El presidente que parecía indestructible

El presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel Maria Villar.
El presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel Maria Villar. / EFE

Ángel María Villar, a punto de cumplir 29 años al frente de la Federación Española de Fútbol, se había especializado hasta ahora en neutralizar todos los intentos de descabalgarle

IVÁN ORIO

«Me puso aquí el fútbol y me sacará de aquí el fútbol, porque el fútbol debe estar gobernado por gente del fútbol». Ángel María Villar (Bilbao, 21 de enero de 1950) emplea esta frase en su círculo más próximo cuando sus detractores elevan el tono de las críticas o impulsan campañas para desacreditarle. Los enemigos y opositores del eterno presidente de la Federación Española de Fútbol -el día 28 cumplirá 29 años al frente del cargo- han pinchado en hueso una y otra vez. El vizcaíno ha salido siempre airoso en los múltiples frentes que mantenía abiertos. Incluso cuando su desgaste personal y profesional alcanzó niveles extremos por los enfrentamientos con gobiernos de diferente signo, los rifirrafes continuos con la Liga, las investigaciones de la FIFA y los movimientos internos en el seno del ente federativo para intentar descabalgarle.

Hay una cierta contradicción en la forma de actuar del máximo responsable del deporte rey en el país. Y es que su omnipresencia choca con una discreción obsesiva. Quiere estar en todos los sitios y, al mismo tiempo, pasar desapercibido. No le gustan las cámaras ni los micrófonos y ha convertido el silencio en un arma más para combatir los ataques públicos de sus adversarios. Nunca les replica en público y entiende que hacerlo en caliente induce al error. Tiene la ventaja de conocer como nadie los entresijos del complejo mundo del fútbol y sabe qué tecla debe pulsar y los hilos que tiene que mover si quiere hacerle llegar un mensaje a alguien. Cuanta más estridencia acumulan los rivales en sus declaraciones, más callado se muestra él, convencido de que las instituciones deben construirse a modo de búnker para evitar la aparición de grietas.

Villar comenzó a cursar la carrera de Químicas, pero la dejó para matricularse y licenciarse en Derecho -era ya un estudiante de leyes en Deusto cuando se produjo la recordada imagen de su puñetazo a Johan Cruyff en San Mamés-. En el Athletic era un centrocampista de cierre, el encargado de marcar a fuego el territorio en el fútbol de la década de los 70. Después, trasladaría ese carácter férreo a su nueva etapa profesional. En 1986, seis años después de colgar las botas, fue elegido presidente de la Federación vizcaína y, sólo dos después, dio el salto a la nacional. Desde entonces ha renovado su mandato ocho veces consecutivas -la última reelección fue en mayo- y con el respaldo casi unánime de la asamblea, un apoyo sustentado en la cercanía a los delegados territoriales como principal baluarte para ganarse su confianza.

El bilbaíno siempre ha estado dispuesto a reunirse con ellos para atender sus reivindicaciones a pesar de que la agenda se queda estrecha por los permanentes compromisos institucionales. No le cuesta hacer auténticos malabarismos en el apretado calendario para inaugurar un nuevo campo de Tercera en cualquier lugar recóndito de la geografía española, auspiciar un acto deportivo con fines benéficos o asistir al cambio de césped en un terreno de juego perdido en el mapa. El presidente de la Federación se ha aprendido de memoria dónde están los graneros de votos y maneja muy bien el cara a cara para conseguirlos. No deja muchos flancos a sus opositores, que sólo pudieron censurarle en voz baja por el fracaso en Brasil en 2014 porque el vizcaíno no había sacado pecho tras los éxitos en las Eurocopas de 2008 y 2012 y en el Mundial de Sudáfrica de 2010.

Casado y con tres hijos y de fuertes convicciones religiosas, el universo de Villar pareció tambalearse hace un par de años, cuando las investigaciones por presunta corrupción en el seno de la FIFA acabaron con las carreras de dos totems como Joseph Blatter y Michel Platini. El presidente de la Liga, Javier Tebas, cuya enemistad con el dirigente federativo es manifiesta desde que el vizcaíno se alineó con la Asociación de Futbolistas en el conato de huelga en la temporada 2014-2015, se frotaba las manos por aquellas fechas y trató de hurgar en la herida: «La mayoría (de mandatarios de la FIFA) están en la cárcel o inhabilitados y Villar, o era muy listo, o era muy tonto y no se enteraba de nada. Me preocupa que el presidente de la Federación no sepa nada de lo que ha ocurrido», manifestó. También el entonces secretario de Estado para el Deporte, el también bilbaíno Miguel Cardenal, pidió explicaciones.

Fiel a su estilo y persuadido de que el partido no estaba perdido a pesar de que todo apuntaba a una honrosa derrota, Villar guardó silencio y se atrincheró en su campo. Logró forzar la prórroga y llegó a presidir en sustitución de Platini el sorteo de la Eurocopa de Francia a la espera de que el Comité de Ética de la FIFA se pronunciara sobre su supuesta falta de colaboración en el marco de las pesquisas por la eventual concesión irregular de las Copas del Mundo de Rusia y Catar. También salió airoso de aquel trance. El comité le exculpó de cualquier violación del código de conducta al entender que sí cooperó en las averiguaciones para esclarecer este oscuro asunto, por lo que evitó la suspensión en el cargo. Sí le amonestó por hacerlo tarde y le sancionó con una multa de 23.150 euros.

El patrimonio

Quienes han osado retarle han salido escaldados. Que se lo pregunten a Gerardo González, a quien Villar relevó de la secretaría general de la Federación acusandole de deslealtad y de filtrar documentos. El destituido, su mano derecha, contraatacó presentándose a las elecciones. El bilbaíno estuvo contra las cuerdas en campaña, pero solventó la crisis con el respaldo a última hora de varios clubes que cambiaron de mando. El último en desafiarle, Jorge Pérez, retiró al final la candidatura. Como en el terreno futbolístico los reproches no alcanzan el eco deseado, sus enemigos recuerdan con cierta periodicidad su sueldo -152.000 euros anuales más dietas, el doble de lo que cobra el jefe del Ejecutivo- y su patrimonio inmobiliario: la vivienda familiar en el exclusivo barrio madrileño de Salamanca, dos pisos en la Gran Vía bilbaína, un chalé en Santo Domingo de la Calzada, una casa en Alicante, un ático en Marbella, un adosado en Estepona...

Ángel María Villar sopesó la posibilidad de presentarse a la presidencia de la UEFA, pero decidió hacerse a un lado en el último momento ante la falta de confianza de las grandes potencias europeas, entre ellas Francia, Rusia y Alemania. Se centró en la reelección en la Federación, que logró por abrumadora mayoría. El pasado año estuvo en Bilbao en la presentación oficial de la villa como sede oficial de la Eurocopa de 2020. «¿Quién ha dicho que la selección no puede jugar en el País Vasco?», había lanzado semanas antes en Logroño. Los casos abiertos por supuestos favores al Recreativo y al Marino de Tenerife para que ambos conservaran su plaza en Segunda B, o el presu nto fraude con las partidas concedidas para construir escuelas deportivas en Haití, fueron quizá el principio del fin del presidente federativo más longevo del deporte español.

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