El mejor Balcón para ver la Vuelta

EL CORREO acompaña a cuatro ciclistas hasta la cima de Oiz, final de etapa en la ronda de 2018

Los aerogeneradores decoran el tramo final del Monte Oiz. / FOTO: Maika Salguero. / VÍDEO: Marta Madruga / Pablo del Caño
J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAOIZ

Tras una noche de noviembre fría y despejada, el sol de la mañana extrae de las campas de Muxika una estela del color del humo. El termómetro no pasa de los 6 grados, pero cuatro ciclistas se preparan para el sofoco interior que les espera: la subida al Monte Oiz, desde Gernika y por el Balcón de Bizkaia. Gorka Gerrikagoitia, exprofesional, y su amigo Alex Malaxetxebarria acompañan a dos 'corresponsales' de EL CORREO, Gonzalo de las Heras y Bruno Vergara. Juntos van a descubrir la subida que será protagonista en la Vuelta a España 2018. «¿Qué piñón llevas?», pregunta Gerrikagoitia. Todos han puesto el de 28 dientes. Y van a echar de menos el de 32. Oiz se ha ocupado de todos los detalles para dificultar su conquista. Desde el Balcón, la montaña aguarda con cinco kilómetros de hormigón estriado y rampas de entre el 20 y el 25%. Para subir, todos lo saben, hay que poner el rostro de los días difíciles.

«Es el típico puerto que gusta en la Vuelta», resume Gerrikagoitia. Hecho de dinamita. Como los Machucos o el Angliru. Ciclismo vertical. Con 44 años, 'Gerri' parece haber llegado a un acuerdo con la eterna juventud. Conserva la silueta de cuando pedaleaba en el Euskaltel-Euskadi. Y buena parte de aquella fuerza. Hace de guía. Él y Alex, de 49 años, marcan el ritmo en la parte inicial del recorrido, desde Gernika hasta Urrutxua tras cruzar Mendata. La luz divide el decorado. Sol y sombra. Arriba, como coronando una muralla, se perfilan los aerogeneradores de Oiz. Amenazan. Gonzalo, triatleta de 42 años, y Bruno, de 33, siguen el paso. Todos son ahora cicloturistas. Y ya se sabe: cada ciclista se impone su propia meta. Oiz es un buen desafío. Ya empieza a convertirse en un lugar de peregrinación para devotos a pedales.

Superados los 14 kilómetros desde Gernika, siempre cuesta arriba, un cartel en el Balcón de Bizkaia manda a la derecha. A Oiz. Al monte. Ahí se frena la marcha. Por obligación. Un camión maderero bloquea la carretera. Está cargando pinos. El operario, sentado sobre una grúa y con pulso de cirujano, los alinea sobre el remolque. «Diez minutos», pide. Concedidos. No queda otra. Cumple y en un santiamén completa el puzzle. Da marcha atrás y deja al descubierto el camino: de cemento, quebrado, estrecho y, sobre todo, empinado. Al menos, el pinar abanica. «Poned todo el desarrollo», aconseja Gerrikagoitia. El piñón de 28 dientes. Oiz toma su verdadera forma. Cruel.

EL DATO

25%
tiene la rampa más dura de este puerto que se estrenará en septiembre en la Vuelta a España, en una etapa que saldrá de Getxo

Bruno se anima a bailar sobre los pedales. 'Gerri' le receta calma. Mejor no gastar de antemano. Con Gonzalo, más alto y corpulento que los otros, la cuesta se ensaña. Semblantes apretados. Silencio y jadeos. Oiz no regala ni un metro. Y son casi cinco kilómetros así. Primero se avanza con la mirada y luego –ufff– con las piernas. Cada uno carga con su ración de agonía. El primer repecho, con tramos al 20%, hace su trabajo. 'Gerri', que sí tiene aliento para hablar, es mejor que calle. Pero no. Lo dice: «Ahora viene lo peor». Cada puerto de montaña tiene una lugar para esa maldita frase. Oiz la ha subrayado bien. Tras un paso canadiense, el bosque empieza a retirarse y abre un orificio para que vuelvan a aparecer arriba, en el tejado, los aerogeneradores. Lo que queda.

El hielo ha rajado el cemento. Hay surcos donde cabe la rueda. Cuidado. «Para que la Vuelta suba habrá que asfaltar», coinciden los cuatro. La carretera se inclina aún más. El piso empeora. Justo a la mitad del puerto está la pared del... «¡25%!», canta 'Gerrikagoitia', que sube el primero. Sentado. Puro músculo. En la cruz del manillar lleva un potenciómetro. La pantalla le pone números al esfuerzo. «He subido este tramo a 370 vatios. A 46 pedaladas por minuto. Y con el pulso a tope». "Gerri" pesa 65 kilos. Fino. En forma. Aun así, trepa a cámara lenta. Con el maillot abierto. Del frío que pegaba en la salida en Muxika se ha ocupado Oiz, una montaña de mucha estatura. Hecha a medida para el espectáculo de la Vuelta a España que llegará en septiembre.

«Merece la pena subir»

Alex le sigue a unos metros. Con la mirada baja, caída hacia el trazado de hormigón, tan resquebrajado. Bruno aparece. De pie, caracoleando. Y viene Gonzalo: «Si meto la rueda en un surco no salgo», dice entrecortado. Pulmones y garganta al rojo. La carretera parece de tierra movediza. No se avanza. No hay quien disimule el gesto de agonía. Al fin, la rampa suaviza. Un momento para carraspear y echar un trago. Apenas un instante. Las hélices de los molinos de viento se quedan con el paisaje. Imponentes. Y quietas. La mañana es tan perfecta que ni sopla el viento. Un grupo de montañeros saluda a los ciclistas. Complicidad. Cada uno con su reto en la mochila. Para doblar Oiz aún queda un buen rato de sudor, pero ya con la cortina de aerogeneradores a la vista.

El cuarto kilómetro, al 12,4% de media, no perdona. De las piernas quedan ya las raspas. El lazo mecánico de un helicóptero rompe la calma. Al cielo azul sólo lo rayan los aviones. En 1985, un "Boeing 727" se estrelló en esta ladera y dejó un reguero de muertos. Oiz está muy arriba, a más de mil metros. Las antenas de la cima marcan la meta. Otra rampa sin piedad. «La vista merece la pena», resopla Gonzalo.

Final de etapa explosivo

«Es el típico puerto que gusta en la Vuelta», define el exciclista profesional Gorka Gerrikagotia

Los cuatro alcanzan el final del camino. «Mejor día para subir, imposible», resume Gerrikagoitia. «La otra vertiente de Oiz, por Iurreta, es más suave, no haría diferencias entre los corredores», compara Alex. «La etapa de la Vuelta debería venir por Sollube, la carretera de la costa, Gernika y el Balcón», diseña 'Gerri'. Bruno asiente y gira el cuello para abarcar una geografía gigantesca: el arenal de Urdaibai, Lea Artibai, el Duranguesado, la costa que ciñe Cantabria, el pelado Gorbea, los picos asturianos... Oiz, que se ha ocupado a conciencia de hacer sufrir a sus pretendientes, también les concede ese premio visual. Cierto: merece la pena darse una Vuelta por este Balcón sobre Bizkaia.

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