Vuelta a España

Las siete últimas balas de Contador

Majka celebra su triunfa en La Pandera. /EFE
Majka celebra su triunfa en La Pandera. / EFE

Majka se reivindica en la Pandera, donde Froome controla a Nibali y al madrileño antes de la etapa clave en Sierra Nevada

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAEnviado Especial

Siete balas. Alberto Contador, ‘el pistolero’, hace recuento de munición en la cima de la Pandera, donde ha ganado el polaco Majka y donde ni él ni Nibali han quebrado la resistencia del líder, de Froome. «Me quedan siete. Siete días de ciclismo en las piernas», numera. Las siete etapas por venir de esta Vuelta. Luego colgará la bicicleta y dejará un hueco en el ciclismo. Siete balas.

Y la primera es la que tiene lista para la siguiente jornada, la de Sierra Nevada, tan corta, tan eléctrica, tan a su medida. Se relame. «Es un día en el que puede pasar de todo», avisa. Mejor. Porque en la Pandera al final apenas sucedió nada. Froome, con el paraguas de hormigón del Sky, no mostró ni un indicio de debilidad. Al revés. Hasta dejó que Nibali, el segundo en la general a 55 segundos, le arañara cuatro segundos de bonificación. «Me lo puedo permitir», soltó el líder. No quería gastar en La Pandera la artillería que va a necesitar en Sierra Nevada. Froome, como todos, espera el disparo del ‘pistolero’, el ciclista kamikace, el único al que le da lo mismo estar a tres minutos en la general… Contador. El que siempre cree que la solución está en el coraje. Viene el primero de sus últimos siete días.

La fuga

La Pandera fue para más fuerte de la fuga en la que se metió el marbellí Maté. Conoce esta sierra, el mar verde y plata de los olivares jienenses. Tierra que huele a aceite. Olivareros con capachos de esparto. Pero no ganó Maté. El premio fue para Majka, polaco, vencedor de dos etapas en el Tour. A esta Vuelta vino a por el podio, pero le taló las aspiraciones un virus estomacal, el mal que está diezmando el pelotón. A 27 segundos entró el primero del grupo de los ilustres, ‘Superman’ López. A 31, Nibali, Froome, Zakarin y Kelderman. Y a 37, Contador. Seis segundos le costó un error: «El viento pegaba en contra. Me he protegido toda la subida, pero en el kilómetro final he salido a tapar dos huecos y lo he pagado». Un pellizco en contra. Es octavo en la general, a 3.19 de Froome, y a 8 segundos del séptimo, de David de la Cruz, al que se le cayó el aliento a cuatro kilómetros de la meta. Lo pagó con medio minuto de retraso. Mal síntoma.

Y ahora... Sierra Nevada

La sombra de Sierra Nevada, meta del domingo, oscureció la etapa de la Pandera. «Las fuerzas están muy justas», coinciden los favoritos. En la salida, en Écija, seguía este calor que se le ha pegado a la ronda como un apellido. Écija, campiña sevillana, es la sartén de Andalucía. Allí se pusieron a cavar un aparcamiento subterráneo y descubrieron enterrados restos de veinte siglos de historia. ¿Habría alguien capaz de cavar tierra bajo las ruedas del Sky para desestabilizar a Froome en la subida final a la Pandera? A esa cuestión iban a responder Nibali y Contador, los de siempre, cuatro horas más tarde.

Antes, aún en los kilómetros neutralizados, De la Cruz tuvo un tropiezo. Una avería mecánica. Era un aviso de su habitual infortunio en esta Vuelta. En el viaje hacia la Pandera se cosió la fuga de Majka, Konrac, Maté, Rui Costa, De Clercq, Vilela… Detrás, el Astana (Aru y López) y el Trek (Contador) marcaban el paso. El desfile de olivos certificaba que la etapa estaba ya en Jaén. El alto de Locubín, arteria de la sierra, volvió loco al Katusha (Zakarin). La escuadra rusa convirtió el descenso hacia Valdepeñas de Jaén en un escalofrío. Descolocó a algunos favoritos. El muro de Valdepeñas, con el pueblo en los costados batiendo las palmas, dio paso al inicio de la Pandera.

Dentro de la fuga, Majka consultó su potenciómetro. Hizo cálculos. Tenía gasolina. Es un escalador de prestigio: con minuto y medio le bastaba. Ecuación perfecta. En el pelotón, Pello Bilbao, un ciclista consolidado, tiraba de todos en favor de su líder en el Astana, ‘Superman’ López. Hace días que el equipo kazajo se ha olvidado de Aru, el líder que deja la escuadra a final de año. La cuesta no decía nada. Nadie agitaba la resistencia del Sky. Poels y Nieve escoltaban a Froome. La tarde no se caldeaba.

Chaves, que luego se vino abajo, descorchó la cuesta. Sonaron las balas al fin a cuatro kilómetros del final. El tiroteo encendió a Nibali. Y a Contador. Los insumisos. Los dos retaron al Sky. Cavaron unos metros. ¿Habría allí un tesoro oculto como en Écija? No.

Control del Sky

Froome se protegió a espaldas de Poels. Tranquilo. «Hemos controlado la subida», contó. «Tenía conmigo a dos compañeros. Eso me daba confianza. He decidido ir a mi ritmo. Era la decisión acertada», explicó con el tono de un profesor de matemáticas. Dos y dos, cuatro. La ciencia del Sky. Sólo cuando Poels claudicó, Froome pedaleó en primera persona y cazó a Contador y Nibali. El viento de la sierra les frenaba. La cima ocupaba sus ojos. Pero todos miraban más allá, hacia Sierra Nevada, la meta del día siguiente. «Hemos corrido pensando en mañana», confesó Froome.

Ahorraron en la Pandera para gastarlo en Sierra Nevada. «Va a ser una etapa clave. Llega al final de una semana muy dura y antes de la jornada de descanso», apuntó Froome. Sabe que Nibali, su rival más sólido, y Contador, el más impredecible y salvaje, saldrán a desmigar primero al Sky y a acorralarle luego a él. Es una etaba intensa, de sólo 129 kilómetros con la subida a Hazallanas (1ª categoría), el Purche (1ª) y la meta en el techo de Sierra Nevada, a 2.510 metros de altitud. «Es el día», cree Froome. Para sentenciar la Vuelta, si puede. «Es el día», apuesta Contador. Para soltar uno de sus últimos siete disparos. El pronóstico meteorológico habla de buen tiempo sobre la montaña granadina. Nibali y Contador quieren urdir una tormenta. De balas.

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