Fútbol Americano

Chicles, hologramas y glamour por doquier

Pink, durante su interpretación del himno de Estados Unidos. /Matthew Emmons-USA TODAY Sports
Pink, durante su interpretación del himno de Estados Unidos. / Matthew Emmons-USA TODAY Sports

La Super Bowl LII volvió a dejar un reguero de anécdotas que cobraron casi tanta relevancia como el partido en el que los Eagles tumbaron a los Patriots

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Si algo distingue a la Super Bowl de otros grandes acontecimientos deportivos es que lo que sucede alrededor del encuentro adquiere tanta relevancia como el partido mismo. Como todos los años, el duelo entre los Philadelphia Eagles y los New England Patriots, resuelto en favor de la franquicia de Pensilvania, dejó un reguero de anécdotas y curiosidades que coparon las redes sociales, del chicle de Pink al holograma de Prince que amenizó la actuación al descanso de Justin Timberlake pasando por el viralizado selfie de un adolescente con el exmiembro de 'N Sync.

No hubo en esta ocasión pezones al aire, como en la edición de 2004 que todavía hoy se recuerda como la del 'Nipplegate', pero el espectáculo que montó Justin Timberlake en su tercera aparición en el descanso de una Super Bowl tuvo también su dosis de polémica. Casi dos años después de la muerte de Prince, el cantante de Memphis rindió homenaje al genio de Minneapolis recurriendo a un holograma mientras interpretaba al piano 'I Will Die 4 U' bañado en un haz de luz púrpura. Un emotivo homenaje a un artista que triunfó en el intermedio de la Super Bowl XLI pero que provocó controversia al no contar con el beneplácito de la familia de Prince. Timberlake, además, decidió incluir en su repertorio 'Rock your body', el tema que sonaba mientras estalló el ‘Nipplegate’ que alteró los códigos de retransmisión de la Super Bowl.

Claro que no sólo de música y hologramas vivieron las redes sociales mientras Eagles y Patriots se rearmaban en el intermedio. Hubo también espacio para que un adolescente saltase a la fama gracias a un selfie con Justin Timberlake que se convirtió de inmediato en fenómeno viral. Resonaba 'Can’t stop the feeling' mientras el artista se mezclaba con el público. Allí estaba Ryan McKenna, un chico de 13 años procedente de Massachusetts y acérrimo fan de los Patriots. Por entonces, y pese a que New England perdía por diez, el joven aún confiaba en una nueva gesta de Tom Brady. Al ver a la estrella de la música, sacó su móvil y se retrató con el cantante de Tennessee. Tomada la instantánea, dejó de escuchar la canción para concentrase en la pantalla. Mientras se multiplicaban los memes, a McKenna no paraban de lloverle los mensajes de familiares y amigos. Él era la nueva celebridad.

Júbilo y desolación

De notorios personajes anduvo por cierto repleto el US Bank Stadium de Minneapolis. Por allí se dejó caer una pléyade de rostros conocidos como los de Bradley Cooper, que festejó el triunfo de los Eagles junto a su pareja, la modelo Irina Shayk. El actor, nacido en Philadelphia, ya interpretó a un fan de los Eagles en 'El lado bueno de las cosas' y pudo ver por fin entronizado a su equipo. Tampoco quiso perderse el evento Sylvester Stallone, neoyorquino de nacimiento pero auténtico hijo pródigo de Filadelfia gracias a 'Rocky'. Se pasaron también por el estadio de los Minnesota Vikings músicos como Puff Daddy, deportistas como Floyd Mayweather Jr. o presentadores como Jimmy Fallon. Claro que la más buscada, antes y después de que se consumase la derrota de los Patriots, fue la modelo Gisele Bündchen, que por tercera ocasión vio a su esposo caer derrotado en una Super Bowl.

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El incidente más embarazoso, con todo, lo protagonizó Pink, a la que las cámaras cazaron sacándose el chicle de la boca para lanzarlo al suelo momentos antes de que la cantante se lanzase a entonar el himno de Estados Unidos.

E incluso hubo ecos de la Super Bowl de 2017, con una nueva cita entre la tenista canadiense Eugenie Bouchard y el tuitero que la desafió mientras los Atlanta Falcons vapuleaban a los Patriots en Houston para acabar sucumbiendo tras una épica remontada. Esta vez no la hubo pero a John Goehrke poco le importó. Él ya había cumplido su deseo.

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