Ciclismo

Froome remata a Contador

Froome, con el maillot de líder.
Froome, con el maillot de líder. / EFE

El británico revienta la montaña de Andorra, donde gana Nibali y se hunde a la primera Contador

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAAndorra la Vella

En la avenida de Salou, a 13 kilómetros de la meta de Andorra la Vella, se supo. Chris Froome, cuatro veces vencedor del Tour, desea con toda su alma ganar al fin la Vuelta, la carrera que se le resiste. No hará una concesión. En esa calle, situada justo antes de trepar a la Comella, estaba el sprint especial. Un botín menor: 3, 2 y 1 segundos de bonificación. Menos menos para Froome. El Sky, el ejército negro del británico, aceleró. Tanto apretó que Rosa, uno de sus escuderos, pecó de exceso de puntería y acertó en el centro de la diana. Se llevó sin querer los 3 segundos por delante de Froome, que arañó 2. No los despreció. Al británico le impulsaba un mal recuerdo: «En 2011 perdí la Vuelta por sólo 13 segundos. No voy a regalar un metro». Declaración voraz. Y premonitoria: por esos dos segundos es el nuevo líder de esta Vuelta que él, Chaves -el único que le aguantó en la Comella- y Nibali -el primero en la meta- han venido a conquistar. Ellos, David de la Cruz, Bardet y Aru quieren la Vuelta que perderá Contador. Eso también se supo en Andorra.

Gianni Moscon huele a gas. Cuando el joven gregario italiano de Froome se puso a tirar enloquecido en el alto de la Comella, todos tuvieron claro que la Vuelta iba a explotar en la tercera etapa. Moscon soltó gas y Froome, nuevo líder, soltó el chispazo para reventar la carrera. Sólo Esteban Chaves, colombiano resucitado tras tanta lesión, le mantuvo el pulso en la subida. Pero era corta. «Apenas cuatro kilómetros», maldijo Froome. Otros dos favoritos, jóvenes y hábiles, Baret y Aru, les cogieron en el descenso hacia la meta en la bulliciosa Andorra, el centro comercial de los Pirineos.

Tras esa detonación inicial, el grupo creció en la bajada con la incorporación de De la Cruz, Roche, Aru, Van Garderen, Pozzovivo y Nibali, el tiburón. La aleta que asusta en la playa. El siciliano no había dado señales de vida en la subida, pero seguía a flote. Es su naturaleza. No puede dejar de morder. Nadó sumergido hasta coger la estela del grupo de Froome y, a la vista de la pancarta, emergió. Al cruzar primero la meta elevó una mano vertical sobre su casco. En forma de aleta. «Nunca lo había hecho». La ocurrencia le hizo gracia al ‘escualo’. Así le apodan. Ha venido a disputarle a Froome esta Vuelta. Contador ya no cuenta. Perdió dos minutos y medio en la primera montaña. Perdió más: la Vuelta de su despedida.

35 grados de bochorno

Al final, en la explosión de la Comella no se registraron heridos entre los favoritos, ni siquiera leves. Pero sí hubo una víctima: Contador. Sentenciado tan pronto. Enseguida se notó blando. Había sentido ese vacío en el puerto anterior, la Rabassa. En la Comella, el ritmo del Sky, de Rosa, de Moscon, le terminó de estrangular. La vejez es obligatoria; también para los mitos. Humilló la figura y, boca abierta para aspirar los 35 grados de bochorno, comprobó que ya no es candidato a la Vuelta, la carrera que ha sido suya tres veces. «Iba flojo, superflojo», confesó. Su gregario Stetina le tendió la mano. Ni así. A Contador le delataba el gesto: el rostro arruinado. «No sé a qué se debe esto. Quizá es la falta de competición», dijo en la meta. No se reconocía en una derrota tan temprana.

Esta Vuelta tiene prisa y el tiempo de Contador se agota. Corre en una era que ya no es suya. El primer examen redactado por la montaña lo superaron otros. Nueve: Nibali, el catalán David de la Cruz, Froome, Bardet, Chaves, Aru, Roche, Van Garderen y Pozzovivo. Buen cartel para asegurar la emoción hasta el final de la ronda. Cedieron los hermanos Yates, Zakarin, Kelderman, el Movistar al completo, Majka, ‘Superman’ López y, sobre todo, Contador. En la general ya manda Froome. «Es un honor», subraya. «He pasado mucho tiempo pensando en el doblete», confiesa. Ansía ser el primero que gana la Vuelta tras vencer en el Tour. «Claro que es posible». Quiere ser la prueba.

A Froome le siguen la clasificación David de la Cruz, segundo en todo, también en la etapa. Aunque más que su precipitación en el sprint, le dolía haber malgastado la ocasión de llegar como líder a su tierra, Cataluña. «Era mi sueño». Froome no lo permite. No regalará nada. Están todos advertidos. Ha venido en plan tirano.

Quizá porque le atormenta una cuestión: «Los que no han corrido el Tour estarán más frescos». Hablaba, sin citarle, de Nibali. El tiburón siciliano se relamía tras su «inesperado triunfo». En el alto de la Comella se vio desbordado por el ataque de Froome. Evitó el pánico. Organizó su ajetreada respiración y cruzó la cima a unos segundos de Froome y Chaves, y casi pegado a Bardet, Aru y a De la Cruz. Luego, equilibrista, los cogió justo a tiempo, en la calle de la meta. Y, listo, acertó con el momento justo para reclamar el triunfo. Su candidatura queda expuesta en este escaparate comercial que es Andorra. Nibali tiene en su palmarés el Tour, el Giro y la Vuelta. Se siente a la altura de Froome, que sólo ha dominado la ronda gala. «Me he preparado par ir a más», avisó Nibali. Mensaje, sin citarle, para el líder británico.

Con ellos está Chaves, segundo en el Giro y tercero en la Vuelta. Y martirizado por las lesiones y la muerte de su fisioterapeuta. Era como su hermana. Viene de un Tour a remolque, de estar interno todo el mes de julio en esa escuela francesa de dolor. Ahora se siente liberado. Vuelve a flotar sobre los pedales y tiene el respaldo del combativo equipo Orica. Froome quería ganar la Vuelta cuanto antes y, a la primera, le han salido dos rivales firmes. O tres: Bardet, su enemigo en el Tour. O cuatro: De la Cruz, ciclista en crecimiento. O cinco: Aru, que aprendió de su ídolo, Contador, a no rendirse. Eso queda de Contador, su enorme herencia.

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