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El deporte rural femenino se sube al podio

Rompe barreras y triplica las licencias en menos de una década, pero aún le queda el reto de la profesionalización

MÁSTER EL CORREO

El deporte rural vasco vive una 'edad de oro' entre las mujeres. Sus licencias se han triplicado en la última década al tiempo que bajan o se estancan las de los hombres. Así lo confirma la Federación Vizcaína de Juegos y Deportes Vascos, que alberga multitud de disciplinas.

Existen cantidad de competiciones. Además de la pelota y las conocidas pruebas de siega, sokatira, aizkolaritza y levantamiento de piedra, el deporte vasco incluye actividades como el levantamiento de yunque, lanzamiento de fardos, la recogida de mazorca y hasta las carreras de sacos. Todo un abanico de tareas rurales de los antiguos caseríos convertidas en disciplinas deportivas.

Agacharse una y otra vez para cortar madera con un hacha; segar el terreno con una guadaña de un lado para otro; tirar de una cuerda en equipo o golpear con la mano una pelota de cuero. Los deportes vascos son muy exigentes físicamente. Por ello no es de extrañar que puedan dar lugar a numerosas lesiones.

Dada su exigencia física, a lo largo de la historia han sido los hombres quienes desempeñaban muchos de estos quehaceres rurales. No por ello se quedaban atrás mujeres como María Unzueta (1983-1948). Sus padres le prohibieron jugar como profesional excusándose en la necesidad de madrugar para verla competir.

Hoy en día es difícil determinar el número de mujeres en estas actividades porque muchas no están federadas. Según datos de la Federación Vizcaína de Juegos y Deportes Vascos, en 2009 el porcentaje de licencias femeninas respecto al total era del 6,5%. Actualmente son más del doble, un 14,75%.

Irati Astondoa es la única aizkolari y segalari de Bizkaia, pero sucede a muchas mujeres que, antes que ella, trabajaron en las labores de siega de los caseríos. «En los baserris siempre ha habido mujeres que lo practicaban o que lo siguen practicando todavía, pero nunca han salido a la plaza», sostiene la joven zeanuritarra. «Muchas son mujeres de 70 a 80 años; nuestras abuelas y madres. Me da mucha pena porque sería muy bonito que todos participaran. Los chicos por facilidad o por costumbre han salido mucho más», concluye.

A la espera de una mayor profesionalización del deporte rural, a la vizcaína no le queda más remedio que definir este deporte como un 'hobby'. «Es muy difícil vivir de esto, los ingresos son mínimos. Nosotras tenemos que pagarnos los troncos de madera, afilar las hachas, pagar peajes y la gasolina. Se creen que nos forramos, pero no es así. Lo hacemos porque nos gusta».

Cristina Bollada es miembro del grupo de sokatira Goiherri de Erandio. «Los tiradores y las tiradoras no obtenemos ningún tipo de remuneración económica. Ni cuando ganamos un campeonato, ni cuando tiramos», explica. «Para nosotras -añade- es suficiente con que el equipo subvencione todo el coste del traslado y el viaje al torneo».

Aunque no siguen ninguna dieta, la preparación física es muy rigurosa e invierten muchas horas en los entrenamientos. «Es un sacrificio que conlleva mucho tiempo», reconoce Bollada, «pero los viajes y los amigos que he conocido en estos años merecen mucho la pena».

La falta de profesionalización también ofrece algunas ventajas, como narra la pelotari Leire Etxaniz: «En la 'Emakume Master Cup' participaron hasta cien mujeres y como no era necesario tener ficha, ni ser de Bizkaia, se apuntaron muchas. La pega es que la experiencia de las participantes es muy distinta. Igualmente, se les da la opción de jugar en la categoría más adecuada para ellas», agrega.

Jose Antonio Lopategi preside la Federación Vasca de Herri Kirolak y asiste orgulloso al crecimiento del número de mujeres en el deporte rural. «Ojalá se apuntaran más, son una parte fundamental de nuestra cultura», reivindica. El presidente echa en falta una mayor presencia de las herri kirolak en los medios de comunicación y asegura que trabajan de manera incansable para fomentar la participación femenina. «Hacemos todo lo que podemos para promocionarlas y el público está encantado al verlas competir en los torneos», asegura.

A pesar de que la siega se ha practicado durante generaciones en los caseríos, la primera competición internacional que incluía mujeres tuvo lugar en Segura (Gipuzkoa) en 2003. No fue hasta 2015 cuando pudo organizarse un torneo exclusivamente femenino,pese a que las mujeres han realizado estas labores durante siglos. En el XX, cuando empezaron a considerarse deportes gracias a las pugnas y las apuestas, su participación en ellos se veía de forma despectiva. Aun así se acuñaron apodos con peso internacional como 'Txikita de Anoeta', 'Vasquita l', 'Vasquita ll', 'Txikita de Aizarna' y Eugenia Iriondo 'Eibarresa'.

Este especial ha sido elaborado por: Samantha Acosta, Andrea Arana, Karla Crespo, Javier Gangoiti, Xabier Garmendia, Jon Ander Goitia, Marisol Mattos, Endika Parte, Xavier Rodríguez, Covadonga Rodríguez, Raluca Vlad, Cristina Zafra. Alumnos del Máster de Periodismo Multimedia de El Correo y la UPV/EHU.

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