempre se dejó ver, ganando uno y ampliando hasta el domingo sus opciones en el resto y las condiciones de un campo que sembró de sustos el paso de los jugadores. Greens que parecían esculpidos en cristal, bastaba un exceso de fuerza casi imperceptible o el impulso de una corbata para que la bola pasara de la mansedumbre y sumisión al libertinaje y descontrol. Quiere esto decir que el día iba a premiar a las frecuencias cardiacas más sosegadas y fue el inesperado Ted Potter jr el que dio muestras de un autocontrol que le llevó a la victoria.

Para el golfista de Barrika, el domingo respondió a una gráfica distinta. Picos y valles como cuando enloquece un sismómetro. Una lástima porque su juego, constancia y calidad merecían una mejor clasificación y mayor recompensa que el consuelo de haber estado en la pomada hasta el tramo de vuelta hacia el hoyo 18. Por momentos dio la sensación de ser capaz de imponerse al lastre mental y quizá físico que llevaba en su mochila tras un mes compitiendo sin parar. Con Rahm hay que estar preparados para cualquier cosa. Pinchó en el 1 con un tripateo en el que ya vio en qué plan iban los greens, pero recuperó el golpe en el 2, donde intentó un putt de eagle desde cuatro metros.

Se había remangado y aceptaba el reto de Pebble Beach. También el campo le había avisado a Potter jr con un bogey inicial que unía a los dos con que despidió el sábado. Johnson, Merritt y Day comenzaban al par y Reavie descontaba un golpe. Rahm tenía más dificultades que los días previos para coronar calles, aunque lo solucionaba con buenas recuperaciones que saldaba siempre con opciones de birdie en rangos variables. Se dio de bruces con un problema inesperado en el primer par 3, el de la bandera 5 a la que lejos de someter concedió otro bogey con drop como detonante.

Herido en su orgullo y en la tarjeta, se dio un ultimátum. No quería ver alejarse a la competencia. Estaba con -10 y Dustin Johnson y Potter jr ponían en fila con -15 al resto de la concurrencia. Como en el remate del sábado, se afanó en dar forma a la trilogía del birdie. Con visita al rough y el fringe en el 6; fruto de un salidón que concluyó a metro y medio de bandera en el 7; y con la más parecido al tiki-taka combinando madera y un hierro para sellar en el 8 con el putter.

Cinco golpes en cinco hoyos

Con -13, a tres de un Potter jr que ya no dejaría el liderato, todo era posible. Pasado de bandera más de quince metros en el 9, salvó el par y serenó sus constantes. Pero estaba dispuesto a echar el resto en el ‘back nine’. Ya saben, contemporizar no va con él. Le puede pasar factura en forma de miles de dólares, puntos y puestos. Sí. Con el tiempo también le ha dado y dará victorias.

Pero los planes no siempre salen como uno quiere. Su cercanía incomodaba a los Johnson, Day, Merritt y compañía y hubiera sido excitante verificar lo que hubiera ocurrido de no haber cambiado radicalmente el panorama. Porque conquistar una calle pasó a convertirse en un imposible, un deseo inalcanzable. Búnquers y roughs visitados junto a las playas de Pebble Beach. Complicaciones crecientes, que amagan con ser recuperadas y luego el putter no cumple con su cometido.

Le recordó el green del 10 que bajar la guardia no era una opción. Se le fue la mano desde el fringe y el putt se alejó cinco metros del hoyo. Parecía una pista de patinaje más que un tapete vegetal. Un bogey que hizo rescatar recientes decisiones. Las trampas de arena le contuvieron al punto de ensartar tres borrones consecutivos, dejando su tarjeta en -10 y su cabeza en modo moviola y sintiendo la llamada de Arizona para tirar la bolsa y descansar un par de semanas.

Le faltaba la última estación del penitente. Inmerecida. El ‘shot tracker’ refiere en el 14 una secuencia inverosímil: salida a centro de calle con 270 metros recorridos; segundo golpe perdido fuera de límites; drop; y a partir de ahí un viaje a ninguna parte que culminó con un doble bogey desolador para el resultado final. Retrasado a -7, como Cabrera-Bello, en torno al puesto veintisiete, concluía con otra banderilla de castigo en el 18. Antes había perdido cinco golpes en otros tantos hoyos. Sangría imposible de recuperar.

El peaje dominical y un campeón 'por accidente'

Acaba un mes pleno para Jon Rahm. No le ha ido nada mal. Una victoria en el CareerBuilder, undécimo en Phoenix, vigésimo séptimo en Pebble Beach y vigésimo noveno en el Farmers que ganó en 2017. Póquer de citas con un nexo: en todas accedió al domingo con opciones de luchar por la victoria, aunque a la hora de la verdad no fue, salvo en Palms Springs, su día de la suerte. Porque en Scottsdale lo saldó con +1, ayer con +4 y en San Diego con +5. Tiene mucho que ver, probablemente, con ese ímpetu reconocido de seguir buscando el triunfo hasta cuando las matemáticas acrecen ya de respuestas ante la complejidad de las variables a conquistar. Como consuelo, mantiene su segundo puesto en la FedEx Cup.

La mente de Jon Rahm está ahora concentrada en descansar al menos un par de semanas en Arizona para resetear cuerpo y mente para volver a la competición la primera semana de marzo en el Mundial de México. La cara de la moneda fue para Ted Potter jr, ganador ‘por accidente’ al ser un jugador desconocido. Merecidísimo triunfo labrado en un sábado descomunal y un domingo estable. Él sí lo tuvo.

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