elecciones 'sine die'

Sería todo un detalle que la asamblea del fútbol español protagonizara una disolución colectiva

elecciones 'sine die'
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La suspensión 'sine die' de las elecciones a la presidencia de la RFEF convocadas para el próximo lunes son el último capítulo del culebrón que se está rodando, desde hace meses, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Hablamos de una mezcla de sainete costumbrista, thriller de espías, comedia española e incluso película de terror porque se cuenta que Ángel María Villar suele aparecer todavía por allí de improviso y algunos se lo encuentran por los pasillos o en algún despacho fumando un puro y se llevan unos sustos tremendos porque no saben si es el Villar verdadero, el presidente durante más de dos décadas, o su fantasma.

Estaremos de acuerdo en que la orden que adoptó el miércoles el Tribunal Administrativo del Deporte (TAS) fue bastante curiosa, un giro de guión sorprendente. Que un candidato te reclame un cambio de fecha del Villarreal-Athletic para que puedan votar tanto el club levantino como De Marcos, que es asambleísta, y decidas suspender esos comicios 'sine die' no parece muy proporcionado. Es como si un partido político pidiese al Tribunal Electoral una ampliación de los horarios de la votación en las municipales y éste suspendiera de inmediato las elecciones hasta mejor ocasión.

Pero tampoco debe extrañarnos. Nada de lo que sucede de un tiempo a esta parte en la Federación y sus alrededores puede sorprendernos. Sólo tenemos que pensar en la identidad de los candidatos a la presidencia, a los dos aspirantes a la renovación, a inaugurar un tiempo nuevo en el fútbol español. Por un lado, Juan Luis Larrea, el antiguo 'hermano' de Villar, que lleva en la Federación desde que Pichichi jugaba en la Campa de los Ingleses. Que ahora cuente con el apoyo de Tebas, al que hasta hace dos días quería ver en salmuera, no es que sea sorprendente. Es desolador. Por otro lado, el exfutbolista Luis Rubiales, presidente de la AFE desde 2010, un tipo cuya ambición hace saltar las alarmas en los aeropuertos. No me dirán que no es como para desear que toda la asamblea del fútbol español se disuelva, que por vergüenza torera protagonice una inmolación colectiva aunque ello suponga que paguen justos por pecadores. Que se vayan todos y sólo queden los buenos profesionales de la RFEF, que los hay y no se merecen este circo.

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