Vuelta a España

Contador anuncia un fin de semana «divertido»

Trentin celebra su tercera victoria en la Vuelta./Afp
Trentin celebra su tercera victoria en la Vuelta. / Afp

En vísperas de La Pandera y Sierra Nevada, Trentin da el quinto triunfo al Quick Step, que ha dejado huérfano a De la Cruz

J. GÓMEZ PEÑA

Tras el tercer triunfo del italiano Matteo Trentin en esta Vuelta, a Chris Froome le preguntaron si era supersticioso. «¿Cuando se vio dos veces en el suelo el jueves pensó que le persigue una maldición en esta carrera?». El líder, sonrisa de Tintín, negó tajante. «Yo nunca miro atrás. Esas caídas son del pasado». Se siente a salvo, blindado por un equipo «fantástico», pero sabe que la Vuelta es una «prueba difícil de predecir». Solo tiene una certeza: «Sé que Contador y Nibali van a atacarme». Los tres hablan el mismo idioma, el que pronuncian en voz alta los ganadores del Tour.

En el complicado sprint de Tomares, con Sevilla al otro lado del río Guadalquivir, Trentin rellenó aún más su zurrón y el de su equipo -el Quick Step suma cinco triunfos en 13 etapas- antes de afrontar dos días a través de la montaña andaluza. Vienen La Pandera y Sierra Nevada. Más dinamita. Contador, noveno a 3 minutos de Froome, amenaza con la prender la mecha. Pirómano. «En Sierra Nevada se puede perder la Vuelta», avisa el madrileño, que le guiña el ojo a esa etapa tan explosiva como él. Froome es el favorito. Nibali, su rival. Contador es el juez. «Me encanta cambiar el guion de las carreras», dice. Advertidos están.

«Va a ser un fin de semana divertido», convoca. Quiere que el público le vea en su última actuación. Una locura más, como la de Fuente Dé o la de Formigal el año pasado. «No», zanja Froome al escuchar ese recuerdo tan doloroso para él. En Formigal perdió la Vuelta 2016 por culpa de Contador. «No veo cómo puede volver a pasar eso. Mi equipo es diferente. Vamos líderes. Estamos preparados para responder». Froome habla en plural, en nombre del Sky. Contra eso tendrán que arremeter Nibali, Contador y también David de la Cruz, quinto en la general. El catalán es el candidato invisible.

Ni su equipo, el victorioso Quick Step, parecer verle. Y por eso, porque corre solo mientras su compañeros protegen la velocidad de Trentin, en Tomares perdió otros 7 segundos. Cortado. El conjunto belga amontonó gregarios en la cabeza del pelotón desde la salida en Coín. Al galope tras la huella de Gougeard, Courteille, De Gendt y De Marchi, que se aliviaba con bolsas de hielo en la nuca. A casi 40 grados. Ciclismo en el microondas. Menos para uno. En la cola del grupo, el vizcaíno Omar Fraile temblaba. Escalofríos. Ni pudo cenar, ni desayunar. En la tripa solo llevaba un virus, el mismo que había laminado a casi todos sus compañeros en el Dimension Data. No pudo más. Se mareaba. Corría el peligro de caerse. Se bajó. No vio el sprint.

Tomares es uno de los municipios más ricos de Andalucía. Y puso un precio alto a su meta. Revirada, alborotada por un repecho previo. El Quick Step encontró una solución para cada problema. A los ataques rivales, respondió con Jungels. Y para lanzar a Trentin eligió a Alaphilippe. No dieron opción. Es el equipo más rico en victorias de esta Vuelta.

Lo sufren las demás escuadras y también uno de sus propios corredores, el huérfano De la Cruz, que sin nadie para echarle una mano se dejó siete segundos. Un pasito atrás del aspirante solitario que sueña con asaltar la nave del Sky. «Tengo buenas piernas», insiste. Pero sólo dos. Las suyas. Son firmes, completas. Valen para la bicicleta y valieron para el atletismo. Lo suyo eran los 3.000 metros obstáculos. Así es su vida, un recorrido con vallas. A De la Cruz le gusta resumir su biografía en una frase: «Del supermercado al Tour en seis años».

Es de Sabadell, serio y fuerte, pero le falta mal genio cuando la carrera se le encara. «Me ha costado mucho estar bien colocado. Se te mete gente y luego se cortan», lamentó. No tiene ese colmillo. Con Trentin, Moscon y Andersen, los tres primeros, sí estuvieron Nibali, Froome, Kelderman, Aru, Chaves y Contador. A 7 segundos entró De la Cruz, con Zakarin y ‘Superman’ López. «Bueno -se consoló el catalán-, vienen dos etapas que me van bien. Espero poder demostrarlo».

Quinto en la general a 2 minutos y 23 segundos de Froome, De la Cruz cierra los puños. Listo para la pelea. Para saltar tres mil obstáculos. Es su historia. Con 18 años era mal estudiante de formación profesional y trabajaba a las tardes en un supermercado. Ni tenía bicicleta. La vio en un escaparate, una BH Iseran. Costaba 500 euros. Una mañana, mientras se aburría en clase, lo tuvo claro. Se levantó, dejó al profesor con la palabra en la boca y fue a reservar aquel tesoro. «No la quería para competir, sino para ser libre», cuenta. Un pinchazo le llevó a Ciclos Trujillo. Ahí cambió su brújula vital. Descubrió el ciclismo. En dos años, y con ‘Purito Rodríguez como cicerone, ya era profesional. En seis, estaba en el Tour. Récord mundial en precocidad.

Aquel pinchazo resultó un golpe de buena suerte. Eso le falta en esta Vuelta. En el alto del Garbí, cuando Contador reventó la etapa de Sagunto, se cayó. En la subida a Calar Alto se le partió el desviador de su bicicleta. No deja de remontar ante las vallas que le levanta el infortunio. En 2018 correrá en el Sky, un equipo hecho como él para las grandes vueltas. Pero hoy corre en el Quick Step, rey de las clásicas y coto de velocistas tan fértiles como Trentin. A la montaña andaluza, De la Cruz irá solo. Aunque confía en tener un aliado: «Espero que la fortuna me venga de cara a partir de ahora». En la Pandera y en Sierra Nevada.

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