Vascos ante el monumental reto del fútbol chino

Vascos ante el monumental reto del fútbol chino
Zigor Aldama

EL CORREO visita la mayor escuela de fútbol del mundo, donde cinco vascos y un navarro tratan de crear la cantera del Guangzhou Evergrande entre más de 2.500 chavales. El objetivo, que China se clasifique algún día para el Mundial

Zigor Aldama
ZIGOR ALDAMA

Son solo las 8 de la mañana, pero en Qingyuan el termómetro ya rebasa la marca de los 30 grados. A pesar de eso, la mayoría de los 48 campos de fútbol que componen la Evergrande Football School ya están ocupados. Parte de los 2.500 niños y adolescentes que entrenan en la mayor escuela futbolística del mundo hacen estiramientos, corren, y, sobre todo, sudan la gota gorda. '¡He shui!', les grita Ibon Labaien (Bergara, 1990), para que beban agua cada poco tiempo y permanezcan hidratados.

Este joven, que estudió INEF en Madrid y se curtió como entrenador en India, es el más joven de los cinco vascos y un navarro que la Fundación Real Madrid ha seleccionado para trabajar entre los 22 españoles y los 116 chinos que forman su plantilla de técnicos. Ese es el capital humano con el que la gigantesca inmobiliaria Evergrande, propietaria también del equipo homónimo que ha ganado las últimas siete copas de la superliga china y dos títulos de la Champions asiática, quiere alcanzar un objetivo muy ambicioso: «Revitalizar el fútbol chino y cultivar las estrellas del futuro».

No va a ser nada fácil. A pesar de que China cuenta con 1.400 millones de habitantes y un buen número de forofos del fútbol, hasta ahora ha sido incapaz de crear jugadores que eviten la humillación en el campo de la segunda potencia económica mundial. De hecho, el gigante asiático volverá a ser el gran ausente del Mundial de Rusia, una competición para la que solo se ha clasificado en una ocasión –el Mundial de Corea y Japón de 2002– en la que no logró marcar ni un solo gol.

En su contexto

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entrenadores españoles (cinco vascos y un navarro) ha seleccionado la Fundación Real Madrid para trabajar con 116 técnicos chinos en la escuela de fútbol.
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millones de personas quiere el Gobierno chino que jueguen a fútbol en 2020, pretende abrir 50.000 academias en las que se enseñe el deporte para 2025, y poyecta construir 70.000 campos de fútbol.
Ibon Labaien
(Bergara, 1990)
Mikel Lasa
(Legorreta, 1971)
Javi Ferreras
(Bilbao, 1984)
Manu Merino
(Irún, 1967)
Rubén Gallego
(Usurbil, 1982)
José Ignacio Artieda
(Etxarri-Aranaz, 1975)

A juzgar por los gritos de Mikel Lasa (Legorreta, 1971) en otro campo de la escuela, la situación tardará en cambiar. «Mucho tiempo», vaticina desesperado este veterano exjugador con más de una década en Primera División a sus espaldas. Con su experiencia en Real Sociedad, Real Madrid y Athletic y la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 al cuello, es el profesional más laureado y experimentado de esta escuela, en la que se forman chicos y chicas de entre los 8 y los 17 años.

«Les falta técnica y táctica. Yo me encargo de los más mayores, los que ya juegan como profesionales, y veo que es demasiado tarde para formarlos. Si en el fútbol el aprendizaje va de la A a la Z, todavía están en la A. Además, carecen de iniciativa y se acomodan muy rápido. Entrenan como cuando de pequeños jugábamos a fútbol en el patio de la escuela», critica Lasa, que tiene entre sus pupilos a varios jugadores del filial de Guangzhou Evergrande. No les perdona ni una, y el intérprete que tiene a su lado, abrumado por su vehemencia, prefiere traducir solo un tercio de lo que dice.

«El gran problema de China está en la falta de una cultura de fútbol. La población es enorme, sí, pero muy pocos juegan de niños. Igual el Athletic puede elegir a sus canteranos entre más gente que la que juega al fútbol en una provincia china con 100 millones de habitantes. Solo en Madrid ya hay más federados que en toda China. Así que se tardarán varias generaciones en cambiar eso», vaticina Jose Ignacio Artieda (Etxarri-Aranaz, 1975), que llegó a la escuela de Evergrande después de haber entrenado en Australia y que ahora se encarga de formar a los adolescentes más prometedores, que se pulirán durante los próximos tres años en Madrid.

«La esperanza está puesta en los niños que ahora tocan un balón cuando son muy pequeños. De hecho, ya hemos ganado torneos internacionales con ellos», apunta Artieda. No obstante, el rígido sistema educativo de China y características sociales como la falta de hermanos de la generación del hijo único dificultan que se fomenten valores como la creatividad, la toma de decisiones, o el trabajo en equipo. «Por un lado, la educación es de corte militar. Eso hace que los chavales sean mucho más disciplinados que en España, pero también les quita ilusión y pasión. Por otro lado, son demasiado individualistas, incluso un poco egoístas», añade Labaien.

La escuela de Evergrande, ubicada en la localidad sureña de Qingyuan, es un buen ejemplo de cómo funciona la educación en China. Los niños viven internados en sus enormes instalaciones, que cuentan con 21.000 metros cuadrados de dormitorios distribuidos por varios edificios de estilo europeo, se levantan a las 7 de la mañana, entrenan en varios grupos a partir de las 8, y luego reciben clases regulares que siempre comienzan con una reverencia hacia el profesor. Sorprende el silencio en las aulas, el orden en los enormes comedores, la disciplina a la hora de la siesta obligatoria, y el aguante bajo el sol sin rechistar. La sesión de fútbol vespertina se lleva a cabo con una sensación térmica que supera los 40 grados.

«La mayoría de los alumnos pagan por acudir a la escuela –en torno a 6.500 euros al año–, pero luego tenemos los que entrenan en los equipos de élite, y esos reciben una beca por el 100% de la matrícula y los gastos», explica Javi Ferreras (Bilbao, 1984), el ojeador de la escuela. Este técnico de telecomunicaciones que cursó un máster en análisis de vídeo y detección de talento es quien viaja por toda China buscando la estrella que se oculta entre los niños de zonas tan remotas como Mongolia Interior o Xinjiang. «Los entrenadores chinos se fijan mucho en el físico, y suelen elegir a niños que están más desarrollados. Yo busco que tengan buena coordinación, técnica, y picardía».

La excepcionalidad femenina

El fútbol masculino chino es muy malo. Ni siquiera los aficionados locales lo refutan. Sin embargo, no sucede lo mismo con el femenino. Al contrario, el gigante asiático ha sido una potencia notable a pesar de que no jugó su primer partido internacional hasta 1986. Desde entonces, las mujeres chinas han alzado 8 Copas de Asia, fueron subcampeonas del Mundial en 1999, y alcanzaron los cuartos de final en los Juegos Olímpicos de 2008. La población china suele explicar esta gran diferencia asegurando que los varones son mucho más vagos y menos sacrificados que las mujeres. No obstante, Vero Boquete (Santiago de Compostela, 1987), señala que el fútbol femenino chino ha ido cayendo posiciones –actualmente está en el 17 del ranking FIFA– debido al mayor desarrollo que vive este deporte en países europeos y americanos. Y sabe de qué habla: es una de las pocas extranjeras contratadas en un club chino, el Beijing BG.

«China es el país asiático que más apuesta por el fútbol femenino y por una liga profesional, y es cierto que ha habido más cultura de fútbol entre las mujeres chinas que entre los hombres, pero si han tenido éxito ha sido más por el déficit de sus competidoras», afirma esta exjugadora de equipos como el Paris Saint Germain o el Bayern de Munich. «En China hay gran carencia de comprensión del juego y de táctica colectiva. En ocasiones, me encuentro con situaciones que en Europa solo se darían entre niñas. Eso a veces es frustrante», apostilla.

Como sucede con los entrenadores masculinos, Boquete considera que China es también una oportunidad interesante para las jugadoras extranjeras. «El idioma es la mayor barrera, pero tenemos dos traductores y el entrenador es sueco. Aquí nos tratan bien y nos valoran, porque los equipos que cuentan con técnicos y jugadoras extranjeras –aunque solo se permite alinear a dos en cada partido– juegan mejor y ayudan a elevar el nivel», sentencia.

Los elegidos pasan una semana de prueba en la escuela de Evergrande antes de ser elegidos. Pero, en muchas ocasiones, Ferreras tiene que sortear primero escollos extradeportivos. «La organización en China es caótica. Aunque la corrupción se combate en las grandes competiciones, existe a menor escala en las pequeñas. Desde padres que piden dinero por sus hijos, hasta federaciones que quieren embolsarse un dinero extra o que exigen un traspaso por un niño de 10 años. Yo me niego a eso», afirma tajante.

De hecho, Manu Merino (Irún, 1967) considera que la corrupción ha sido también una de las razones por las que el fútbol chino no se ha desarrollado mejor. «Afortunadamente, ya han atajado el amaño de partidos de liga que propiciaban las apuestas ilegales», apunta el veterano de los entrenadores vascos. Él se encarga de inculcar compañerismo entre los adolescentes más mayores. «La técnica se aprende, aunque aquí la comunicación es complicada y muchas cosas se pierden en la traducción. Pero lo difícil es cambiar la mentalidad», subraya. A uno de sus alumnos le ha apodado 'Tanque' por lo bruto que es, y no duda en gritarle cuando repite un error infinidad de veces. Pero luego se funden en un abrazo.

«Lo primero que me sorprendió es que los goles no los celebran. Se dan media vuelta y siguen jugando como si nada, porque consideran que el mérito es del que ha marcado, que tampoco lo celebra por vergüenza. En ocasiones les hemos obligado a que se abracen para crear sentimiento de equipo, pero lo ven raro», cuenta Merino. «Los padres les exigen que sean los mejores, pero que se olviden del resto de compañeros. Eso ha dado buenos resultados en los deportes individuales –China arrasa en el medallero de los Juegos Olímpicos–, pero no funciona en los colectivos».

No obstante, iniciativas como la de la escuela de Evergrande resultan esperanzadoras. «Aquí contamos con instalaciones propias de un equipo de Primera División en España. Tenemos buenos preparadores físicos, fisioterapeutas, e incluso médicos. Así que la clave del éxito estará en la constancia. Si continúan invirtiendo como hasta ahora, y siguen colaborando con extranjeros, terminarán siendo una potencia futbolística», augura Labaien. «Pero, para eso, es importante que se vayan poniendo filtros como en España, donde la mitad de un equipo de alevines no pasa a juveniles. China necesita cribar, aumentar el número de clubes –apenas medio centenar– y de competiciones, y fomentar la creatividad», opina Lasa.

También es necesario formar entrenadores chinos. A ello se dedican los españoles de la escuela de Evergrande todos los miércoles. «Hay algunos que le ponen muchas ganas, pero muchos no tienen ilusión. Vienen de la Universidad del Deporte y se acomodan rápido porque el de la escuela es un trabajo cómodo y bien pagado», afirma Labaien. Y eso se nota en el campo, donde algunos se esconden a la sombra del banquillo y otros miran constantemente el reloj para ver cuánto queda de suplicio bajo el sol. Los vascos, sin embargo, se desgañitan tanto que muchos de sus alumnos no tienen ni que esperar a la traducción para saber qué han hecho mal. «¡Aibalaostia!», dice uno entre risas.

Una gran oportunidad laboral
«Les falta técnica y táctica». dice Mikel Lasa, exjugador de la Real, Madrid y Athletic.
«Les falta técnica y táctica». dice Mikel Lasa, exjugador de la Real, Madrid y Athletic. / Zigor Aldama

El gobierno chino ha decidido no escatimar recursos para que, en 2050, el país sea una potencia futbolística. Incluso el presidente del país, Xi Jinping, se ha involucrado en el diseño de un plan en el que todo es superlativo: quiere lograr que 50 millones de personas jueguen a fútbol en 2020, abrir 50.000 academias en las que se enseñe el deporte para 2025, y construir 70.000 campos de fútbol. Además, el fútbol se ha convertido ya en asignatura obligatoria en la enseñanza reglada.

Esta coyuntura ha propiciado la contratación de multitud de entrenadores extranjeros. «Se abre un gran abanico de oportunidades, porque en España hay gente muy buena para la que es imposible vivir de entrenar», señala Manu Merino. Él tuvo la mala suerte de sufrir una grave lesión en el hombro en el minuto 29 de su primer partido en Tercera División, y dejó el fútbol durante 15 años para dirigir un club de pádel en Gipuzkoa. Pero le tentaron para que regresara y hace tres años decidió viajar a la provincia de Guangdong para entrenar a los niños de la escuela Evergrande. Y fue también quien animó a Mikel Lasa a que aprovechase la coyuntura.

«Me escriben muchos entrenadores españoles preguntando cómo pueden encontrar trabajo aquí, donde cobramos bien. Pero hay que tener cuidado porque las condiciones varían mucho de un lugar a otro. Algunos llegan y tienen que marcharse a los seis meses», comenta. Luego hay que adaptarse a la vida en China. Algunos tienen familia y conviven con ella en Qingyuan, pero Merino tiene que afrontar los 10.000 kilómetros que le separan de su mujer y de sus tres hijos, residentes en Donostia. «Les digo que tienen un padre marino», ríe.

«China también es una oportunidad para aprender. Aquí tengo la posibilidad de entrenar todos los días de la semana a un equipo de chicos de 14 años, compitiendo semanalmente y jugando de forma paralela torneos nacionales a los que se les da una importancia muy superior a la que tendrían en España», comenta Rubén Gallego (Usurbil, 1982), que aterrizó en Guangdong después de haber sido entrenador de la selección Sub'20 de Guinea Ecuatorial y de las categorías inferiores del Getafe. «También es una gran oportunidad para seguir creciendo y tener experiencias nuevas», apostilla.

Además, no solo hay oportunidades para entrenadores acreditados. También abundan para preparadores físicos como Roberto Tendero Villamayor (Madridejos, 1984), que es uno de los pocos que lleva en la escuela de Evergrande desde que se inauguró en 2012. «Llega un momento de tu carrera en el que tienes que decidir si eres lo suficientemente bueno como para llegar lejos o si es mejor que te dediques a entrenar. Yo lo tuve claro cuando jugaba en el Alcázar de Toledo. Estudié INEF y saqué el título de entrenador, estuve en el Guadalajara y ahora en China estoy muy feliz», afirma.

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