Rusia 2018 | Clasificación

El Rico Pérez concede una ruidosa tregua a Piqué

Piqué, durante el entrenamiento en el Rico Pérez. / Foto: Manuel Lorenzo (Efe) | Vídeo: Atlas

La presencia del central en el entrenamiento a puerta abierta generó un aumento de decibelios pero pareció haber aplacado, con su rueda de prensa del miércoles, parte de la ira vivida el lunes

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENAlicante

Gerard Piqué salvó el ‘primer juicio sonoro’ en Alicante. Compareció sobre el césped del Rico Pérez a las 20:12 horas, el último en hacerlo después de que sus compañeros lo hubiesen hecho a las 20:10, la hora prevista. Pitos, gritos, algunos aplausos, ruido de sillas, insultos, cánticos mientras se dirigía hacia el centro del campo donde, en un círculo, esperaban sus compañeros. Parecía que ya estaba el plebiscito – ante unos 10.000 espectadores- completado, pero apareció Ramos para llevarse todos los aplausos y el asunto quedó aún más revuelto. Después, mientras Lopetegui ensayaba por última vez de cara al partido ante Albania y dudaba entre Illarramendi y Saúl, probaba con Aduriz de ‘9’ y Pedro en una banda, sólo se diferenciaban los gritos a Isco. Es el más coreado y no sólo porque parezca el nuevo líder del centro del campo junto a Silva por la ausencia de Iniesta.

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Piqué siguió acaparando miradas pero las reacciones se dividían. No fueron los silbidos mayoritarios de hace casi dos años (en noviembre de 2015 para un amistoso ante Inglaterra). Una vez acabó la sesión esperó sentado en el suelo a que algunos de sus compañeros terminasen sus disparos lejanos a portería.

‘Geri’ fue desde el primer momento el futbolista más buscado en la llegada de la selección a Alicante. Sus manifestaciones en torno al referéndum del 1-O le situaron aún más en el foco mediático y después de un polémico entrenamiento a puerta abierta el lunes, en el que fue insultado, optó por hablar ante los medios el miércoles justo antes de viajar hasta el lugar en el que la selección se juega un partido clave en la fase de clasificación al Mundial de Rusia 2018 este viernes ante Albania.

Varios espontáneos

La expedición salió a las 12:30 de Madrid en avión y llegó en autobús hasta su hotel, el Melia Alicante, alojamiento habitual cuando están en la ciudad y que está situado en el puerto. Esta vez el dispositivo de seguridad hizo que no accedieran por la puerta principal, sino por otra cercana -apenas a 150 metros en línea recta- con una escalera que permitió a los casi 200 aficionados que esperaban a la llegada del equipo -varios en las ventanas del edificio colindante- para ver mejor a sus internacionales, que aterrizaron a las 13:25 horas. Llegaron justo para la comida, prevista a las 14 horas. Un espontáneo se saltó el cordón de seguridad para hacerse una foto con Isco, quizá el más aclamado. Piqué salió de los últimos, entre Saúl y De Gea. Recibió algún grito de «fuera, fuera» antes de subir a su habitación pero no fue nada parecido a lo sucedido el lunes.

Incluso se vio una pancarta con "Piqué, te queremos" e incluso hubo peticiones de seguidores que le pedían que se acercara para hacerse fotos. Sí accedió el seleccionador, el último en bajar del autobús. A las 19:10 el equipo dejó el hotel en dirección al estadio. Una vez llegó allí no aparecía, seguía dentro del autocar mientras muchos aficionados esperaban verle salir. Hubo un momento de duda, ya que no salía el catalán y era que estaba terminando una partida junto a Koke, Reina y Azpilicueta, otros habituales de la pocha. Lopetegui, después de dar la conferencia de prensa junto al capitán Sergio Ramos y David Silva, saltó al césped el primero junto a su cuerpo técnico (Pablo Sanz, Óscar Caro y Gonzalo Antolín) esperando a sus futbolistas.

Situación conocida

Mientras se llenaban las gradas, a las 20:08 se escucharon algunos gritos de “fuera, fuera” antes incluso de que ningún jugador hubiese pisado el césped. Cuando salieron a las 20:10 hubo mucho ruido, pero difícilmente identificable más allá de escuchar gritos hacia Isco. Tras el comentado pasillo de los dos centrales, en el que uno generó “mucho ruido” como decía el maestro Joaquín Sabina y el otro se llevó los aplausos, la sesión fue festiva. No se vieron, para nada, escenas desagradables como el lunes. Se notaban los cánticos de jóvenes gargantas a favor del azulgrana. El asunto terminó con una fotografía colectiva junto a los niños de la unidad pedagógica del Hospital General de Alicante, que animó a otros jóvenes a buscar fortuna. Cuatro espontáneos se pegaron unas carreras, animadas con ‘oles’ por sus recortes a los empleados de seguridad, en la que pusieron mucha ilusión sin nada de éxito en su objetivo de tocar a sus ídolos.

En la citada visita de 2015 la visita de Piqué a la ciudad también se produjo en circunstancias similares, con la perspectiva de que Piqué sería silbado en el Rico Pérez. «Lo insólito sería que no le pitaran. Es una corriente difícil de parar y creo que no nos debería preocupar ese hecho», dijo con cierta resignación Vicente del Bosque en la previa del partido, después de que en él mismo hotel hubiese casi el doble de personas que este jueves dispuesta a abuchearle de manera mucho más global. Luego en el partido el asunto derivó en algo surrealista: mientras parte de la hinchada local le silbaba, los ingleses le aplaudían.

Aquel día el catalán era protagonista por un tema nada político: los disfraces de Halloween con los que algunos jugadores del Barça aparecieron en el Coliseum de Getafe, lo que originó una polémica con el presidente azulón Ángel Pérez. Ahora la situación es distinta y pese a que el central compareció ante los medios a petición propia, parece complicado que su reto de «convertir los pitos en aplausos» vaya a producirse a corto plazo. «Irme de la selección sería darle la razón a gente que no la merece», dijo entonces, argumento muy similar al usado ahora por el azulgrana.

En las redes sociales se habla de algunos movimientos preparados para silbar ante Albania al 91 veces internacional español. Si nos atenemos a los precedentes de otras ocasiones, como León, Oviedo, Logroño o Madrid, los que criticaron fueron más sonoros en los partidos que en la práctica previa. Gabriel Echávarri, alcalde de Alicante, quiere que la afición esté a la altura y respalde al central del Barça ante Albania. «Pido a los alicantinos que animen a Piqué», ha solicitado en los últimos días. Este jueves, los que animaron generaron mucho, mucho ruido.

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