La armada española se divierte en Dubai

Los golfistas españoles que participan en Dubai se ejercitaron ayer juntos para conocer el recorrido / J. M. CORTIZAS

Así se juegan el último hoyo y sus apuestas simbólicas tras entrenar juntos Sergio García, Jon Rahm, Rafa Cabrera-Bello, Pablo Larrazábal y Adrián Otaegui

J.M.CORTIZASENVIADO ESPECIAL. DUBAI

Cambia de mano algún billete de cinco euros como simbólica apuesta tras los nueve hoyos disputados bajo un sol implacable, por encima de los 30 grados. Aquí sólo hay tres escenarios posibles: las obras que todo lo abarcan en una ciudad que parece haber hecho suya la leyenda olímpica del altius, fortius, citius, pero en versión cultura de la placa prefabricada -los ladrillos son historia-; el litoral tan tuneado que parece haber sido incorporado como un extra en la City; y la arena y su polvo que lo inundan todo en cuanto se dan un par de pasos fuera del asfalto. Los campos de golf serían el cuarto elemento. Creación humana pura y dura. ¿Cómo lo quieres? Así lo tendrás. Y los emires y sus familias, plenos de autocomplacencia. A fin de cuentas todo acaba en la misma caja.

Volvamos al verde, a ese green del 18 en el que se suceden las risas, abrazos, alguna que otra puya y una total camaradería. Es la armada española, reducida a los cinco magníficos. Un quinteto de birdie fácil que ayer decidió combinar trabajo y diversión. Nada mejor que medio recorrido compartido. No son como alumnos desmadrados en una clase de una asignatura ‘maría’, pero hablan, ríen, comentan, bromean y ellos sin restarle un ápice a la seriedad, a la disciplina, a reconocer el Jumeirah Golf Estates, sus trampas que constarán en acta desde hoy cuando ya cada golpe incluya la carga de presión habitual.

Es, en cierto modo, una recompensa, un brindis por la excelente campaña del gol español de pago. Con la estadística en la mano, la segunda de la historia en el ranking de condecoraciones. Desde el Masters de Sergio García -que ha deshojado la margarita y tenía a los medios especializados más preocupados que si Cristiano cambiara de marca de botas; y en Dubai juega con toda su bolsa con material Callaway-, al Paul Lawrey que conquistó Adrián Otaegui con el plus de disputarse en formato match play.

El guipuzcoano es el que más ha crecido este curso. Además de estrenar su palmarés profesional, desde su irrupción en los puestos estelares en Francia se le ha reconocido una evolución que confirman los 140 puestos que lleva ganados en el ranking mundial desde el cierre del ejercicio en 2016. Le acusa en bromas de saltarse el turno García en el approach del 18. «Perro, me has dejado sin viento». Tono cordial, amigos compartiendo mañana y campo.

Jon Rahm es el más joven (23) y Sergio García ejerce de patriarca a sus 37. La víspera, algunos, entre ellos el de Barrika, tuvo que cumplir con uno de los numerosos eventos que conforman una agenda paralela. Fiestas, invitados VIP y lugares más o menos exóticos. Esta vez, un hotel pegado a una de las playas artificiales junto a Palm Islands, uno de los ya mundialmente reconocibles iconos de Dubai. Ambiente cool y una exhibición-competición con una diana colocada en un islote flotante que los jugadores sólo identificaban por un rayo de luz. Tampoco se pasan la vida allí. Una copita y a descansar. Se nota que están en la última parada del recorrido y lo que les pide el cuerpo es plegar velas y descansar.

Puestos en fila en verdad parecen pistoleros de gatillo fácil. Jon Rahm predica con el ejemplo del pantalón corto, como Sergio y Larrazábal, vetado en los torneos. Cada vez que te ve con uno de pata larga el de Barrika te echa un rapapolvos por la gratuidad de pasar calor. Tiene el año más que cubierto, pero este Race to Dubai le puede aún deparar un par de alegrías. La victoria, que sería la tercera del curso tras el Farmers Insurance del PGA en enero y el Open de Irlanda en julio, y un pellizco extra para la cuenta bancaria. Además de la cuantía de premios de primer nivel al tratarse de una cita con marchamo Rolex Series -8 millones- el Circuito Europeo también reparte su bonus final entre los diez mejores: en euros, 1,1 millones para el campeón; 660.000 para el segundo; 528.000 del tercero; 440.000 en el caso del cuarto, puesto que actualmente ocupa; 352.000 destinados al quinto y así hasta los 220.000 del décimo.

García, el que tiene opciones

De los españoles, García es el único que tiene una opción matemática para ganar el Circuito. El de Borriol la asume casi como un dato estadístico y su aspiración es mantener la mejoría en su juego, un tanto aguado desde que tocó el cielo en Augusta. Comenzó a ganar en 1999 en Irlanda y este año, además del Masters también hizo diana en el Omega Dubai y en el reciente Andalucía Masters de Valderrama.

La tercera pata del banco es Rafa Cabrera-Bello. Olímpico en Río, ganador en Escocia y cuarto este curso en el The Open británico. En el back nine al que se dedicó el quinteto entre el 10 y el 18 compartió bola con Adrián Otaegui, al que guió como caddie en un putt que no quiso entrar después de que Sergio García embocara desde siete metros. Puños chocados entre el castellonense y el vizcaíno y Pablo Larrazábal, el más locuaz de todos, alineándose en el bando que pasó por caja.

Este jueves les espera la verdad. Salida tempranera para Otaegui formando con Bormester (8.10 horas, 5.10 en España). Después, Larrazábal con Dodt (9.25) y el vasco-francés Lorenzo Vera con el número 1 galo para muchos, Dubuisson (9.45). Los platos fuertes cerrarán la jornada. Cabrera-Bello y Norel (12.20), Sergio García y Jon Rahm (12.30) y los favoritos al título, Rose y Fleetwood (12.40).

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