La magia contra el tiempo

La magia contra el tiempo

La confirmación de retirada de Ronaldinho, que era un hecho desde hace dos años, convierte un trámite en un obligado ejercicio de nostalgia

Iñigo Crespo
IÑIGO CRESPO

No hay mejor alimento para la memoria que las imágenes, eficaces y contundentes a la hora de crear mitos. Cualquier gran aficionado al fútbol conserva en su disco duro una instantánea o una secuencia de Ronaldinho Gaúcho (Porto Alegre, 37 años), tan generoso al ofrecer espectáculo como sádico en el castigo a los hinchas de sus adversarios. Por eso cada vez que el genio brasileño sale a la luz pública, con menor asiduidad y un brillo mucho más tenue en la última década, su recuerdo se remonta de forma automática al pasado más brillante del primer regateador de fantasía que llegó a todos los rincones del planeta. Incluso también ahora que el agente del brasileño ha confirmado su retirada.

Ronaldinho estaba llamado a cambiar el futuro y lo hizo en cuanto llegó a la Liga. No tanto en su debut, ante el Athletic en San Mamés (0-1, con gol de Cocu), pero sí en su magnífico estreno en el Camp Nou frente al Sevilla. La cita estaba ya envuelta en una polémica absurda entre la Federación y la Liga de Fútbol Profesional, que terminaron por programar el partido a las 0.00 horas de un miércoles (3 de septiembre de 2003). Pero a ‘Dinho’, como ya demostró años después para su desprestigio, se le daba de miedo la actividad de madrugada. El ‘10’ blaugrana se zafó de dos defensores y clavó un disparo en la escuadra desde unos 35 metros. «Ese gol es para ponerse de pie», reconoció Joaquín Caparrós, entonces entrenador del Sevilla. Lo cierto es que el zapatazo del brasileño dio sentido a todo aquel surrealismo y un partido sin color.

Aquella fue la primera promesa que lanzó al fútbol mundial Ronaldinho, recién llegado del PSG por unos 25 millones de euros (menos del 10% de lo que le costó al club parisino convencer a Neymar de que hiciera el recorrido opuesto). Al menos a nivel de clubes, porque el mediapunta ya se había adjudicado el Mundial de Corea y Japón (2002). El brasileño fue la llave maestra que catapultó al Barça a su edad de oro, cuyos ecos todavía persisten por la dimensión que alcanzó el conjunto blaugrana liderado por el ‘10’. Levantó la segunda Champions de su historia e instauró una nueva hegemonía con sus dos ligas consecutivas (2005 y 2006).

La videoteca apenas alcanza para recopilar los momentos mágicos del astro de Porto Alegre, pero por encima de todos destacan su soberbio encuentro ante el Madrid en el Bernabéu, que lo despidió con aplausos, su diana en Liga de Campeones frente al Chelsea en Stamford Bridge cuando parecía enjaulado, y, sobre todo, decenas de jugadas que no pasaron el peaje de acabar en gol para presidir YouTube, incluida una frente al Athletic. Tras la conquista de la Champions, sin embargo, la fantasía de Ronaldinho se volvió un lujo limitado para sus seguidores hasta convertirse en un futbolista de destellos esporádicos, sobre todo en forma de lanzamientos de falta.

El deseo por ver a Ronaldinho recuperar su trono en el fútbol mundial se transformó en una secuencia de continuos suspiros, en especial para el Milan, el Flamengo, el Atlético Mineiro, el Querétaro y el Fluminense, sus destinos tras abandonar la Ciudad Condal. La búsqueda por recuperar la continuidad resultó infructuosa salvo por algunos tramos puntuales y la conquista de la Copa Libertadores con el Atlético Mineiro (2013). Con este título, ‘Ronie’ ingresó en el selecto grupo de los futbolistas que levantaron la Champions y el máximo trofeo de Sudamérica, donde le acompañan Dida, Cafú, Samuel, Roque Junior, Sorín, Tévez, Neymar y Danilo.

Pero el universo del fútbol, que devora leyendas a una velocidad inquietante, se había acostumbrado ya a convivir con la ausencia del atacante más creativo del inicio del siglo, y más después de dos años sin competir a primer nivel. Ronaldinho es uno de esos deportistas que alcanzan la gloria con la misma velocidad con la que se despeñan, aunque su declive estuvo siempre frenado por la promesa constante de la genialidad y el impulso mediático y comercial que le ofrecía a su nuevo club. Pero su expresión, tan característica por su sonrisa, había tomado ya cierto aire melancólico. El exfutbolista y su hermano y agente, Roberto de Assis, sin embargo, aún conservan el último frasco de magia para una despedida memorable: «Vamos a hacer algo muy grande después del Mundial de Rusia». Será el último recuerdo almacenable de Ronaldinho.

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