Golf

La ambición llama a la puerta de Rahm

Jon Rahm se cargó de buenas sensaciones en el Bridgestone. / AFP
EL CORREO, con Jon Rahm en el PGA Championship

Llega al PGA, cuarto grande, con su conocida voracidad y la fe en que su juego funcionará

JOSÉ MANUEL CORTIZASEnviado especial. Quail Hollow

Ambición. Es la droga que corre por las venas de Jon Rahm, la que provoca esa excitación visible desde que comienza a menear el drive en un tee de salida. Crece exponencialmente según la categoría del evento. Y no necesita procurársela. De ello se encarga su organismo. Lo genera y se desborda cuando está en juego un grande, una de las joyas de la corona del golf. Esta semana se cierra el ciclo del año. El último major al que hincarle el diente, el PGA Championship, el de mayor rango en el deporte de los 14 palos en territorio estadounidense ya que lo promociona el organismo que vela porque los profesionales cuenten con un calendario jalonado de citas que reparten entre seis y 12 millones de dólares en premios en metálico. Hora y media de vuelo le ha separado de Akron, en el área de influencia de Cleveland, donde se cargó de buenas sensaciones en tres de las cuatro jornadas del Bridgestone Invitational. Ayer se paseaba por las instalaciones del Quail Hollow Club en la periferia de Charlotte. Lo hacía su otro yo, el que sonríe, bromea, habla y se comporta como un joven de 22 años. Lo que es. Desde este jueves actuará su 'transformer', el jugador que necesita ganar para vivir.

Cierto es que en los tres grandes precedentes de 2017 su incipiente leyenda le precedió y se personó en Augusta, Erin Hills y Royal Birkdale bajo el son de los clarines que proclamaban la llegada de uno de los elegidos. Honores de 'prima donna' pese a tratarse de su primer aniversario en el golf de pago, reverenciado por las casas de apuestas y un público que, como él, necesita retroalimentarse de gestas. Siempre lo es que un recién llegado imponga sus normas y gane. Objeto de deseo para una comunidad que arrastra la pronunciación de su apellido para hacerla más americana, de casa. Seguro que por aquí a muchos les extraña cuando es presentado en el primer tee con la coletilla de «from Spain».

LOS DATOS 1.000

periodistas acreditados para esta cita en Charlotte, cifra que supera incluso a la del Masters

71

es el par del campo de Quail Hollow, en las afueras de Charlotte, que alberga el PGA

Aunque su vigencia se mantiene entre los agoreros, puede que le venga bien pasar más desapercibido antes del jueves. De entrada, no participará en las ruedas de prensa oficiales, una auténtica novedad. Aunque no hay que buscarle tres pies al gato. Que no sigan leyendo los perseguidores de teorías conspiratorias. Es norma que aquí se cite para estos encuentros a los campeones de majors y en esta ocasión no ha variado el protocolo. McIlroy, Walker y Day (PGA), Dustin Johnson y Koepka (US Open), Sergio García (Masters) y Spieth (The Open) ofrecerán sus puntos de vista junto a Els y Mickelson, que disputan su grande número 100, o el capitán del equipo americano de Ryder Cup, Jim Furyk.

Bondades americanas

También habrá espacio para que mañana los mandamases anfitriones, Paul Levy y Pete Bevacquam, le pasen una manita por la cara al golf europeo ahondando en las bondades del capitalizado mercado americano, a años-luz de lo que se cuece en el Viejo Continente aunque sea más que loable el impulso aportado por las millonarias Rolex Series.

Así, quizá más tapado, Rahm ultima el cuidado físico que necesita su poderoso esqueleto y se familiariza con un campo que va a exigir lo suyo. Par 71 (35-36), concentra pares 3 de 223 yardas, 4 de 344 y 5 de 592. Ocho hoyos, de hecho, se alinean en un rango de entre 483 y 592. Habrá que pegarle duro en un PGA que al ser de escenario itinerante aporta una estadística más testimonial que otra cosa. Aunque lo que más preocupa a los jugadores es que la previsión avanza que todos los días lloverá, e incluso habla de tormentas eléctricas que podrían provocar suspensiones. Respecto a las dos primeras jornadas, el parte situaría el partido del vizcaíno el jueves bajo lluvias débiles más o menos constantes, mientras el del viernes le otorgaría una tregua inicial de un par de horas y podría incluso concluir antes de que la situación empeorase con la caída de rayos.

En su contexto

Novedad.
El vizcaíno no ha sido incluido en las ruedas de prensa oficiales previas a la disputa del torneo
Poderío extranjero.
Rory McIlroy (2), Jason Day y Martin Kaymer han ganado en las últimas siete ediciones disputadas

Como el US Open, el PGA es un grande que se le resiste al golf español, que concentra sus proezas en el The Open y el Masters de Augusta. Quien más cerca estuvo de romper el maleficio fue Sergio García, segundo en 1999 tras Tiger Woods y en 2008, igualado con Ben Curtis en la edición que ganó Pedraig Harrington. Pero no es esta cita un coto exclusivo para los estadounidenses. Al contrario. Sin ir más lejos, en los siete últimos años se han dado cuatro victorias foráneas: Martin Kaimer (alemán, 2010), Rory McIlroy (norirlandés, 2012 y 14) y Jason Day (australiano, 2015). De este rincón en Carolina del Norte en el área metroplitana de Charlotte, el torneo continuará su andadura hasta 2023 por Saint Louis, Nueva York, San Francisco, Kiawah Island (Carolina del Sur), Nueva Jersey y Nueva York. Ojalá en alguno de ellos Rahm sea programado para reunirse previamente con los medios. Será que lo hace con algún grande bajo el brazo.

El de Barrika no cree en supersticiones con Rickie Fowler

Jon Rahm no es supersticioso. Mejor. De serlo quizá tendría algo en la mente que distorsionara su tranquilidad previa al comienzo del PGA. La organización le ha emparejado para las dos primeras jornadas con Rory McIlroy y Rickie Fowler, sin duda un señor trío del que puede salir uno o más candidatos al título. Ya ha jugado con ambos compartiendo partido en varias ocasiones y ahí radican los precedentes antagónicos. Primero el positivo. Coincidió en las calles con el norirlandés en el Irish Open, que el de Barrika convirtió en su segunda victoria profesional. Y tampoco le fue mal junto a él en el arranque del Masters, cerrando el viernes bajo el par del Augusta National. Otra cosa es lo vivido al lado de Fowler y Matsuyama con los que se puso en marcha en The Memorial y el US Open. En ambas ocasiones el vizcaíno llegaba crecido, convencido de su capacidad y se quedó anclado, rechazada su tarjeta por el corte, algo insólito. Fueron dos reveses que le llevaron a cuestionar parte de su juego y retornar al trabajo con Edu Celles para repasar materia. El americano de Murrieta ya jugó con Rahm el Phoenix Open (el de Barrika acabó decimosexto) en la primera semana de febrero, con Jordan Spieth en la terna.

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