La Vuelta

Contador engrandece la apasionante Vuelta de Froome

Chris Froome, en el podio de la última etapa de La Vueta.
Chris Froome, en el podio de la última etapa de La Vueta. / AFP

El británico, ganador también el Tour, firma un doblete histórico en la despedida del madrileño por la puerta grande y a hombros

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAEnviado especial. Madrid

Comparar la Vuelta con el Tour es un ejercicio inútil. La ronda gala, por historia y peso mediático, no tiene rival. Es la gran meta del ciclismo. La Vuelta ha corrido siempre a su sombra. No alcanza su talla, pero estos últimos años sí ha superado al Tour en diversión. Es una carrera entretenida, eléctrica, sin puntos muertos y con un formato, lleno de finales en alto y puertos con rampas verticales, que apasiona a la audiencia.

La edición que terminó este domingo con victoria al sprint, la cuarta, del italiano Trentin en La Castellana ha rozado la perfección. La mejor Vuelta. Ha asistido a la primera victoria de un británico, Chris Froome, que, a la vez, es el primero en encadenar los triunfos en el Tour y la Vuelta desde que la ronda española se disputa en verano (1995). También ha despedido a Alberto Contador, el corredor más valiente y atractivo de su época. Cuando el sábado alzó los brazos en el Angliru, el ciclismo tocó una de sus cimas más emotivas. «El Tour es la carrera más grande. La Vuelta es el ciclismo real. Es un reto más físico que el del Tour. Es brutal. El calor. Las subidas. La agrevidad. El cariño del público. Me encanta la Vuelta», dijo Froome tras ganarla. La honró hasta el final; hasta se metió en el sprint madrileño para defender el maillot de la regularidad.

Cuatro veces vencedor del Tour, Froome se emocionó como nunca en la cima del Angliru. La Vuelta es su carrera. «Aquí, en 2011, me sentí libre por primera vez», recuerda. Casi ganó aquella edición que fue de Juanjo Cobo. Se destapó. Anunció lo que ha venido. Su era. Pero, por culpa de las caídas y de Contador, no había podido poner su nombre en el palmarés de la Vuelta. Por eso, cuando por un error táctico del Sky perdió esta prueba en 2016, diseñó un plan para encadenar el Tour y el Vuelta este año. Sólo dos ciclistas, enormes, Anquetil (1963) e Hinault (1978), habían logrado ese doblete. Y cuando la Vuelta se celebraba en primavera. Desde que en 1995 la ronda se trasladó al final del verano, nadie había podido con tanto. Froome abre esa lista.

«Desde 2011 hasta aquí ha sido un viaje increíble. Esto cierra ese círculo. Es emocionante, casi romántico». Voz trémula al decirlo. Adora la Vuelta. «Es una batalla diaria». Y más si frente al Sky hay un corredor como Contador y cuestas como Los Machucos y el Angliru, tan bestiales que ni el todopoderoso Sky puede controlarlas. «La subida al Angliru fue tremenda, digna de esta Vuelta. Cada día hemos ido a fondo», resumió Froome. De eso, de que no hubiera paz, se encargó sobre todo Contador.

El madrileño perdió la Vuelta en la primera subida, en Andorra. Con el estómago hueco, se dejó más de dos minutos, los que le han impedido subir al podio que han ocupado Froome, Nibali y Zakarin. Lo que Contador perdió ese día lo ganaron el resto de las etapas Vuelta. Era su despedida. La carrera final. Un homenaje en 21 capítulos. «Un regalo», definió. Desde esa mala tarde en Andorra, Contador ha corrido liberado, sin cadenas. Sin nada que perder. Y no ha dejado de atacar. Ha jugado con la Vuelta. «Como un juvenil». La ha hecho aún más divertida.

Desde la primera etapa en Nimes, el calor se adueñó de la prueba. Y cuando, ya en la tercera semana y en el norte, llovió y la temperatura bajó, Contador calentó la carrera en Los Machucos -le ganó el fugado Denifl- y en el Angliru, donde soltó su último disparo. En la diana. «Irme con esta victoria y después de esta Vuelta en la que he recibido tantas muestras de cariño es la despedida soñada», agradeció el madrileño. Se quedó a veinte segundos de la tercera plaza, de Zakarin. Da igual. «Me voy a mi máximo nivel. Me enorgullece lo que la hecho». Durante 21 días ha leído su nombre en las pancartas de la cuneta. «Gracias, Contador». Ganador del Tour, el Giro y Vuelta, tiene asegurado un lugar de oro en la memoria del ciclismo por su palmarés y también por su manera de ganar y de perder. Al ataque. Madrid le despidió con un merecido paseíllo de honor. En su casa.

La primera Vuelta de Froome, que es la última de Contador, confirmó el éxito de este formato de carrera. De hecho, el Tour ha comenzado a fijarse en la ronda española. Además, los ciclistas se han exprimido. Un ejemplo: Bardet, tercero en el pasado Tour, no estaba al nivel del julio, pero no dejó de buscar fugas. Otro ejemplo: Froome, que nada más ganar el Tour se dedicó a preparar la Vuelta. Un último ejemplo: Contador. Siempre, desde que debutó en 2003, ha disputado cada carrera como si fuera la última. Y cuando al fin ha llegado ese día lo ha dado todo, como en su debut. Se va por la puerta grande y a hombros de la afición. La simbiosis entre campeones así y una carrera espectacular como la Vuelta ha resultado perfecta.

Costará alcanzar este nivel. Froome dice que volverá a su carrera preferida, pero antes quiere conquistar el quinto Tour y darle la mano a Anquetil, Merckx, Hinault e Induráin, los únicos que han llegado tan alto. Contador ya es historia. Ya está jubilado. Eso sí, en la Vuelta han asomado las cabezas de la nueva camada, Enric Mas, Marc Soler, Iván García Cortina. Y seguro que en casa, con ojos infantiles viendo a través de la televisión a Contador en el Angliru, han nadido muchas vocaciones ciclistas. En su adiós, plantó la semilla. Acaba de irse y ya se le echa de menos.

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