Destino manifiesto

La hegemonía blanca en la Champions ya alcanza incluso a su control de los favores del azar

Marcelo y Sergio Ramos junto a la estatua de Cibeles tras ganar la Champions./Reuters
Marcelo y Sergio Ramos junto a la estatua de Cibeles tras ganar la Champions. / Reuters
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Hace tiempo que la hegemonía del Real Madrid en la Copa de Europa no se discute. La última vez que surgió un debate al respecto fue en 1994. El Milan sumó entonces su quinto título y se puso a uno del Madrid, que no lo ganaba desde 1966. Al año siguiente, en 1995, los italianos tuvieron la oportunidad de empatar, pero el joven Ajax de Van Gaal se interpuso en su camino. Ya no volverían a tener ocasión de igualar al equipo merengue, que no tardó en abrir brecha. Tras sumar la 'séptima' en 1998, en 2000 cayó la octava y en 2002, la novena. Yya no hubo discusión.

Bueno, en realidad sí que la hay, pero no tiene que ver con la supremacía del Real Madrid, indiscutible con sus 13 títulos. El debate que se ha suscitado ahora es más divertido y tiene que ver con las razones últimas de la superioridad madridista. Asumida la evidencia, se trata de encontrar sus causas. Admitido que la Tierra gira alrededor del Sol, expliquémonos por qué coño pasa eso. No es nada fácil, la verdad. Lo sucedido esta temporada, además, ha añadido al análisis del fenómeno un confuso velo de misterio y ocultismo. Repasemos sólo algunos hechos extraordinarios acaecidos a partir de los cuartos de final:la chilena de Cristiano en Turín, el polémico penalti a Lucas Vázquez, las lesiones de Robben y Boateng en apenas media hora, el error monumental de Rafinha en Munich, el fallo estrepitoso de Ulreich en el Bernabéu, la lesión de Salah, las dos pifias increíbles de Karius, la chilena estelar de Bale... Efectivamente, son cosas que pueden suceder en un partido y algunas tienen que ver con la calidad de los jugadores. Pero son excepcionales. Cristiano y Bale no habían marcado en toda su vida un gol así. Y Ulreich y Karius tampoco habían cometido nunca semejantes tropelías. ¡Y han tenido que hacerlo justo en esta Champions!

Me temo que el Madrid acaba de establecer una superioridad psicológica imbatible con sus rivales. Éstos siempre han sabido de su autoridad en este torneo, de su extrema competitividad, de su ADN ganador, de la leyenda que le precede allá donde va en la Champions. Pero este año han comprobado que hasta los astros están de su lado y ya empiezan a pensar, acomplejados, que nada puede hacerse contra los destinos manifiestos.

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