Análisis

El Barça se pasa al resultadismo

Ernesto Valverde instruye a Luis Suárez durante el partido ante el Sporting de Portugal. /Efe
Ernesto Valverde instruye a Luis Suárez durante el partido ante el Sporting de Portugal. / Efe

Valverde defendió el valor de la octava victoria consecutiva de la temporada en Lisboa como escudo contra las primeras críticas a un fútbol realizado muy mejorable: «Si ganamos, yo no me aburro»

P. RÍOSBarcelona

La octava victoria consecutiva del Barça entre Liga (seis) y Liga de Campeones (dos) para ser líder en las dos competiciones puede marcar un antes y un después en la valoración que se está haciendo del inicio de la ‘era Ernesto Valverde’. Los resultados son indiscutibles desde aquella triste Supercopa de España ante el Real Madrid, todavía bajo el impacto del adiós de Neymar. Pero el juego no acaba de seducir y ya se sabe que eso en el club azulgrana es sagrado. La respuesta del técnico a una pregunta en Lisboa sobre el fútbol realizado tampoco ayudó al carecer de autocrítica: «Yo no me aburro, para nada. Yo me divierto mucho.

Y más si ganamos. Respeto la opinión, cada uno puede expresar lo que quiera». El resultadismo, tan criticado años atrás en otros clubs, se ha instalado ahora en el Barça, el club abanderado en este siglo del fútbol espectáculo. En el fondo puede ser un pequeño atrás necesario para ser más competitivo en un momento en el que el entorno más purista parece preparado para aceptarlo, pero habrá que ver si llega el esperado salto de calidad.

En el Camp Nou se pueden salvar algunos partidos, aunque todavía no ha salido ninguno redondo, pues hasta la Juventus fue mejor en la primera parte el día del 3-0. Ante Betis (2-0), Espanyol (5-0) y Eibar (6-1) se vieron momentos brillantes, pero también fases iniciales insustanciales hasta que el equipo se adelantó en el marcador con un gol en propia puerta, un gol en fuera de juego de Messi y un ‘penaltito’, como lo calificó Mendilibar, respectivamente.

En los desplazamientos ha sido peor: en Vitoria (0-2 al Alavés), Getafe (1-2), Girona (0-3) y Lisboa (0-1 al Sporting) el buen fútbol ha brillado por su ausencia. A cambio, eso sí, el Barça ha crecido en orden táctico, actitud solidaria en el campo, implicación defensiva de todos (solo dos goles encajados en ocho partidos), incluso en pegada para sacar rendimiento a las ocasiones creadas, menos que en otras temporadas.

Sin duda, Valverde está sentando las bases para ir progresando poco a poco también en lo futbolístico. Y no está mal respetar a los rivales como hizo en el José Alvalade, con una alineación diseñada para no ceder contragolpes a un equipo temible en ese sentido. Por eso entró Sergi Roberto como ‘falso extremo’ en una de las numerosas demarcaciones en las que se desenvuelve el polivalente canterano.

Es lógico que sin Neymar y con su sustituto, Dembélé, lesionado, el ex entrenador del Athletic potencie más el juego colectivo como bloque y deje de fiar muchas cosas a la pegada individual. Sin el desequilibrio del brasileño, y quizás del francés, los rivales se atreven a marcajes individuales a Messi, conscientes de que el Barça tiene una dependencia hacia el ‘10’ ya no sólo como goleador sino también como creador. El hecho de que el segundo máximo goleador del equipo sea el concepto en propia puerta (4 autogoles ya de los rivales) lo dice todo.

En su búsqueda de la mejoría, Gerard Deulofeu ha sido el último damnificado, con dos partidos seguidos quedándose en casa (Girona) o en la grada (Lisboa) justo cuando tenía la puerta abierta de la titularidad tras la grave lesión de Dembélé. En su primera defensa del puesto en el tridente ante el Eibar fue víctima de la presión y no le salió nada, recuperando todo lo anárquico de su fútbol que tanto molesta a los entrenadores.

A nivel de plantilla, Valverde ha logrado que más jugadores se sientan útiles y se aprecian más recursos con la entrada de Paulinho, que siempre aporta ya sea desde el inicio o durante los encuentros. Pero Neymar era mucho Neymar y Deulofeu, Aleix Vidal o Denis Suárez, tres jugadores que ya han sido empleados para ayudar a Luis Suárez y Messi en ataque, tienen algunas virtudes, pero no llegan a intimidar como hacía el brasileño. Tampoco Paco Alcácer ni Arda Turan, descartados habituales en las convocatorias.

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